Últimas noches con Trejo, un jugador “de dibujos animados”
Vallecas se prepara para el adiós del argentino desde que este anunció que se irá al final de temporada. Sandoval, Mario Suárez y Alberto García, que lo conocen bien, analizan su trayectoria con AS: “Que se fuera con un título, ni en los mejores guiones”.


Desde que pronunció la palabra adiós, los rayistas exprimen cada una de sus apariciones. Cada gota de su magia. Cada instante con el balón en el que hace que se detenga el tiempo. A Óscar Trejo (Santiago del Estero, Argentina, 1988) apenas le restan unas noches de Conference, como la de este jueves en Vallecas, en la que puede confirmar su billete a cuartos. El Chocota sueña con la final de Leipzig, dentro de 69 días, como broche de oro a su vida en franjirrojo. “Puede irse de una forma histórica, levantando un título. Vamos, que ni en los guiones de las mejores películas...”, desea su compañero Mario Suárez, con quien coincidió en el Mallorca (2008-09) y años después en el Rayo (2018-23). “Le recuerdo con el pelito largo. Merece la pena conocerlo. No etiquetarlo, sino descubrirlo. Parece callado, hasta que coge confianza y es más extrovertido. No lidera desde la palabra, sino desde el ejemplo”, le define Mario.
“Es un jugador del que cualquier entrenador se enamora. Es oro y nada egoísta”
Sandoval
Ya por entonces Sandoval le seguía la pista. Cuando Trejo terminó su cesión en el Elche (2009-10), el técnico rayista se decidió a hablar con el entonces director deportivo, Felipe Miñambres. “Le pedí como pieza indispensable, porque es un jugador de dibujos animados, e hicimos el equipo en torno a él. Era fundamental. Hizo que todos sus compañeros crecieran. Nuestra idea se basaba en transiciones rápidas y él daba la pausa y el equilibrio. Era el del último pase y llegaba muy bien desde la segunda línea. Además, a nivel defensivo presionaba y abarcaba mucho espacio”, le describe Sandoval, el entrenador que más ha marcado al Chocota. De hecho, se reencontraron en el Sporting (2012-13). “Cuando llegué, tanto el equipo como él estaban alicaídos, pero reactivamos al mejor Trejo. Se sentía cómodo y se notó. Ahí le fichó el Toulouse”, asegura el de Humanes. El club francés pagó cerca de tres millones de euros.
Cuando Sandoval volvió al Rayo (2016-17) solicitó el regreso del argentino. “Siempre lo he pedido, pero esta vez no pudo ser. Recuerdo una pretemporada en Segovia en la que estuvimos horas hablando para que se viniera”, lamenta el míster, que se deshace en elogios hacia el Chocota: “Es un jugador del que cualquier técnico se enamora. Es oro. Solo hay que ver cómo ayuda a Iñigo... A mí me hizo mejor entrenador”. Forjaron una amistad en las buenas, pero sobre todo en las malas. En aquel ascenso a Primera con los impagos y la amenaza real de desaparición. “Nos llamamos corasón, porque Trejo es muy buena gente. Jamás ha sido egoísta por jugar o cobrar más”, se emociona Sandoval.

Vallecas recuperó a Trejo en verano de 2017 y ya nunca se marchó. Ahí, en ese grupo dirigido por Míchel y campeón de Segunda, se encontraba Alberto García. Entonces compañero, hoy amigo. “El Choco y Damián Suárez tienen una relación cercana. Damián me conoció en el Getafe y yo era más hermético, pero el Choco me hizo abrirme sin corazas y mostrar mi lado más distendido en el Rayo. Cuando coincidíamos los tres en alguna comida, me decía Damián: ‘¡Conmigo no eras así”, ríe el guardameta, que ascendió con azulones (2016-17) y franjirrojos (2017-18 y 2020-21), quien desvela: “Armenteros es su alma gemela”. Su amigo inseparable desde aquel lejano flechazo con la Franja.
“Siempre se ha expuesto y ha peleado por los demás, sabiendo que puede acarrearle consecuencias”.
Alberto García
Todos coinciden en un adjetivo para dibujarle: “humilde”. “Nuestra relación se hizo fuerte en los malos momentos, con el ERTE, la Filomena, mi lesión, la pérdida de su padre... Él siempre se ha expuesto y ha peleado por los demás, sabiendo que eso puede acarrearle consecuencias negativas. Además, Trejo era un termómetro: si le veías apagado, sabías que algo no estaba funcionando. Es muy exigente consigo mismo y no tiene ego, lo que quiere es que el compañero esté bien”, afirma Alberto, que compartió capitanía con el argentino y con Mario Suárez. “El Choco es el Rayo. Es entrega. Cuando nos reencontramos años después, le vi más maduro, porque en Mallorca éramos dos pipiolos. A mí dame gente que esté en los malos momentos, esa es la que de verdad está contigo. Ahí fue cuando los tres nos hicimos amigos más allá del fútbol”, explica Mario, quien entrevistó al argentino nada más conocerse la noticia de su marcha.
Al adiós de Trejo le acompañan unos puntos suspensivos. Su continuidad en la entidad vallecana, desde otro lugar que no sea el césped, está en el aire. “Va a ser eterno en el Rayo. Es un símbolo y debería ser impepinable que siga. Se merece un contrato vitalicio de lo que fuera. Si alguien ha hecho méritos es él. ¡Incluso presidente de honor! El Choco podría ser ese hilo conductor entre todas las partes para crecer. Tarde o temprano estará en el club. El Rayo necesita a Trejo y Trejo al Rayo, porque ha marcado la última década”, reflexiona Sandoval, con pasión y argumentos.
“Para tratar de unificar la ruptura social no hay nadie mejor que Choco”.
Mario Suárez
Tampoco Alberto se imagina la Franja sin él. “Es uno de los capítulos más importantes de su historia, como lo han sido Míchel y Cota. Ha sabido entender el barrio y defender sus valores, es parte de la tripulación y genera un sentido de pertenencia brutal. El Rayo no puede dejarlo pasar. A mí me gustaría que siguiera vinculado. Ambos se necesitan”, esgrime Alberto y Mario Suárez lo respalda. “Es una pena ya solo que nos estemos planteando si seguirá o no. Debe hacerlo. Sería lo mejor para el club, para Vallecas... Para tratar de unificar la ruptura social no hay nadie mejor que Choco”, sentencia Mario, quien ya le ha pedido entradas para ser testigo de su último partido con la Franja. Algo que a todos les cuesta verbalizar.

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En plena cuenta atrás, llega la Conference. “La final sería un premio merecido y el Rayo tiene esa mística. Cae la moneda de cara. Yo me fui con el ascenso en Montilivi. Siempre hemos creído que el sufrimiento tiene su recompensa. Nos agarramos a esa fe”, sueña Alberto, como lo hace todo un barrio, que no pierde de vista a Trejo. “Ahora debe disfrutar de cada partido, como nos ha hecho disfrutar a nosotros”, le desea Mario. “Me gustaría que tuviera un poco más de protagonismo dentro del campo. A partir de minuto 45, siempre miro a ver si está calentando... Cada minuto es oro. Me queda la espinita de que no haya ganado un título con la Franja”, confiesa Sandoval, que confía en cambiar el destino el próximo 27 de mayo en Leipzig. Hasta entonces, cada noche será mágica y nostálgica. Cada noche estará marcada por la sombra del adiós de un vallecano nacido a 10.000 kilómetros de distancia.
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