JUEGOS PARALÍMPICOS TOKIO 2020

Oksana Masters, oro en ciclismo y superviviente de Chernóbil

La estadounidense ganó este martes en contrarreloj y mañana compite de nuevo en ruta. Suma nueve medallas en cuatro Juegos (verano e invierno) y diferentes deportes. Pura versatilidad.

Tokio
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Oksana Masters, con su medalla de oro.
CHARLY TRIBALLEAU AFP

Oksana Masters (Khmelnytskyi, Ucrania, 1989) no pudo reprimir las lágrimas en el podio este martes. Había conquistado el oro en la contrarreloj de 24 kilómetros, después de su diploma de hace cinco años. Una medalla más —ya van nueve en cuatro Juegos entre verano e invierno— para una de las deportistas paralímpicas más reconocidas y laureadas de Estados Unidos. Es un ejemplo de versatilidad. Lo ha probado todo y todo lo hace bien: el remo en Londres (bronce), el esquí de fondo en Sochi (plata y bronce), ciclismo en Río y esquí campo a través y biatlón en PyeongChang (dos oros, dos platas y un bronce). Mañana volverá a rodar en la prueba de ruta y confía en repetir sobre el podio, mejorando aquel otro diploma de la cita brasileña.

Oksana es una luchadora nata. Un ejemplo de cómo nos puede condicionar dónde nacemos, pero no determinar. Ella lo hizo en Khmelnytskyi, una ciudad situada a unos 400 kilómetros de Chernóbil, el escenario de uno de los mayores desastres nucleares de la historia en 1986. Dicha radiación afectó a su madre durante el embarazo y cuando Oksana nació, lo hizo con importantes malformaciones. Sin tibias, con una pierna 14 centímetros más corta que la otra, cinco dedos en cada mano y seis en cada pie y un solo riñón. La pequeña terminó siendo abandonada en un orfanato y allí la vida se tornó en una auténtica película de terror. Al hambre, al frío y la pobreza se sumaron los abusos sexuales y físicos. Una pesadilla de tres años de duración, que relató en el documental ‘Survivor’ (’Superviviente’). Este testimonio supuso una denuncia (alta y clara) de lo que miles de niños han sufrido como ella.

En aquellos instantes, su mente volaba y soñaba con que apareciera una familia para que todo terminase. Esperó y llegó. A los siete años, su vida dio un cambio radical. Una logopeda de Kentucky, llamada Gay Masters, la adoptó y le dio una nueva oportunidad en los Estados Unidos. Además de su apellido. Ahí empezó una nueva Oksana. Se sometió a varias operaciones, como una reconstrucción de manos, la amputación de la pierna izquierda, de la derecha... El objetivo era eliminar el dolor y poder reconstruir su cuerpo y su vida.

Poco a poco, cambió las cicatrices por los tatuajes, como símbolo de poder y control. Al fin llevaba las riendas de su futuro. Luce unas estrellas en la cintura, una llave en el costado, una rosa en la cadera y unas iniciales en la muñeca. Y el deporte la ha convertido en símbolo. Fue premiada en 2020 con el Laureus, compartiendo cartel con estrellas como Leo Messi, Simone Biles y Lewis Hamilton. Además, usa sus redes como un vehículo para la normalización de la discapacidad. Sin ir más lejos, sus vídeos de TikTok, que muestran su entrenamiento y su vida diaria, llegan hasta millones de jóvenes.