Se rompe el último eslabón de la cadena
La afición, que hasta ahora había apoyado siempre al equipo, explotó tras el milagroso empate ante el Levante


Pocos clubes tienen una afición más resiliente que la del Espanyol. Una afición a la que le ha tocado vivir dos descensos en los últimos años, múltiples desengaños con propiedades extranjeras y ver cómo se marchaban sus mejores jugadores, incluso, al eterno rival. Una afición que hacía 15 partidos que no veía ganar a su equipo, que ha sido testigo de primera mano de cómo una vez más sus esperanzas europeas se desvanecían, de cómo, en definitiva, su equipo les decepcionó una vez más. Y aún así fueron a recibir al equipo a su llegada al RCDE Stadium, les animaron antes y durante el fundamental partido contra el Levante, pero, tras una nueva decepción, han dicho basta. Y eso es la primera vez que pasa desde hace mucho tiempo.
Tras el pitido final, una vez resuelta la incertidumbre sobre el disparo de Carlos Álvarez, la grada explotó. Y no es para menos. Son 16 jornadas sin ganar, un equipo al límite y el descenso a cinco puntos. Los jugadores se acercaron a la grada que antes les animaba para oír ahora una sonora pitada y gritos de repulsa. La afición ha aguantado mucho, pero no puede aguantarlo todo. El partido contra el Levante era clave para salir de la quema y si no es por Dmitrovic el desastre hubiese sido ya absoluto. El espectador normal podría pensar que es lo normal, pero en el Espanyol es la primera vez que pasa desde hace más de dos temporadas.
Esta fue la primera vez, de hecho, que se escucharon pitos generalizados al equipo desde que Manolo González se sienta en el banquillo del RCDE Stadium. Hasta ahora, pese a la difícil situación del equipo (un ascenso vía playoff y una permanencia certificada en la última jornada) el apoyo de la grada fue inquebrantable. Pero, ahora, algo se ha roto. La afición está harta. Y está harta de los jugadores.
Los gritos y las quejas no fueron dirigidas ni al palco ni al banquillo. No se escucharon críticas a Manolo ni a Pace, en lo que puede entenderse como una crítica clara a los jugadores, que fueron quienes recibieron la pitada. Evidentemente las culpas de la mala situación del equipo son compartidas por todas las partes, pero la afición culpa especialmente a una plantilla que, ante el Levante, ofreció una imagen tan pobre como preocupante.
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Tras el partido compareció ante los medios Pere Milla, quien entendió perfectamente el sentir de la afición: “Han estado con nosotros, al final se han desahogado y lo veo bien. Es su modo de protestar ante esta situación de 16 partidos sin ganar”. Al Espanyol todavía le quedan tres partidos en casa (Real Madrid, Athletic Club y una última jornada que puede ser dramática contra la Real Sociedad) y Milla está seguro que la grada les apoyará: “La afición está con nosotros y así lo ha demostrado todo el partido. No tengo ninguna duda desde que estoy aquí de que nos va a animar y estará con nosotros salgan bien las cosas o no”, dijo.
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