REAL MADRID - WOLFSBURGO

'Noventa minuti in Bernabéu' siguen siendo muy largos

El Madrid se juega la temporada con los que ganaron al Barça en el Camp Nou. El Wolsburgo manda mensajes preventivos al árbitro.

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Real Madrid - Wolfsburgo en directo

RESPALDO MINORITARIO. Más de 2.500 hinchas apoyarán esta noche al Wolfsburgo en el Bernabéu. La mayoría llega hoy, pero al entrenamiento de ayer en el estadio blanco ya acudieron 400, que lanzaron mensajes cariñosos a los futbolistas.

Las remontadas, como la que nos ocupa y que siempre se movieron en el terreno de la emoción, también han entrado en la era digital. Los jugadores del Real Madrid utilizaron ayer las redes sociales para propagar la esperanza con mensajes ultraoptimistas y hasta patrocinados por firmas comerciales. Las mismas redes que conectaron a los aficionados para marchar en cofradía junto al autocar del equipo, manifestación programada a medio camino entre el apoyo y la exigencia. Definitivamente la sencilla fórmula exaltación de la afrenta, más testosterona, más Bernabéu puesto a hervir, que fue costumbre en el Madrid, anda pasada de fecha. Así lo entiende también Zidane, hombre de su tiempo, que ayer repitió en varias ocasiones que de esta el Madrid sólo saldrá vivo “con fútbol y con la pelota”. También pareció disfrutar con ese todo o nada al que se enfrenta su equipo.

El Madrid ha ido recabando datos convincentes (a finales de la semana pasada sólo era creyente uno de cada tres aficionados) de que el desafío está al alcance de la mano. De los nueve resultados obtenidos por el equipo con Zidane en el banquillo en el Bernabéu, seis le darían el pase y uno le llevaría a la prórroga. La media de goles supera los 4,1 por encuentro. El Madrid no ha encajado un solo tanto en los cuatro partidos de la Champions disputados en casa y ha marcado quince. El Wolfsburgo se achica mucho fuera, hasta el punto de que sólo el Eintracht es peor visitante que él en la Bundesliga. No tiene lesionados y no cabrá un alma en el Bernabéu.

Eso sin medir los intangibles. Zidane, lo confesó ayer, adivina la fe en la cara de los futbolistas. También valdría agarrarse a que la Luna está en cuarto creciente, algo que siempre conviene, o que la Bolsa lleva días en verde. En noches así todo es susceptible de convertirse en buen augurio.

Pero el Madrid no se dispone a vivir de impresiones sino de su presunta superioridad y de una alineación con la que ha empezado a sentirse cómodo. Pinta que, pese a la necesidad de goles, jugará Casemiro. Un técnico no gasta tantos elogios como los que empleó ayer Zidane en alguien que le acompañará en el banquillo. Ni se esmera en explicar que su plan es para noventa minutos y no para un cuarto de hora de arrebato y hora y cuarto de prisas mal llevadas. Así que afrontará el partido desde su ortodoxia, con Kroos y Modric en la creación y la BBC en el ataque, una vez recuperado Benzema, que sale a gol por partido en casa en esta Champions. Le dobla Cristiano, el caníbal de la competición, y está pendiente de estreno Bale. Jugará, pues, el once que ganó el Clásico en el Camp Nou, el partido de más mérito del Madrid en lo que va de año. Naturalmente, con Carvajal en la banda derecha porque es mejor que Danilo y porque no se le puede pedir ayuda al público e incomodarle a la vez.

El Wolfsburgo también tiene bazas que jugar. La principal, los dos goles en su estadio, pero también el mensaje de consumo interno de que el Madrid y su entorno le faltaron al respeto minusvalorándole desde el día del sorteo. Lo aireó Kahn, uno de los enemigos de cabecera del Bernabéu, desde Alemania.

También se ampara en el ataque preventivo de Klaus Allofs, su director deportivo y que sufrió, cuando era la estrella del Colonia, un manotazo (5-1) del Madrid de la Quinta del Buitre en una final de la Copa de la UEFA. “Puede haber fallos arbitrales”, advirtió antes de llegar a Madrid. Su entrenador, Hecking, conocedor de que la UEFA encaja mal estas advertencias, salió al corte: “No van a ocurrir cosas raras”.

El Wolfsburgo, si recupera al central Naldo, que se entrenó ayer, se pondrá en manos de los héroes de la ida. Volverá a jugar sin un nueve de referencia (dejará a los dos máximo goleadores del equipo, Kruse y Dost, en el banquillo) y fiará el contragolpe al ingenio de Draxler y Bruno Henrique. En buena medida, sus opciones dependen de lo impresionables que sean sus jugadores al ambiente y de lo permeable que resulte su defensa a la velocidad del trío ofensivo del Madrid.

El Bernabéu ha presenciado 22 remontadas y 16 intentos fallidos, entre ellos los cinco últimos, pero nada demuestra que los ‘noventa minuti’ en el Bernabéu con los que intimidaba Juanito no sigan siendo ‘molto longo’. Al final, de eso se trata. De que al Wolfsburgo se le hagan eternos.

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