COPA | ATLÉTICO - REAL SOCIEDAD

La Real no tiene fronteras: el sentimiento que no entiende de mapas

Seis seguidores txuri-urdin demuestran que el amor por la Real nace de la admiración y la identidad, sin necesidad de haber nacido en Gipuzkoa.

El amor por la Real Sociedad va más allá de Gipuzkoa.
Javi Colmenero
Marta Gonzalo
Redactora en Gipuzkoa de Diario AS
Nacida en San Sebastián en 1978. Dio sus primeros pasos en el Diario Vasco, y después ha trabajado en La Gaceta de Salamanca, la revista Pronto, Mundo Deportivo y El Desmarque, como delegada en Gipuzkoa. En 2013 creó un boletín de noticias mensual para la Asociación de Españoles en Chequia. En mayo de 2025 entró en el Diario AS en Gipuzkoa.
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El sentimiento por la Real Sociedad no se queda en las fronteras de Gipuzkoa. Este sábado, el estadio de La Cartuja en Sevilla será testigo de cómo una marea azul y blanca, llegada de todos los puntos de la península, empuja al equipo de Pellegrino Matarazzo hacia la gloria. Ser de la Real lejos de Donostia tiene un mérito especial; es una elección de corazón basada en valores como la humildad, el esfuerzo y una forma de entender el fútbol que engancha a cualquiera. Para estos aficionados, la final contra el Atlético de Madrid no es solo un partido, sino la confirmación de que su pasión es tan pura y legítima como la de cualquier realzale de casa.

Lourdes Xolvi, desde Zaragoza, es el ejemplo perfecto de que este amor nace a veces de la admiración por los mitos. En su casa siempre se respiró fútbol, pero ella se quedó prendada de la época de Arconada, López Ufarte y aquellas ligas que marcaron una era: “Desde pequeña siempre decía: la Real, la Real... lo llevo en vena, yo azul y blanco”. Para esta aragonesa, el sábado es el día de recoger lo sembrado porque “nos lo merecemos” y confía plenamente en que el capitán Mikel Oyarzabal sentencie el duelo. Verá la final en su tierra con su cuadrilla, “brindando, con bufandas, camisetas y cantando”, sintiendo cada jugada como si estuviera en la misma grada del estadio.

La Real no tiene fronteras: el sentimiento que no entiende de mapas
Lourdes Xolvi, aficionada de la Real Sociedad de Zaragoza.

Desde el noroeste, Juan Ansede representa a esa generación de gallegos que se enamoraron del equipo de moda en el año 83. Aquella “generación irrepetible” de los Satrustegi, Zamora o Górriz caló hondo en Santiago, donde hoy intentarán hacer algo especial en la sede de la peña para los que no puedan viajar. Juan, que sí irá al estadio, ve esta cita como un sueño deportivo tras 40 años de espera, con la espina clavada de 2021: “Se ganó la Copa pero fue sin público, faltó algo que ahora vamos a tener la oportunidad de vivir”. Además, tiene claro que el partido debe ser un “homenaje especial a Aitor Zabaleta“, a quien le dedica esta final de todo corazón.

La Real no tiene fronteras: el sentimiento que no entiende de mapas
El gallego Juan Ansede, de la Peña de Galicia de la Real Sociedad.

En Salamanca, Ángel Merino lleva 38 años esperando este momento, casi desde que tiene uso de razón y su tío le traía regalos de Donostia. Se enganchó con la magia de los Karpin, Nihat o Kovacevic, y ha demostrado su fidelidad incluso en los años oscuros del descenso, porque para él estar en las malas también es parte del sentimiento. “Esta final es una recompensa para todos los que llevamos tiempo siguiendo al equipo y por fin merecemos vivir algo así”, explica con emoción. Ha viajado desde Las Palmas, donde vive ahora, solo para estar en el ambiente de Sevilla aunque no tenga entrada, con la espinita clavada de la final de 2021 que la pandemia le impidió disfrutar con público.

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Ángel Merino, aficionado de la Real Sociedad de Salamanca.

Desde Cádiz, Mikel Martínez aporta una visión profunda de lo que supone vestir esta camiseta a sus 57 años. Para él, ser de la Real implica una educación y una honradez que se lleva con orgullo por todo el sur: “Significa honestidad, orgullo, tierra, mar… una idiosincrasia y un trato”. No se siente alguien de fuera, sino parte de un pueblo y una cultura de “rebeldía” que admira profundamente. Este sábado estará en la ‘fan zone’ sevillana con otros aficionados gaditanos, cargando las pilas para despedir a los chavales en el hotel antes de irse a casa a ver el partido, convencido de que este premio a la afición es algo inmejorable para “el más pequeño de los equipos grandes y el más grande de los equipos pequeños”.

La Real no tiene fronteras: el sentimiento que no entiende de mapas
Mikel Martínez, aficionado aragonés afincado en Cádiz.

Jesús Ruiz Santiago, que vive en Hospitalet de Llobregat pero es de Granada, se hizo de la Real por descarte de los grandes y por la fascinación que le producían nombres como Górriz, Larrañaga o Zamora. A pesar de haber pisado poco la capital guipuzcoana, su sentimiento es innegociable y vivirá la final en su casa como un auténtica liturgia: “La veré con mi mujer y un montón de banderas, y con un libro que le hice a Arconada con todos los recortes que tengo de chico". Para él, estos días son como la víspera de Reyes, con los nervios a flor de piel y la sensación de ser el “bicho raro” de su entorno que de repente se convierte en el centro de todas las miradas.

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Jesús Ruiz Sanriago, aficio ado granadino de la Real Sociedad viviendo en Hospitalet de Llobregat.

Por su parte, Juan Rodríguez representa a esos realistas que viven en Madrid pero mantienen el vínculo con sus raíces. Nació en Donosti por el trabajo de sus padres y, aunque ellos son de Jaén, él siempre tuvo claro que no había otra opción que el azul y blanco: “A mí el fútbol moderno no me gusta, y creo que no me hubiera aficionado si no fuera por la Real”. Verá el partido en casa junto a su hijo, su primera final, con la esperanza de que el pequeño vea a Oyarzabal levantar la Copa. Valora muchísimo el camino trazado por el club en este torneo y sueña con que esta no sea la última alegría, pues se siente de los “soñadores” que creen que volverán a ver a la Real ganando una Liga.

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Desde Madrid Juan Rodríguez es un seguidor confeso de la Real Sociedad.

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El broche lo pone David Alcón desde Castellón, quien a sus 52 años sigue siendo de la Real “a muerte” desde que viera ganar aquellas ligas cuando apenas era un niño de nueve años. La emoción le desborda al pensar que este sábado estará sentado en las gradas de La Cartuja con su mujer y su hijo tras conseguir entradas gracias a unos amigos socios que le han echado un cable. “Estoy emocionado solo de pensar que voy a ver a la Real, no sé ni qué decir”, confiesa con la voz entrecortada. Su testimonio, como el de los otros cinco, deja claro que el sentimiento txuri-urdin es universal y que, este sábado, toda la península tendrá un trocito de corazón empujando hacia el título.

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Desde Castellónm David Alcón se emociona cada vez que haba de la Real Sociedad.

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