REAL MADRID-ATLÉTICO

Derbi eterno en San Siro: la ilusión contra la obligación

El Atlético busca el desquite y el Madrid, no acabar en blanco. Onces de gala en un partido que genera 400 millones de euros.

El 7 de mayo de 2000 el Atlético se precipitaba a Segunda tras un empate insuficiente en Oviedo. El 24 del mismo mes el Madrid conquistaba su octava Copa de Europa, a costa del Valencia. Catorce años después se citaron en una final de la Champions y a los 735 días de aquello, que muchos creímos irrepetible, repiten en Milán. La sucesión de hechos habla bien del Madrid, que sigue en lo alto de ese andamio, y extraordinariamente bien del Atlético por esa enorme escalada vertical. “Pocos equipos ofrecen a un jugador más que el Atlético”, proclamó Simeone, contemplando mentalmente la magnitud de su obra.

Lisboa es la gran entrometida. El Madrid ha cambiado poco. Repetirán seis titulares y de los cinco restantes, tres (Kroos jugaba en el Bayern y Keylor en el Levante) estaban en la plantilla. Como entonces, preparó la cita en Valdebebas, viajó en la víspera y copió sus rutinas. El Atlético le ha dado la vuelta a todo menos la idea de hacerse cada día más inaccesible. Seis futbolistas nuevos en el once y una obsesión casi enfermiza por alejarse de aquella tarde, incluyendo una tentativa frustrada de cambio de indumentaria. Se ha entrenado en cuatro sitios distintos durante la semana (Las Rozas, Calderón, Pozuelo y San Siro) y Simeone ha estado especialmente inquieto. Visitó Milán para examinar las instalaciones del Inter (descartó entrenarse allí el jueves) y el césped de San Siro, pidió intramuros que se evitará el término revancha (oportunidad le suena mejor), sacó ante la prensa los mismos futbolistas que en los dos partidos ante el Bayern, se subió al avión que transportó al Barça a Granada y al Sevilla a Basilea… Procede hablar de sortilegio y procede que a Simeone le moleste que se cargue la mano. “Nos subestiman comentando eso”, dijo.

Madrid y Atlético aseguran sentirse mejor que hace dos años. Es claro en el caso de los rojiblancos, que esta vez han encontrado dos semanas para oxigenarse y que dispondrán de su once de gala. Será con Torres, que ha metido de febrero a aquí diez de sus doce goles y que marcó en seis de los últimos ocho partidos de Liga. Savic, más estable emocionalmente que Giménez, será la pareja de Godín y Augusto le dará cuerpo al centro del campo. Carrasco es el plan B. El Madrid también tendrá formato clásico, con Casemiro, alabado por Simeone hasta la exageración, y con la BBC aparentemente en plenitud, pese a que todos sus miembros han sufrido lesiones en el último mes y medio. Sólo han jugado juntos uno de los últimos siete partidos, pero las interrupciones (veinte partidos se ha perdido Bale) no han mermado su eficiencia: 98 goles.

Los antecedentes agitan una bandera u otra, según se mire. Con el Madrid está la historia (tres enfrentamientos europeos y los tres favorables) y con el Atlético el presente (una derrota en los últimos diez derbis). Pitará Clattenburg, que ha fracasado como antidisturbios. Su manga ancha en un Chelsea-Tottenham reciente acabó con multas de casi un millón para los equipos. Ha visto tres veces la final de Lisboa para conocer el género. Se calcula que el impacto económico del choque empatará al número de espectadores que lo verán por televisión: 400 millones de lo uno y de lo otro. Y en merchandising, el Madrid manda 60%-40%. También en responsabilidad. De Cibeles es la obligación y de Neptuno, una ilusión que no quiere hacerse vieja. Undécima o primera. Quien mande en la capital mandará en el mundo.