Noticia feliz, pero menos

El método de detección de EPO en la orina no funciona. De los once casos encontrados este año (diez ciclistas y la atleta Yegorova), dos de ellos (Strazzer y Llaneras) dieron negativo en el contraanálisis y otros dos (Hamburger y Barbero) ofrecieron resultados diferentes y, por lo tanto, dudosos. Insólito. Por eso, mientras que pueda caer un solo inocente, el sistema no puede seguir vigente.
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Por si esto fuera poco, el COI y la Agencia Mundial Antidopaje no han dado validez nunca a este análisis. La comunidad científica, tampoco. Incluso el doctor Ceauriz, descubridor del método, declaró en Le Monde que "los criterios no son todavía fiables". Entonces, ¿por qué los aplica la UCI? De locos. Si el caso Llaneras va a servir para eliminar esta sinrazón, bienvenido sea. Pero la noticia también tiene su punto triste. Muy triste. El ciclismo fue el pionero en implantar un sistema de detección de EPO. Y que éste no funcione, no es precisamente un avance. ¿Volverá la ley de la selva al pelotón?
El comunicado distribuido ayer bajo la rúbrica de Llaneras terminaba así: "Si el sistema de control antidopaje no funciona porque se producen falsos negativos, mejoremos el sistema. Y si hacen falta más tests o nuevas pruebas o pruebas dobles (sangre, orina, ADN capilar...), que se hagan. Y al final, lo único que prevalezca sea la nobleza del deportista". Pues eso.