"Mi obsesión por el peso me creó bulimia"
Curro García estaba tan obsesionado con su peso que dio positivo con una sustancia que modera el apetito. Reconoció su culpa por escrito y fue despedido por la ONCE. Cuando corría en el Vitalicio sufrió de bulimia.

¿Qué pasó por su cabeza el pasado mes de julio cuando le comunicaron que había dado positivo con anfepramona (un estimulante leve) en la Clásica de Alcobendas?
Pensé que era el final de mi carrera, se me cayó el mundo a los pies... Estaba entrenándome con unos amigos y sonó el móvil. Era Pedro Celaya, médico de la ONCE. Subí el puerto tiritando y llorando... Mis compañeros me preguntaron qué me pasaba y les respondí que tenía un familiar muriéndose. Fue un momento terrible.
¿Por qué tomó el medicamento?
El medicamento se llama Delgamer y lo tomé porque quita el apetito. Yo estaba obsesionado con el peso y había tenido problemas de bulimia. No quería defraudar a la ONCE y metí la pata. Sólo yo tuve la culpa.
¿Cuándo comenzaron sus problemas con el peso?
En mi primer año de profesional con el Vitalicio me obsesioné tanto con que estaba gordo, que empecé a sufrir de bulimia. Comía y luego me provocaba vómitos para expulsarlo.
¿Cuándo empezó a ser consciente de que tenía un grave problema?
Lo mantuve en secreto, pero mi familia se dio cuenta. La primera que lo notó fue mi abuela, porque una vez vio que me había estallado una vena del ojo después de vomitar. Adelgacé ocho kilos, tuve ansiedad, empecé a tomar antidepresivos...
¿Contó su problema al Vitalicio?
Sí, sí... Preferí ir con la verdad por delante y les comuniqué que tenía esa enfermad y que me estaba tratando con antidepresivos. Tanto el director, Javier Mínguez, como el médico, Guillermo Cuesta, lo sabían.
¿Recibió ayuda?
Mínguez siempre me intentó ayudar, pero creo que se equivocó con los métodos. Javier es un director al que le gusta motivar a los corredores con frases como "no vales para nada". Eso puede servir para otros, pero yo soy débil y tengo el problema de que esas cosas me las creo. Le tengo aprecio y no digo que lo hiciera con mala intención, pero yo soy fácil de hundir.
¿Es cierto que le llamaba gordo?
Mínguez me repetía que estaba gordo, pero no le culpo. El problema es que yo me obsesiono con esas cosas, sobre todo cuando todas las mañanas te esperan con una báscula.
Volviendo al asunto del positivo, ¿cómo reaccionó la ONCE?
Me enviaron a uno de sus abogados para que firmara un papel en el que yo reconocía que la culpa era mía. Tras bajarme de la bici me fui a casa, redacté el escrito y me fui a firmarlo. Era lógico que la ONCE no cargara con mi positivo, aunque noté que sólo se preocuparon por su imagen y en ningún momento por la persona.
¿Qué le dijo Manolo Saiz?
No sé nada de Saiz desde que me retiré del Giro con fiebre y lágrimas en los ojos. Me abrazó y ése fue mi último contacto con él. Por entonces yo no conocía mi positivo. Luego no he recibido ni una sola llamada. Entiendo mi expulsión de la ONCE, porque así estaba estipulado en mi contrato, pero echo de menos algún gesto de apoyo. Sólo Celaya se preocupó por mí.
¿No hubiera sido mejor haber hecho público el positivo?
Quizá sí, porque yo prefiero ir con la verdad y admitir mis errores. No se hizo público porque la ONCE no quiso.
¿Cómo ha pasado el período desde que se le comunicó el positivo hasta ahora?
He estado hundido, tomando antidepresivos, en la cama... Cuando me comunicaron que mi sanción era de seis meses, pensé que era el final. ¿Quién me iba a querer en esas circunstancias? He llorado mucho. ¡Nadie se imagina cuánto he podido llorar!
¿Ya ha empezado a ver la luz?
Sí, ahora estoy mejor. Acudí al mánager Ángel Buenache y al abogado Luis Sanz. Cuando les conté la historia, lo tomaron como algo personal. Han logrado encontrarme un equipo en Italia, el Acqua & Sapone, que mi sanción se redujera a tres meses...
¿En su equipo saben todo?
Sí. Y se han portado muy bien. El mánager, Vicenzo Santoni, ha dicho que lo primero que quiere es recuperarme como persona. He estado un mes en Italia tratándome con un psiquiatra, que me está ayudando mucho. Me ha quitado los antidepresivos y me ha devuelto las ganas de correr. El primer día me enseñó una bici y me preguntó: "¿te imaginas sobre ella?". Y le respondí que no. Ahora me entreno dos horas y media.
¿Merece la pena sufrir tanto?
Yo no necesito la bicicleta, porque no corro por dinero, pero tengo que demostrarme a mí y a mi entorno que puedo volver a ser ciclista.
¿Tiene algún reto?
Mi reto es responder a quienes me han ayudado: Buenache, Sanz, mi familia, el equipo... Para ello, lo primero que tengo que conseguir es recuperar la sonrisa y el brillo de los ojos.
¿Y sueños deportivos?
En el Tour de 1999 logré estar con los mejores en la montaña y sé que puedo volver a hacerlo. Sueño con dedicar una gran etapa a los míos.
¿Y algún rencor?
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No. Las bocas se acallarán solas.
¿Qué consejo le daría a una persona que sufre de bulimia?
Le diría que buscara ayuda fuera de su entorno, porque los que te rodean son muchas veces los que te están generando ese problema.