La trituradora del Chelsea
Radiografía de una debacle en el club de Londres. Malas ideas, peores fichajes y un proyecto que vira y vira sin parar.


La unanimidad es que Liam Rosenior (41 años) fue devorado por las estrellas del vestuario londinense. La apuesta por el entrenador del Estrasburgo saltó por lo aires por la mala racha de resultados, el ridículo en Champions ante el PSG (balance de 2-8) y la cada vez más probable no clasificación para la Liga de Campeones. De nuevo la nefasta planificación del Chelsea salió a la palestra. Y Stamford Bridge activó la trituradora de entrenadores.
El vestuario blue parece un polvorín y el joven técnico no ha sabido o no ha podido lidiar con los mil problemas propios y los ya heredados de la época Enzo Maresca. El entrenador italiano devolvió al Chelsea a la senda de los éxitos con la conquista de la Conference League y el Mundial de Clubes, pero la factura de la presión ejercida dentro del plantel ahora sale a la luz. Emerge cuando vienen mal dadas.
¿Cómo es posible que nueve meses después de coronarse como el mejor club del mundo, el Chelsea sea una calamidad? La planificación de la directiva no ha sido la mejor desde hace años. Y se ha hecho más patente desde que BlueCo cogió las riendas del club. Ven al Chelsea como una gran máquina de hacer dinero y han apostado todo a un proyecto a largo plazo, con jugadores muy jóvenes, que fichan a golpe de talonario por mucho dinero (Caicedo, Enzo, Estevao, Garnacho, Lávia, Palmer...) y con los que no se casan si no responder a las expectativas a las primeras de cambio (Nkunku, Madueke, Nico Jackson, Chukwuemeka...). Un problema a largo plazo porque se juntan muchos jugadores idénticos para un puesto y se genera poco nivel de pertenencia a un grupo, pese a esos mega largos contratos. Las caras cambian continuamente de puertas para adentro en el vestuario.
Los directores deportivos Paul Winstanley y Laurence Stewart hacen y deshacen con facilidad y han elegido a técnicos con un gran futuro, pero todavía ‘verdes’ en el puesto. La idea era forman todos juntos un grupo de trabajo para hacer del Chelsea un gran club. Lejos de la idea de un técnico omnipresente que hiciera y deshiciera. Un entrenador que se dejara llevar.
Maresca, un adiós cantado
Maresca fue al principio ese entrenador, pero poco a poco el italiano se convirtió, según la prensa inglesa, en un dolor de cabeza. Cada vez más metido en el engranaje del club y en la toma de decisiones. Chocaba abiertamente con lo que diseñó desde las altas esferas. Empezó a ser un estorbo y aunque los resultados en los primeros meses de la temporada más o menos eran decentes (sobre todo en Champions) el problema del equipo blue de dar la talla ante equipos de media tabla para abajo fue un aliciente para poner en duda el puesto de Maresca.

Justamente el 1 de enero de 2026, Maresca y el Chelsea rompían vínculo de mutua acuerdo aunque con tiras y aflojas entre ambas partes. Unos deslizaban que los coqueteos del técnico con otros clubes eran inadmisibles y otros, que las peticiones y deseos del mister eran obviados sin motivo. Una deriva que muchos analistas en Inglaterra ya veían en la temporada 2024-25, pero los títulos de la Conference y el gran Mundial de Clubes dejaron en el olvido. En la campaña y media de Maresca en Stamford Bridge era un hecho que su Chelsea competía de tú a tú con los grandes equipos, pero luego tenía muchos problemas de mando ante los Brentford, Bournemouth, Fulham, Palace, Brighton... a los que muchos veces era incapaz de ganar.
La llegada de Rosenior ya sorprendió en Stamford Bridge, pero seguía la línea roja que se había marcado el club y los dirigentes. Un entrenador cualificado y que crezca junto a un plantel joven. En una simple frase. Nada de un entrenador con vicios ya adquiridos por la experiencia. Aunque el ex del Estrasburgo insufló aire fresco a un vestuario que tenía líos constantes y quizá faltó de una brújula, el paso de los meses ha ido aflorando que lo que parecía un traspiés momentáneo eran en realidad problemas más graves.
En la prensa británica, todos los medios coinciden que a Rosenior pronto se le vio por parte de los jugadores como un invento de la directiva e incluso se rumoreaba que se le fichó ante la posibilidad que otro club Premier lo hiciera antes. The Telegraph incide en este aspecto de que Rosenior fue el elegido para dirigir el buque blue por el miedo al robo prematuro. Y que para nada era el plan A. El transatlántico se hundió. El enamoramiento de los jugadores con Rosenior duró poco. Y la racha de malos resultados dejó la figura del joven inglés muy debilitada. Ni los dirigentes del Chelsea, que siempre le habían apoyado porque ellos le habían puesto ahí, le decidieron aguantar y le dejaron caer. Todo lo dicho anteriormente eran palabras huecas.

Nefasta política de fichajes
Parte grande de la culpa de la crisis del Chelsea está en su mala política de fichajes. Jugadores como Essugo, Delap, Hato, Gittens o Garnacho llegan al club por grandes cantidades de dinero cuando poco habían demostrado y por contra, salen del club otros futbolistas en los que ya se habia perdido la esperanza o la confianza en tiempo récord. En las tres últimas temporadas, el gasto en fichajes fue de casi 1.000 millones de euros (970). Una barbaridad.
Aunque recaudan un buen dinero por esas ventas, esa política de planificación veleta recuerda en parte a cómo se ve a los clubes/equipos/franquicias en el deporte estadounidense. Cambios constantes y reconstrucciones absurdas si las cosas no funcionan con cierta prontitud. Puedes apostar todo a un jugador o a un entrenador que consideras ideal y a los meses tirar todo por tierra... Por otro capricho. Todd Boehly y su directiva se han dejado influir por esa manera de pensar el deporte. Y lo han trasladado en parte al Chelsea sumando otro error en su debe.
Por tanto, el Chelsea ha pasado del verano a abril de ser un equipo temible, con un futuro prometedor y el envidiado por todos tras vencer por sorpresa al PSG en el Mundial de Clubes a ser de buevo el hazmerreír de Europa, el equipo y club sin rumbo y el abocado posiblemente a vender a algunas de sus estrellas de su columna vertebral para poder sobrevivir sin Champions y con contratos muy bien pagados.
¿Quién querrá coger este Ferrari sin ruedas? Su banquillo es un caramelito, aunque puede que dures 107 días como Rosenior o que ganes trofeos como Maresca o Tuchel y salgas por la puerta de atrás o incluso que siembres unas bases como Lampard y te vean como un enchufado de la afición.
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Entrenadores interesan y de gran nivel: Iraola, Glasner, Cesc, Nagelsmann, Marco Silva, Filipe Luis. Aceptar en el candidato ideal es de nuevo el gran reto de los mandamases Boehly y Eghbali y de los cada vez más cuestionados Winstanley y Stewart. Cara o cruz siempre en Stamford Bridge,
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