RAYO VALLECANO

Se cumplen 24 años del gol de Onésimo que salvó al Rayo

La Franja había caído contra el Mallorca en la ida (1-0) y se jugaba la permanencia en Vallecas. Guilherme empató la eliminatoria y Onésimo certificó su estancia en Primera un año más.

Onésimo celebra uno de sus goles con el Rayo.
Jesus Rubio DIARIO AS

Era 1 de junio de 1996. El Rayo se jugaba la permanencia en Vallecas, después de haber caído contra el Mallorca (1-0, con gol de Morales) en la ida de la promoción. Los bermellones aterrizaban después de 18 partidos sin perder, así que en el barrio había nervios, pero también fe. Los locales salieron en tromba y no tardaron ni cuarto de hora en igualar la eliminatoria, gracias a un gol del delantero Guilherme. Respiró la grada. Ajena, eso sí, a lo que todavía deparaba el encuentro... Buenas dosis de sufrimiento, intriga y final feliz. Una trama no apta para cardíacos y un clásico por esos lares.

El colegiado López Nieto mostraba la roja a Wilfred en el 24', después de que el guardameta franjirrojo tuviese que sacar una mano fuera del área para frenar al siempre peligroso Morales. El técnico Zambrano, entonces, tuvo que meter a Abel Resino bajo palos y los madrileños se quedaron con uno menos para tratar de doblegar a un Mallorca que, tímidamente, iba saliendo de su letargo. Aunque los insulares mostraron una versión más gris de lo habitual: Maqueda y Morales desperdiciaron dos claras ocasiones que terminarían lamentando.

Corrían los minutos y se mascaba la tensión. Hasta que, en el minuto 81, Calderón oteó a Onésimo desmarcado y dibujó un pase certero desde el mediocampo, que recogió el rey de los regates. El '7' rayista, experto en crecerse en el vértigo de las grandes ocasiones, dejó botar el balón y cinceló desde la frontal una preciosa vaselina que entró por la escuadra de la portería defendida por Kike. Se mascó el tercero con una falta de Calderón en el 88' y Vallecas contuvo la respiración, mientras miraba el reloj. Su equipo supo sufrir para mantener su condición de Primera una temporada más, en un choque donde la magia de Onésimo resultó determinante.