366 HISTORIAS DEL FÚTBOL MUNDIAL | 21 DE MARZO

Nobby Stiles descubre su vocación (1964)

Nobby Stiles, junto con Alan Ball, celebrando la consecución del Mundial de 1966 con Inglaterra.

Nobby Stiles era un muchachito del norte de Manchester tan fan de su equipo que ya con seis años, entusiasmado ante la tele en la final de Copa entre los suyos y el Blackpool, se cayó del sofá y se rompió dos dientes. Al menos ganó el Manchester. Su entusiasmo por el fútbol le llevó a practicarlo a todas horas y fue mejorando como futbolista colegial, hasta el punto de fichar por la cantera del United, su sueño. Fue un juvenil destacado, como interior de mucho trabajo en el medio campo, y hasta figuró en la selección sub-23, donde llamaba la atención su avejentado aspecto: el pelo tendía a abandonarle pronto, le faltaban dos dientes y tenía una mirada miope. Pero era voluntarioso.

Subió a la primera plantilla como interior, pero no resultaba. Le faltaba nivel, técnicamente no progresaba. Estaba condenado a la suplencia y a una salida hacia un equipo menor cuando le llegó la oportunidad, en un partido de liga ante el Tottenham Hotspur, donde jugaba el temible Jimmy Greaves, un goleador sutil y preciso. Al United le faltó ese día Maurice Setters, medio defensivo, y Busby se la jugó con Stiles. «Juega cerca de Foulkes [el central] y vigila continuamente a Greaves.» Así lo hizo, y descubrió su vocación. Greaves no marcó, el Manchester ganó 3-2 y Stiles encontró su papel en el fútbol.

Para desgracia, por cierto, de muchos otros, porque Stiles se pasaba los partidos haciendo faltas a la estrella del rival, llamárase esta Amancio, Eusébio, Greaves o como fuera. No existían las tarjetas (nacieron en 1970 [véase el día 31 de mayo], un poco por su causa) y reiteraba faltas y más faltas. En el Mundial de 1966 provocó incluso la reprobación de la FIFA por su actitud, pero Alf Ramsey, su seleccionador, le defendió contra viento y marea. Stiles tenía un problema añadido: una feroz miopía. Lo pretendió disimular durante un tiempo, hasta que Gregg, el portero del equipo, advirtió un día que no era capaz ni de identificar las cartas cuando jugaban una partida. Asustado, temiendo que tuviera algo malo, se lo dijo a Busby. Este habló con Stiles, que le confesó su miopía. Busby le buscó la solución, que usara unas lentillas, que por aquel entonces empezaban a utilizarse. Stiles las llevó el resto de su carrera, aunque se quejaba de que le irritaban los ojos, y se le hacían insufribles cuando a los partidos había que añadirles una prórroga.

A la selección llegó en un partido contra Escocia, en 1965, con Banks de portero, Cohen y Wilson en los laterales, Jackie Charlton de central y Bobby Moore al lado de este. Delante de ellos jugó Stiles, y ese sexteto defensivo quedó ya como fijo y le daría su hasta ahora único Mundial a Inglaterra. Stiles se hizo una especie de anticristo para todas las aficiones del mundo, pero sacó adelante una carrera que le permitió ser, junto a Bobby Charlton, el único futbolista inglés ganador de la Copa del Mundo (1966) y la Copa de Europa (1968, con el United), logros alcanzados ambos en Wembley. Pero muy pronto, a los veintiocho años, en 1971, tuvo que dejar el United. Las tarjetas le borraron del mapa. Al Mundial de 1970 había ido, pero ya como suplente. Se marchó al Preston North End, un glorioso venido a menos, donde completó su carrera.