Las uvas del mago Mané
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A Mané se le tiene que subir a los altares en Vitoria. A poco que acompañen los resultados, el Alavés podía acabar el 2001 como líder de la Primera División. Si el Madrid pincha en Mallorca, el Betis no gana al Deportivo, y los vitorianos sacan matrícula en Vallecas, la obra estará consumada. Ya no es casualidad la magia del técnico alavesista. Año tras año viene demostrando sus virtudes a la hora de construir un bloque que funciona a la perfección. Conoce mejor que nadie sus limitaciones, que tapa con habilidad, y explota sus virtudes de la entrega, corazón y el acierto a la hora de reforzar la plantilla. Me hago cruces pensando qué podría hacer Mané si tuviera los mimbres de Real Madrid, Barcelona o Athletic.
No es extraño que sea un entrenador que despierta pasiones en presidentes como Lendoiro, Ortí o Uría. El Atlético también le sondeó para que le devolviera a Primera. Pero Mané es tan original que su prioridad no es el dinero. Prefiere otra serie de conceptos más importantes para tener un trabajo gratificante. No le preocupa la popularidad ni los papeles. Le gusta sentirse satisfecho con la labor diaria. Está claro que ha triunfado en su profesión y esto está al alcance de los elegidos. El Alavés sigue haciendo historia. Que le quiten lo bailao y está dando un sesgo precioso a nuestra Liga, ya que demuestra que los grandes no son tan fieros como los pintan. La afición vitoriana, en sus uvas de la suerte, debe dedicar al menos una para su entrenador, para que siga repartiendo lecciones de calidad y en junio les vuelva a tener colocados en posiciones europeas.
