BARCELONA

Leo Messi, una rueda de fuego

Juan Cruz publicó un extenso reportaje en la revista argentina Viva en la que ahonda en la inescrutable personalidad del crack argentino.

Leo Messi, una rueda de fuego
CARLOS MIRA
Juan Cruz
Actualizado a

De Messi escribió Roberto Fontanarrosa (Usted no me lo va a creer, Ediciones de La Flor) quizá ni cuando había nacido Messi. Rosales, un ojeador de niños futbolistas, había visto un caso único, desde la esquina de un bar polvoriento de Rosario, de donde es el mejor (¿el mejor? El espejo de Blancanieves dice que sí) futbolista del mundo. La pelota iba tras un muchacho, sin que el pibe hiciera nada; la querencia era tal que no había ni sombra entre los dos, eran el muchacho y la pelota a la vez, como si esa atracción benévola ya fuera definitiva y la pelota formara parte del cuerpo del pibe…

“Era una de esas siestas agobiantes del verano donde no corre ni una sola gota de aire”, escribió Fontanarrosa en el célebre cuento en el que nace, sin haber nacido, Lionel Messi. “La pelota, entonces, sola, solita como le cuento, como me lo contó Rosales, empieza a rodar y se va detrás del pibe, como un perro…”

La historia es ficción, seguramente, pero por esos andurriales de la imaginación de Fontanarrosa andaba sin duda Lionel Messi. Y ese fantasma, como para los de Aracataca el fantasma de Gabo, se sigue apareciendo por los bares y por las noches. Alguien le dijo a Santiago Segurola, escritor español, periodista, que escribe ahora de fútbol en Marca, algo que este excelente narrador de lo que el fútbol lleva dentro le dijo a Jorge Valdano y le sirvió a éste para el reciente documental que ha hecho con su hijo y con el cineasta Álex de La Iglesia sobre esta figura extraordinaria del fútbol mundial.

Lo que se dice es que, en la fantasía de los que ya creen que Messi es de ficción, como el pibe de Fontanarrosa, este futbolista de Rosario sigue en su barrio, duerme ahí, juega con sus amigos de la infancia, y por la mañana viaja a Barcelona, se entrena, y luego regresa a su casa… de Rosario. No es así, pero así lo parece. Valdano, que ha estudiado su psicología y su arte, cree que, en efecto, Messi conserva el alma que tenía cuando jugaba de pibe (el pibe de Fontanarrosa) en el Gandolfi, en su barrio, “no puede abdicar esa pasión”, y eso lo convierte en el jugador imprevisible que es. Como si se acordara de que el fútbol es una competición de muchachos, y a éstos no se los deja tirados. Hay muchos elementos (en el documental de Valdano-La Iglesia, en la retina de cualquiera, también) que recuerdan a Messi de niño, cómo se solidarizaba con los que estaban en el campo y sufrían, o perdían, cómo iba al rescate de los menos favorecidos de la cancha. Ese alma es pegajosa, como la pelota en relación al pibe del cuento: se vio en el Mundial, cuando se lesionó Ángel Di María, y él fue a defenderlo de la tristeza.

Es un niño, no ha dejado de ser un niño; hablé con muchísima gente (en España, fuera de España) de la figura de Messi; vi miles de papeles, consulté libros (el más reciente, una joya, de Guillem Balagué, Messi, editado por Cúpula en Argentina y en todo el mundo) y en todas partes vi de nuevo la sombra de aquel pibe, un niño que iba con su abuela a los campitos a jugar a la única asignatura que le interesó en la escuela, el fútbol. Y a todos les escuché, en todas partes leí, que sigue siendo un niño.

Fue un niño siempre. Cuenta Valdano (y se cuenta en el citado filme) que Gerard Piqué, que lo conoce desde La Masía, la escuela del Barça, desde cuando Messi no levantaba ni tres palmos del suelo, que ya era así, “simple e indescifrable”; en palabras del exjugador de la selección argentina, ahora escritor, está claro que Lionel siempre va a hacer lo mismo, “no es un jugador imprevisible, pero se empeña en hacer lo que siempre hizo y tú no lo puedes parar”. ¿Es contumaz, pues, o artista, como Maradona? “Considero más artista a Maradona que a Messi, pero me parecen igualmente geniales”. Es fascinante, según Valdano, esa capacidad con la que nacieron: “ver cerca y lejos al mismo tiempo”. En el caso del de Rosario, “da la sensación de que está viendo las piernas de un adversario para regatearlo y de pronto descubre una solución a cuarenta metros… Así que parecía que iba a eliminar al rival más cercano, pero aprovecha el espacio que hay en un sector de la cancha que él tenía oculto”.

