REAL ZARAGOZA / HISTORIAS DE SEGUNDA (XXIII)

1954-55: el Real Zaragoza acarició el ascenso en la promoción (II)

Alierta vendió Torrero para evitar la bancarrota del club, el nuevo entrenador Mundo ensambló un equipo a su imagen y semejanza, todo bravura y entusiasmo, y Chaves fue ‘Pichichi’ con 23 goles.

Zaragoza
1954-55: el Real Zaragoza acarició el ascenso en la promoción (II)
ÁNGEL AZNAR

La promoción de la temporada 1954-55 la disputaron el Oviedo y el Real Zaragoza, segundo y tercer clasificados del Grupo I de Segunda División, el Atlético Tetuán y el Granada, subcampeón y tercero del Grupo II, y el Español de Barcelona y la Real Sociedad de San Sebastián, decimotercero y decimocuarto del campeonato de Primera División y grandes favoritos a dominar una liguilla a doble vuelta con el premio final de dos plazas de ascenso o permanencia. El torneo dio comienzo el 24 de abril y finalizó el 26 de junio de 1955.

El Zaragoza, acompañado por más de un millar de sus entusiastas desplazados en un tren especial y decenas de autocares, comenzó la promoción en Sarriá, donde sufrió el descaro y la parcialidad del árbitro madrileño Caballero. Éste pasó por alto dos penaltis a Chaves y Baila y propició el gol de la victoria del Español al señalar una infracción previa justamente al revés. “La falta de la que ha venido su gol me la hizo el argentino Oswaldo a mí. Me ha roto el labio de un codazo”, denunció Alustiza.

El equipo de Mundo respondió a ese desdichado arbitraje con dos triunfos consecutivos frente al Granada en Torrero (2-0) y la Real Sociedad en Atocha (0-2), con hasta 3.500 zaragocistas desplazados hasta San Sebastián, pero contra todo pronóstico se vio sorprendido en casa por el Atlético Tetuán (0-2) y se enfriaron las ilusiones de ascenso.

Una semana después, con Mundo convaleciente en su domicilio de una operación de apendicitis y el goleador Chaves lesionado en un tobillo, todo se acabó para el Zaragoza en su visita a Buenavista. El Oviedo de Balmanya le acribilló a goles (6-0) con la decidida colaboración de Zariquiegui, siempre dispuesto a perjudicar al equipo aragonés. El colegiado navarro se inventó el penalti del segundo gol azul, en el tercero hubo falta previa a Yarza y el quinto se logró en fuera de juego. Ya con empate a cero había dejado de señalar una pena máxima por un derribo a Baila dentro del área y al inicio de la segunda parte Alustiza fue injustamente expulsado por una entrada sobre el ídolo local Toni. Fue una tarde de verdadera desgracia, porque Baila, con un esguince de tobillo, y Parés, con una fuerte contusión en la pierna derecha, se lesionaron poco después, quedando ‘inútiles’ en los extremos. Torres, por su parte, sufrió en los últimos minutos un cólico de vesícula y aguantó en el campo sin poder moverse, causando baja para el resto de la promoción.

El atraco fue de tal magnitud que el medio volante Gil Rubio, en una época de contención verbal, llegó a declarar: “Hemos luchado contra 14: contra el Oviedo y el trío arbitral”.

12 de junio de 1955 (Torrero). Real Zaragoza, 1 - Real Sociedad, 2. El masajista Andrés Magallón se dispone a atender a Chaves, tras ser objeto de un penalti, en presencia de sus compañeros Rivas, Mena y Villarrubia y del árbitro valenciano Tamarit.

