Éste no es mi Atlético

Manolete
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Que lunes más aburridos estamos sufriendo esta temporada. Incluso ya no nos queda ni la terapia de la sonrisa picarona que era ver al Madrid en el pozo de la clasificación. Un temporada sin que Gil ponga a la plantilla contra la pared, sin estar agobiados por el enésimo cambio de entrenador, pasando de las labores de investigación en diciembre para dar con el último petardo que nos quieren traer para arreglar lo imposible. Esto no tiene gracia. Saber que vamos a Primera embalados nos quita morbo. Siempre te puede quedar el gustillo de un Poli Ejido que te recuerda los viejos fantasmas, pero es que encima ahora se ganan estos partidos. Mi corazón no tiene arritmia y desde luego vivo con una tranquilidad que me agobia y asusta.

Al paso que vamos, el Ayuntamiento tendrá que cambiar el nombre del Paseo de los Melancólicos. No nos conocemos. Un Calderón que lleva tres meses sin tormenta es como para quitarlo de la guía turística de Madrid. Nos están acostumbrando mal. Ya hasta se habla de planificación, Liga de Campeones, estrellas, giras exóticas y contratos millonarios. Tenemos nuestro Templo y vamos a por la Taberna. Unos lujos al alcance de los privilegiados. No es extraño que ahora se acuda al fútbol con cara de escepticismo. Nos conformamos con hilvanar nuestro equipo de Primera, que va a ser el tormento de Madrid, Barça y Deportivo.

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