Repito, como el pibe del cuento, la pelota es suya, aunque no la tenga: ella vendrá. Jugar con él es maravillarse, dice Valdano; el riesgo, como sucedía con Maradona, con quien él jugó, “es que esa fascinación te saque del partido”. Así que en el campo hay que jugar con Messi, pero debes cuidarte de jugar mirándolo, porque entonces ya eres un espectador atónito y no un futbolista.

Va a dormir a Rosario, sus sueños están en Rosario. La biografía ampara su crecimiento: no sólo es del barrio y regresa al barrio, es que se casó con la primera chica que conoció en el barrio, se recupera en Rosario cuando se lesiona en Barcelona… “Es increíble”, dice Valdano, que es de cerca de Rosario, “que un chico como él, que desde los trece años vive en Barcelona, tenga un apego tan grande a sus orígenes…”

Por eso es tan injusto, corrobora Jorge Valdano, esa especie que circuló y que tanto lo dañó: que no le hacía justicia a la camiseta argentina. Porque no es exactamente de Rosario, es concretamente (esto lo dice Diego Torres, escritor de fútbol en El País, argentino como Messi y como Valdano) “un argentino, un argentino provinciano…” Valdano dice, explica Torres, “que los rosarinos son los argentinos más exageradamente argentinos, los que acentúan los rasgos típicos del argentino…” En el caso de Lionel, él no lo ve así: “Messi no conoció Rosario, sino su barrio; él no sale de su barrio, aunque su ciudad no sea tan grande, él no va a Rosario, sigue en el entorno de su infancia, y sigue ahora ahí”, como el pibe del cuento, perseguido por la pelota de su niñez… “Quizá no le dio tiempo de salir…, todavía, y eso es lo que explica su matrimonio, el apego a su familia, que se deje llevar por los amigos de sus hermanos y por su padre… Es, me parece, un argentino poco frecuente. Los argentinos de Buenos Aires, por ejemplo, son más extrovertidos, y Messi es un provinciano”. Un provinciano de un barrio.

Patricio Pron, novelista argentino que reside en España, y aquí publica, es de Rosario, y conoce esa pituitaria de Messi. ¿Es como el pibe que cuenta Fontanarrosa en su ficción? ¿Cómo son los niños futbolistas de Rosario? Por lo general son muy delgados, no muy altos, nunca han tenido nada y, por consiguiente, lo desean todo, pero nunca de cualquier modo: quieren jugar, quieren marcar goles, pero hacerlo con cierta belleza, con habilidad”. ¿Y cómo defines a Messi?, le pregunté a Pron: “Messi es muy interesante, porque se trata del tipo de jugador que en Argentina nunca será considerado un “crack”; para ello le faltan un talento innato y una relación conflictiva con ese talento. No estoy diciendo que Messi no haya poseído ese talento desde sus comienzos como futbolista, pero resulta evidente que fue puliéndolo en los entrenamientos, volviéndose un jugador mejor y más completo con los años, lo que lo convierte en un jugador atípico para el aficionado argentino, que reconoce el fruto y la hoja, pero no considera suyo el árbol, sino un trasplante, y no se siente particularmente interpelado por la vida de Messi, que es aburrida (felizmente pueril, se puede decir, en comparación con las vidas de sus ídolos deportivos (Maradona, por ejemplo)”.

Fui a Daniel Divinsky, el editor de aquel cuento (y de muchos más libros) de Fontanarrosa, queriendo saber de él cómo había vuelto Messi a Argentina, al afecto argentino, en cierto modo, cómo recuperó la pelota que simbólicamente lo perseguía en Rosario. ¿Es Messi otra vez argentino? Me dijo Divinsky: “El tradicional exitismo argentino –que en el fútbol se sintetiza en la frase La gloria o Devoto, siendo Devoto alusión a la cárcel situada en el barrio de Villa Devoto en Buenos Aires—acentuó la recuperación de Messi para `la Patria`… Hasta ahora se lo denostaba porque no jugaba de modo igualmente deslumbrante para la selección del país que para el Barça”. ¿Y qué supone, pues, para el estado de ánimo argentino? “Supone la restauración de la fe en el milagro (para el ánimo nacional) y la afirmación de que en el fútbol siempre es posible lo inesperado: ya lo dijo Dante Oanzeri, fallecido brillante periodista deportivo, que tituló un libro suyo Fútbol, dinámica de lo impensado”.

