Benito el ‘Terrible’, primer ‘txuri-urdin’ que fue perico

ESPANYOL

Benito el ‘Terrible’, primer ‘txuri-urdin’ que fue perico

Benito Pérez.

ARCHIVO: JORDI PUYALTÓ

Alzó la Copa del 40 y la puerta 38 lleva su nombre. El misterio: en la fotografía de la Copa del Rey de 1940, las rayas estaban al revés.

Barcelona

Hasta 14 futbolistas han jugado a lo largo de la historia liguera en la Real Sociedad y el Espanyol, algunos de ellos imborrables en la memoria perica, como Raúl Tamudo, Carmelo Amas, Juanmari Amiano o Javi Zubillaga. Otro, igual de trascendente, pero más desconocido para los contemporáneos, es Benito Pérez Juarégui, quien abrió el camino allá en los años 30, en los comienzos de la Liga. El libro Gloria a los Héroes relata la historia que recogemos en AS del protagonista de la puerta 38 de Cornellà-El Prat, el hombre que levantó la Copa del Rey de 1940 ganada en el estadio de Vallecas al Real Madrid en una prórroga vibrante (3-2).

Benito Pérez nació en Zaldivia (Guipuzcoa) en 1912. Empezó a jugar a fútbol en el Villafranca de Oria pero fue en el Goierri de Beasain cuando adquirió reputación. Eso le llevó a fichar por el Donosti, o lo que es lo mismo, la Real Sociedad en los tiempos de la Segunda República. Su capacidad para liderar la defensa se tildó de “mágica” en las crónicas de la época y se ganó el apodo del Terrible. Formó pareja a partir de 1935 (había llegado al club perico en 1932) con Ricardo Teruel, otro portento físico. La Guerra Civil impidió que ambos agrandarán todavía más su leyenda. De Teruel escribíamos recientemente, ya que, como Dídac Vilà, también vivió tres etapas en el Espanyol de distinta índole.

Ya en 1940, finalizados los conflictos bélicos, Benito Pérez se encargó de levantar la Copa en una fotografía histórica, aún misteriosa: las rayas en el escudo del futbolista (y en otros) están al revés, de izquierda a derecha. Una duda que no se ha resuelto con el paso del tiempo. Dos días después, Benito fue llevado en volandas por sus compañeros y la afición a las oficinas del club, con Genaro de la Riva como presidente. Un año después, el donostiarra dejó el Espanyol y emprendió una nueva etapa de jugador, en Zaragoza. Luego acabó su carrera en Belchite, donde también fue entrenador.

Falleció en 1959 en Mondragón, a 40 kilómetros de Zaldivia, donde empezó su historia txuri-urdin y, sobre todo, perica, ya que guarda otro récord aún no batido: tiene el honor de ser el jugador blanquiazul que más veces le ha ganado frente al eterno rival, con un total de 11 veces, entre partidos de Liga y Copa de España (siete en Liga y cuatro en la Copa del Rey).

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