ESPANYOL | LA INTRAHISTORIA

Los 120 kilómetros diarios de Lluís tienen recompensa

El central iba en taxi a Sant Adrià desde Manresa, y se volvía con su padre. Estuvo a punto de dejarlo cuando el servicio se anuló. Hoy aún recorre esa distancia.

Los 120 kilómetros diarios de Lluís tienen recompensa
GORKA LEIZA
Iván Molero
Llegó al Diario AS como estudiante en prácticas en 2002, y desde que se licenció en Periodismo por Blanquerna, de la Universitat Ramon Llull, se ha especializado en la información del Espanyol, sobre el que también ha co-escrito libros, todo ello atendiendo al seguimiento de otros equipos, deportes y eventos desde la delegación de Barcelona.
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Cuando el Espanyol llamó a su puerta, en 2005 cuando militaba en el Gimnàstic de Manresa, su familia tenía claro que la aventura era irrechazable, pero que seguramente no duraría más de uno o dos años. Tenía ocho Lluís López, quien desde la capital del Bages debía hacer un auténtico sacrificio cada día que se entrenaba o que jugaba en la Ciudad Deportiva: 120 kilómetros entre ir y volver.

Era la época del malogrado Josep Manel Casanova, la cantera se cuidaba al detalle, y los jugadores de fuera del área metropolitana disponían de un servicio de taxi para acudir a los entrenamientos. Al acabar las sesiones, sin embargo, era su padre, Juan Carlos, quien iba a buscarlo para llevárselo de vuelta a Manresa. Así no perdían tiempo para hacer los deberes, y para cenar y descansar.

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Pero el servicio de taxis desapareció y Lluís estuvo a punto de dejar el Espanyol por una mera cuestión de logística. Se las apañó su familia, e hicieron bien, ya que aquel año, el primero de infantiles, el técnico Jacint Magrinyà lo pasó al Infantil A. A partir de ahí, siempre fue una categoría por delante. Y eso que previamente no había estado, por ejemplo, entre los elegidos para los torneos mediáticos de fútbol 7, como Brunete o Arona.

Constante y convencido de sus aptitudes desde chaval, Lluís tuvo que abandonar la carrera de Ingeniería Industrial porque no podía compaginarla con filial, entrenamientos con primer equipo, Sub-17, selección catalana... Pero se apuntó a Administración y Dirección de Empresas (ADE). Hoy sigue viviendo en Manresa, pero esos 120 kilómetros son gloria bendita.

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