Pero por si el 6-0 no hubiera sido suficiente castigo, el central Alustiza acabó en comisaría por un hecho tan irrisorio como arrojar un trozo de esparadrapo al césped cuando abandonaba el terreno de juego, tras ser expulsado. Al llegar al vestuario fue detenido por una pareja de la Policía Armada, acusado de haber hecho un gesto incorrecto al público, y trasladado a la comisaría de vigilancia de Oviedo, donde fue multado con 2.000 pesetas. Una vez acabado el partido, el directivo José María Morellón, que había viajado al frente de la expedición del Real Zaragoza, tuvo que recorrer varios estancos para poder pagar la multa en papel del Estado y que Alustiza fuera puesto en libertad. Y todo eso sin que la directiva oviedista le prestara a Morellón la menor colaboración, lo que causó verdadera indignación en el club aragonés.

Una nueva derrota, esta vez frente al Español en Torrero (0-1), puso punto y final a las aspiraciones de ascenso del Real Zaragoza, que quedó ya a cinco puntos del propio Español, segundo clasificado, y a seis del líder Oviedo.

Sin Villarrubia y Chaves, enfermos de gripe, y sin Baila y Ucelay II, lesionados, el Zaragoza fue presa fácil del Granada en Los Cármenes (3-1). Y con la moral ya muy menguada, el equipo aragonés perdió también frente a la Real Sociedad en Torrero (1-2) y después ante el Atlético Tetuán en el campo norteafricano de Sania Ramel en una tarde de junio achicharrante (2-0). Ese mismo día el Español certificó su permanencia en Primera División al ganar 1-3 en Buenavista.

Pero quedaba una última jornada, en la que el Oviedo, que se jugaba la otra plaza de ascenso, tenía que visitar Torrero. El equipo asturiano estaba empatado a puntos con la Real en la segunda plaza e intentó comprar el partido con 300.000 pesetas. Pero los jugadores del Zaragoza no habían olvidado el ultraje del encuentro de ida y, además, tenían una prima idéntica de la Real Sociedad por ganar. Toda la semana se extendió por la ciudad un clima de venganza deportiva y Torrero recibió al Oviedo con una pitada de época que anticipó lo que se le iba a venir encima.

26 de junio de 1955 (Torrero). Real Zaragoza, 7 - Oviedo, 0. El festejo del tercer gol del Zaragoza: Chaves recibe el abrazo efusivo de Ucelay II.

En una actuación extraordinaria y largo tiempo recordada, el Zaragoza arrasó al Oviedo con un imponente 7-0, se desquitó del 6-0 de Buenavista y le privó del ascenso a Primera División. El equipo de Mundo tuvo un afán insaciable de victoria y no permitió la menor reacción de su rival, del que se burlaron repetidamente varios jugadores. En tarde inspiradísima, los extremos Parés y Chaves desarbolaron al Oviedo, con la colaboración también goleadora de Ucelay, al que el Zaragoza había echado mucho en falta en los tres partidos anteriores. El público, entusiasmado, sacó los pañuelos en los minutos finales para ovacionar al Zaragoza, al punto de parecer el partido una sensacional faena en una corrida de toros.

Mundo no cabía en sí a la conclusión del encuentro: “La directiva, mis jugadores y yo hemos cumplido con nuestra obligación. El equipo ha llegado a lo máximo que podía llegar. Y este 7-0 es un cierre sensacional, porque, además, no quedan dudas sobre la deportividad del Zaragoza. Hemos hecho una temporada milagrosa, y con más reservas de calidad hubiéramos ascendido. Torres, Alustiza y Castañer han sido las grandes revelaciones del equipo en esta temporada. Torres ha sido el alma y el espíritu del Zaragoza, hasta que tuvo que descansar por una ataque hepático”.

Cesáreo Alierta no estaba menos satisfecho que Mundo, pero el presidente no perdía nunca de vista el estado de la economía del club: “Estoy feliz y contento. En el campo hemos dejado un certificado de honestidad y deportividad, aunque seguimos siendo pobres”.

Alierta no alteró su discurso hasta que el Zaragoza dejó de deber un céntimo, pero por sexta vez desde su fundación el club cerró un ejercicio con superávit: se logró un beneficio de 561.492 pesetas y la deuda neta se redujo hasta los 3.105.000 pesetas, en gran medida por la venta de Torrero.