COPA | BETIS-SEVILLA

El derbi de las vergüenzas

El Betis-Sevilla de Copa quedó suspendido en el minuto 39 tras el lanzamiento de una barra que golpeó en la cabeza de Jordán. Tablas 1-1 antes del caos.

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El derbi de las vergüenzas
TONI RODRIGUEZ DIARIO AS

El derbi sevillano que amenazaba con ser una fiesta del fútbol terminó siendo una vergüenza. Betis y Sevilla dirimieron un duelo de intensidad y coraje hasta que un aficionado lanzó desde la grada de Gol Sur un palo que golpeó en la cabeza de Joan Jordán. Ahí quedó el amago de fiesta futbolística convertida en bochorno absoluto. De Burgos Bengoetxea decidió detener el partido mientras el centrocampista del Sevilla era atendido por los servicios médicos. Otro capítulo más de atentado contra el espectáculo en un derbi sevillano.

El suceso llegó antes del descanso y justamente después de que Nabil Fekir pusiera el 1-1 en el marcador con un gol de córner directo ante esa misma grada de Gol Sur. Los protocolos de activaron. El árbitro mandó a los futbolistas al vestuario y el propio Villamarín reaccionó recriminando el comportamiento de parte de la afición por lo sucedido. Hubo un compás de espera que presagió lo que terminó siendo oficial minutos más tarde. La Real Federación Española de Fútbol anunció que el choque de los octavos de final de Copa quedaba suspendido con un claro mensaje: "La RFEF condena todo tipo de violencia en los terrenos de juego". Los jugadores del Betis saltaron de nuevo al césped para despedirse de sus aficionados al tiempo que se multiplicaban las dudas sobre qué ocurría con la eliminatoria. La película terminó con la peor imagen posible cuando sobre el césped todo estaba destinado a un nuevo espectáculo de rivalidad deportiva en Sevilla. La batalla de discusiones tuvo continuidad en la grada debido a la condena de la mayoría de los aficionados a ese comportamiento violento que, de nuevo, rompió toda invitación al espectáculo. Una nueva noche para el olvido.

Betis y Sevilla esperaron. El fútbol ya se había roto. La violencia volvió a marcar un partido de fútbol cuyo destino era ya lo de menos. Lo había condicionado un aficionado que lanzó un palo al césped para tratar de imponer su ley. Una agresión lamentable que entregará un segundo capítulo a una eliminatoria que no debía tenerlo. El choque había comenzado bajo el imprevisible condicionante del COVID y terminó con la violencia como invitada indeseable. De poco sirvieron el preciso disparo de Papu Gómez o la genialidad de Nabil Fekir. Lo ocurrido minutos antes sobre el campo, con tablas en el marcador, queda bajo el olvido desde ese minuto 39.

Tras ello comenzó también de forma paralela una carrera para la localización por parte de la policía del responsable del lanzamiento del objetivo. También entraron en escena un puñado de conversaciones entre la Federación Española y LaLiga para tratar de buscar una fecha para el choque. Todo ello mientras Joan Jordán era trasladado al hospital para que se revisara su estado físico.Tanto Betis como Sevilla quisieron mantener la cautela tras la suspensión del duelo. Los comunicados se retrasaron y algún jugador trató de lanzar algún mensaje sobre lo ocurrido, como los béticos Víctor Camarasa o Juan Miranda, que insistieron en condenar ese acto violento y advertir que el Sevilla nunca quiso seguir jugando este duelo. Un derbi de vergüenzas que desnuda de nuevo el lado oscuro del fútbol y que deja en el aire lo que debía haber sido una fiesta.