El mundo sin ley de los saques de córner
No hace tantos años (o quizá sí, los años pasan rápido) los córners se controlaban de mejor manera. El linier de ese medio campo se molestaba en dejar la banda para acudir a la línea de fondo. Se daba una carrerita y se colocaba cerca de un poste. El árbitro se situaba en diagonal con él, cerca del pico del área grande. Entre los dos abarcaban mejor la jugada. Los defensas se sentían más vigilados y los delanteros marrulleros, también. La limpieza del juego estaba más protegida, en definitiva. Me temo que en eso hemos ido bastante para atrás con el tiempo.
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Porque desde que se televisan en profundidad los partidos (desde Canal + y Víctor Santamaría, para ser más precisos) asistimos cada vez más a un espectáculo muy poco edificante en los córners. Agarrones, codazos, empujones. Una refriega desagradable que desdice de un juego que, aunque valore el vigor y la potencia, exalta sobre todo el ingenio y la habilidad. Ya hace tiempo que hay incluso defensas que ni siquiera miran hacia la esquina de donde viene el balón. Se ponen de espaldas a él, vigilando a su par, al que agarran en cuanto se mueve. Al balón, ni caso.
Y hasta los atacantes. Cañizares no pudo acabar el partido en el Camp Nou y va a estar un mes de baja por una costilla rota. Ya en una jugada anterior Luis Enrique acudió a hacerle falta. En la de autos, De Boer le entró de forma intolerable, rodilla por delante, sin posibilidad alguna de alcanzar un balón que les sobrevoló a ambos. Consecuencia: el portero a la enfermería y De Boer, de rositas. El mundo del arbitraje no parece escandalizarse por este tipo de escenas que la televisión nos ofrece con ominosa nitidez. ¿Por qué esto tiene que ser peor según pasa el tiempo?
