AEK y Rayo, dos historias centenarias con lazos que las unen
Ambos clubes nacieron en 1924 y tienen su historia pintada en los muros del estadio. El mismo que se levantó sobre las cenizas del antiguo...


Más allá de este partido de Conference, son muchas las cosas que unen a Rayo y AEK. Ambos nacieron en 1924. Los franjirrojos, gracias a un grupo de chavales de la antigua calle del Carmen, el 29 de mayo. Los griegos, por un grupo de refugiados de tierras turcas, en la calle Veranzerou el 13 de abril. Los vallecanos empezaron como Agrupación Deportiva El Rayo, mientras que los helenos llevaban por nombre Unión Atlética de Constantinopla (Athlitikí Énosis Konstantinoupóleos). Esos orígenes no solo marcaron su denominación, también sus colores. El Rayo vestía de blanco, el color de las sábanas, la equipación más humilde y fácil de conseguir. El AEK tomó el amarillo y el negro y un águila bicéfala como guiño al imperio bizantino.
Las huellas de su historia lucen orgullosas en los muros de su estadio. Vallecas reivindica a equipos históricos y leyendas, como Felines y Míchel. Mientras que el Allwyn Arena ofrece diferentes mosaicos poniendo en valor la figura del refugiado, algunos de ellos (de la cultura, la política...) cambiaron el mundo y otros fundaron el club, como consecuencia del exilio generado por la guerra greco-turca (1919-1922). Aparecen frases, acompañadas con fotografías antiguas, que dicen: “Los refugiados son personas, no mercancía” y “Cada refugiado no puede olvidar todo lo vivido”. Y figuran también los nombres de todas las localidades de donde procedían.
El estadio se llama realmente Agia Sofía, en referencia a Santa Sofía (Estambul), y se sitúa al noroeste de la ciudad de Atenas. Justo en el mismo lugar donde se levantó el antiguo campo, el Nikos Goumas (1930-2003), en un terreno originalmente destinado para construir viviendas para los refugiados. Al igual que le sucedió a la Franja, ya que su estadio se reconstruyó sobre las cenizas del antiguo.
El Allwyn Arena, inaugurado en 2022 y con capacidad para 32.500 espectadores, tiene varias particularidades. Se diseñó según las murallas de Constantinopla, asemejándose a un castillo, y alberga dos museos: uno del propio AEK y otro de los refugiados griegos. Además, aprovecharon los cuatro pilares dentro del estadio para homenajear a cuatro mitos del club heleno, como Stelios Sarefeidis (portero que ganó tres ligas y tres copas), Mimis Papaioannou (considerado el mejor futbolista griego del siglo XX, conquistó cinco ligas y tres copas), Kostas Nestoridis (pichichi en cinco campeonatos consecutivos, de 1959 a 1963, y campeón de liga y copa en una ocasión) y Thomas Mavros (máximo goleador de la máxima categoría, que alzó dos ligas y dos copas).
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El AEK no ha perdido su esencia en la forma ni en el fondo. Ante la llegada masiva de refugiados, la década pasada, el club griego respondió invitándoles a su hogar. Valores que recogió la pancarta: ‘El AEK, la madre de todos los refugiados’. Es más, en griego se dice la AEK, no el AEK. Y como si fuera una madre, acogedora y comprensiva, impulsó un proyecto en 2022, denominado ‘Welcome Trough Football’, con el que ayudan a los niños refugiados. Esta historia recuerda mucho a la del Rayo, donde la solidaridad, la empatía y el sentimiento de pertenencia arropan a todos. Procedan de donde procedan.
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