No sólo es lo impensado Messi; dice el escritor y periodista colombiano (y devoto del Barça) Daniel Samper que el pibe de Rosario “pertenece al mundo de Kafka… Es un genio, pero inescrutable; camina, pero no sabemos si es que lo considera suficiente, o que no puede más…, y de pronto estalla; es uno de los cerebros más difíciles de entender y de los grandes genios que han pasado por el fútbol. No pertenece, por eso, al mundo de sir Stanley Matthews, el milagro del fútbol inglés, sino al universo de Kafka”. Como Alfredo Di Stéfano, que acababa de morir en Madrid cuando hicimos esta encuesta sobre la personalidad de uno de sus más brillantes sucesores, Messi casi no habla fuera del campo, ni en el campo, como el indio Atahualpa Yupanqui, a quien sus numerosos acólitos de Madrid esperaban en vano alguna palabra que saliera de su genio… “Pero es que Messi”, dice Samper, “canta con los pies… Es complicado saber qué está pensando, qué reacciones va a tener, qué le gusta… Es genial, pero esa genialidad puede menguar en un momento dado, y eventualmente un día se acabará. Aún así, te va a engañar: parecerá que termina y es cuando empieza, pues así juega… No he visto en medio siglo un misterio igual entre los jugadores de fútbol”. Es que está habitado por Kafka, y lleva adherida una pelota. Como el pide de Fontanarrosa, que fue amigo, por cierto, de Daniel Samper y de Jorge Valdano.

Es un niño de la Masía

La pelota que se le pegó en Rosario, siguió hasta él y la tiene en esa escuela privilegiada de la que salieron Pep Guardiola, Piqué y Xavi… Le pregunté a David Gistau, escritor español, columnista en Abc, con muchas vinculaciones argentinas, si este pibe sigue teniendo rasgos argentinos, como dicen todos. “Sí, creo que Messi conserva rasgos típicamente argentinos a pesar de que su formación terminara en la Masía y de llevar tantos años en el Barcelona. Es un cliché, pero es puro potrero. Te lo imaginas haciendo asados en su jardín. La picardía, el regate en corto, el no arrugarse cuando lo marcan duro, no ser especialmente fingidor de penalties como sí lo son los brasileños… La diferencia, comparado con el paradigma Maradona, es que Messi no es un personaje tan ruidoso que juegue a redentor de pueblos. En eso es más discreto y menos verbal”.

--Eres del Madrid y de Argentina… ¿Cómo se siente uno viendo a un astro azulgrana con la pelota en los pies, pero defendiendo tus colores… nacionales?

--Mi filiación argentina me está permitiendo saber qué se siente cuando Messi juega en tu equipo y no en el del enemigo. Es decir, si cada vez que controla la pelota en el Bernabeu el miedo me cierra la garganta, ahora es al revés: cada vez que arranca mi reacción es de fe y entusiasmo. Es muy duro que Messi juegue contra ti. Y es gozoso saber que tienes entre los tuyos a un crack tan determinante.

--Les pasaba a los culés, cuando en el Madrid jugaba Di Stéfano, y éste también estaba en la selección española.

--La comparación que haces con Di Stéfano es perfecta, porque Messi, aunque el Barcelona ya tuviera alguna copa de Europa cuando él llegó, es el inventor de la leyenda europea del Barça, como Di Stéfano, cincuenta años antes, lo fue del Madrid. Pero claro que da miedo.

Pero claro que da miedo, exactamente, como sucede al revés ahora: a los culés les da miedo Cristiano Ronaldo, que es como el espejo de Blancanieves con respecto a Messi. Con esa comparación, que puede resultar odiosa (también para cada uno de los dos futbolistas estrellas del Madrid y del Barça) fui a varios madridistas acérrimos. Como el propio Gistau. ¿Cómo se vive esa acechanza? “La coincidencia de estos dos cracks”, dice David, “es estimulante para ambos, por más que Cristiano parezca gestionarla peor, con más ansiedad. Aun siendo un deporte colectivo, el fútbol lo hicieron grande las individualidades y las rivalidades entre éstas. En eso termina pareciéndose un poco al boxeo, a esos desafíos míticos de los púgiles que iban dándose revancha durante cuatro cinco combates considerados todos del siglo. Ambos jugadores han sido importantes para que los duelos Madrid-Barça de los últimos años fueran los más intensos que se recuerdan”.

