El Zarra de los noventa
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Con Yordi se han cometido muchas injusticias. La primera, en el Atlético. No mimó a un goleador de las categorías inferiores y le dejó escapar por cuatro pesetas. En el Zaragoza ha tenido que luchar contra la indiferencia. Siempre le han querido traer un mago del extranjero y al final era Yordi el que sacaba las castañas del fuego. Siempre ha sabido estar en el sitio oportuno para meter el gol que daba la salvación o el paso a una final de la Copa del Rey.
Se le puede considerar el Zarra de los noventa. Siempre se le ha calificado de demoledor en sus remates de cabeza y se ha cometido la torpeza de no valorar su calidad con los pies. Casillas se pregunta cómo enganchó el balón del primer tanto del domingo. Pese a este panorama, Yordi nunca ha protestado. Siempre ha sido solidario con el vestuario y cuando parecía que este verano le tocaba la lotería de volver a su Atlético, la directiva se cerró en banda y pretendió recaudar un mínimo de 1.000 millones a los que no llegaron los rojiblancos. Era el nueve con el que soñaba Luis Aragonés. Le iban a dar los galones de comandante en un proyecto de altos vuelos. No fue posible. Yordi no se arrugó, aunque enseguida le trajeron la amenaza de Drulic y Bilic. Cerró los puños, apretó los dientes y nuevamente Rojo ha tenido que darle cancha para que su equipo vea portería. Un delantero casado con el gol y al que va siendo hora de reconocerle sus méritos.
