Ataque de entrenador

Manolete
Actualizado a

Noticias relacionadas

La derrota ante el Extremadura ha escocido en el seno del Atlético. No por dejarse los tres puntos. Lo que tiene al presidente Gil y a Luis irritados es la penosa imagen que se dio. Recordaba los tiempos del binomio italiano que se quieren desterrar del Calderón para siempre. El jefe de la casa procuró desviar la atención y se marcó en Telemadrid unas declaraciones sobre el Centenario blanco que son una auténtica parábola y que van a ser comentadas. Una táctica como otra cualquiera para quitar presión al vestuario, aunque los jugadores se aprieten los machos que hoy en la comida van a tener a un Gil con el semblante serio y que desea evitar los fantasmas de una minicrisis que ha conseguido salvar en lo que va de campaña.

Luis tampoco está para pedirle favores, pero debería recapacitar sobre alguno de sus planteamientos. No le voy a discutir, ya que voy a seguir manteniendo que es el número uno, pero si voy a defender mi derecho a discrepar. A veces parece que le da ataques de entrenador, se coloca en el púlpito durante las ruedas de prensa y toma decisiones que a más de uno le causan sorpresa. No es lógico que lleve catorce alineaciones diferentes, que Roberto sea el delantero centro en caso de necesidad o que Fernando Torres esté al borde de la ansiedad ya que no sabe cuando le toca el banquillo o vuelve a ser titular. Este Atlético que se está paseando por Segunda es un producto suyo y su mérito es incuestionable. Se encontró una ruina y está edificando un edificio futurista. Sin embargo no siempre se está acertado en las decisiones y es posible que tenga que someterse a su particular examen de conciencia. Luis sigue siendo el valor más seguro del futuro del Atlético y su sabiduría se tiene que trasladar al vestuario. Discípulo de la vieja escuela de defender al jugador a ultranza, tampoco estaría mal que colocara las orejas de burro al que se lo merece. Desde hace un mes, el Atlético no juega al fútbol y hasta los más acérrimos seguidores no tapan esta realidad. Los resultadistas al final terminan por cavar su propia sepultura y a los rojiblancos nos entusiasma el fútbol alegre, vistoso, rápido y ofensivo que nos enseñó Luis.

Te recomendamos en Polideportivo