Con la misma inquietud por saber cómo se siente un madridista ante el fenómeno del pibe de Rosario fui a otros madridistas igualmente ilustres. Esto es lo que piensa Vicente Verdú, autor de libros de sociología del fútbol. Dice el escritor de Elche (y del Madrid) que Messi ha cambiado a Cristiano “a madriditis barcelonista. En el Real Madrid se vive sin cambiar nada sustancial en función del Barça. Otra cosa es que se le quiera ganar siendo mejor”. ¿Y cómo ha cambiado Messi? “Hacia un progresivo ensimismamiento en un YO gigante que exige mucha atención y mucha alimentación”. ¿Ha cambiado al fútbol? “No es de los que cambian el fútbol pero sí de los que alteran la jerarquía en la historia individual y legendaria de los jugadores máximos”. ¿Ha cambiado al Barça? “El Barça cambió para mejor y después para peor. No es cosa de Messi, sino de la ley de vida contra la que no ha podido la fama inmortal de un jugador. Si se va a ver a Messi es un antiguo, un fenómeno particular y no de equipo”. Para Verdú, “Messi es el no va más jugando al fútbol y un enfermo mental segundos después. Cosa de genios”.

Tomás Roncero, periodista del diario deportivo As, que comparte la pasión por Cristiano (y el por el Madrid) siente la misma distancia: en la comparación con el crack madridista, se inclina por éste: “Es el profesional 10, el jugador que cuida su cuerpo si fuese su última razón de ser. Jamás se arruga ni se esconde. Messi depende más del talento y de su inspiración. Son muy diferentes”. ¿Y Messi ha mejorado a Ronaldo? “Seguro. Ambos se han retroalimentado estimulando la mejoría del otro. Messi no sería igual sin Cristiano ni Cristiano sin Messi”. ¿Y esa competividad ha sido beneficiosa para el fútbol? “Totalmente, su duelo ha sido de lo más grande de la historia del fútbol. Su afán por mejorar al rival ha elevado las prestaciones de cada uno hasta límites que jamás habíamos visto en un futbolista. Eso de meter 50ó 60 goles por año de media no tiene precedentes”. Messi le ha dado más dolores de cabeza a este madridista que el ya legendario Ronaldinho. Pero, ¿te hace feliz el juego de Messi, como aficionado? “Me deja un poco indiferente. Asumo lo gran futbolista que es, pero siento que ha estado sobrevalorado. Sin Xavi ni Iniesta nunca fue en Argentina el del Barça. Además, hubo un tiempo en el que los rivales se amedrentaban ante él y le dejan pista libre. Desde que le han perdido el miedo se ve un Messi más terrenal y, en consecuencia, más limitado”.

¿Más limitado? Con iguales preguntas fui a un cronista que irrumpe con enorme fuerza en el panorama literario español, Manuel Jabois, joven periodista de El Mundo. Aparte de rivalidad, ¿qué ha aportado a Cristiano el juego de Messi? “Lo mismo que CR a Messi: gol. El juego de los dos sería el mismo sin el otro porque Messi vive en una burbuja, aislado del ruido, conectado al césped, y CR es una competición continua: si no tuviese al lado a Messi, competiría contra sí mismo. Pero el hecho de marcar un número tan salvaje de goles sin ser ninguno de los dos delanteros natos creo que les hace más egoístas delante de la portería”. ¿Qué fútbol representa cada uno? “El fútbol antiguo: Messi el del gambeteo, más callejero, más natural; CR el exuberante, el despliegue abrumador de recursos ante el contrario. Reducirlo a calidad/físico es un disparate porque Messi tiene un físico extraordinario y CR una calidad de primera clase”. ¿Se podría decir de Cristiano que es la fuerza (casi) infinita? ¿Qué sería, infinito o no, Messi? “Messi es indescrifrable”, dice Jabois. “Es parte de su encanto. Supongo que también lo que le acerca científicamente a la genialidad. Pep se fue del Barcelona porque no podía interpretarlo más, directamente no lo soportaba; alguien como él desgasta. También desgastaba Picasso”. ¿A un aficionado como tú le puede gustar un futbolista tan determinante del otro equipo? “Es como la mujer cañón de tu mejor amigo: seguro que me quiero acostar con ella, pero prefiero que lo deje por otro”.

Picasso, Kafka

A nadie deja indiferente. Ni en la distancia. Hablé con dos madridistas de la diáspora, Sylvia Colombo, brasileña que fue corresponsal de Folha de Sao Paulo en Buenos Aires, y Francisco Peregil, corresponsal de El País en la capital argentina. Dice Sylvia con respecto al principal enemigo del hombre madridista (y, ahora, de los adversarios de los argentinos): “Creo que el aprecio argentino por Messi mejoró mucho, y el punto principal fue la Copa América de 2011, jugada en Argentina, en que Messi estuvo a gusto y jugó con la selección cerca de lo que jugaba en Barcelona; por primera vez en las tribunas surgían banderas en su apoyo, pidiéndole perdón abiertamente… Sin embargo, muchos argentinos se lamentan de que no sea un ídolo típico argentino como Maradona: medio caudillo, lleno de exageración, mujeriego… En un país golpeado en su credibilidad, por la crisis económica y política, representa el sueño de ser el primero, el símbolo del éxito… Es muy amado por los niños, y a los papás les encanta que el ídolo sea Messi, porque es buen mozo, serio, exitoso…” ¿Y cómo ha ido cambiado tu propia impresión sobre el astro? “No soy muy experta en cosas técnicas, pero acá en Brasil ahora lo veo más sólido, más plantado en el césped, más consistente; antes parecía más liviano. Desde un punto de vista moral/particular, a mi no me gusta esta onda familiera y católica en que vive, pero eso es muy particular. Tampoco me gusta que sea un chico que no haga nada aparte de jugar al fútbol; dice que se aburre con todo, no lee, no ve películas… Me parece un tipo poco interesante como ser humano. Nuestro amigo John Carlin dice que lo entrevistó un par de veces ¡y que no aceptaría una tercera, porque es un tipo muy aburrido!”

Según Peregil, el aprecio argentino por Messi “ha aumentado con el último Mundial”. Y añade: “Pero sigue con él la gran deuda pendiente. Todo el país parece convencido de que Messi tiene que ganarle un mundial a Argentina para compartir el podio con Maradona. No despierta los mismos amores que Maradona. Y por supuesto, tampoco las mismas fobias, que también hay quien se muestra muy crítico con Maradona. Pero con Messi no sucede eso… Aquí nadie discute nunca que Messi es el mejor jugador argentino del momento. Y eso contribuye a que la inmensa mayoría de los argentinos se declare del Barça, a pesar de que en el Madrid juegan también Di María y hasta el año pasado Higuaín…” ¿Cómo ha ido variando tu impresión sobre el astro? “Mi impresión siempre fue muy buena… Yo siempre dije que es mejor jugador que Maradona. Nunca tendrá el carisma ni la inteligencia de Maradona. Pero ha tenido mucha más capacidad de superación. El Messi de la época de Ronaldinho era una especie de versión perfecta de Di María: un puñal por la banda, con tiro regate imposible de frenar y tiro potentísimo. Después se convirtió en un jugador mucho más completo, con capacidad para ver el fútbol desde el centro del campo y dar pases a lo Xavi. Eso era también lo que hacía Maradona… Creo que Messi está mostrando bastante más regularidad que Maradona. El problema es que siempre ha jugado en el mejor equipo de la historia (te lo dice un madridista). Y eso no contribuye a forjar una leyenda. Imagínate que hubiese empezado en el Betis y lo hubiera hecho campeón. ¿Dónde hubiera estado Messi en el corazón de los españoles y de los argentinos?”.

Está, por así decirlo, en el corazón del fútbol

Ahora él es el Barça. Así lo ha visto, a lo largo de la historia, alguien que lo vio (para describirlo) muy de cerca y desde que empezó a crecer. Es Ramón Besa, que escribe en El País sobre el equipo español del pibe de Rosario. “Messi entendió desde pequeño el juego del Barça, lo procesó, lo metabolizó, para después, cuando ya entró en el primer equipo, marcar las diferencias. Hasta su llegada el delantero goleador siempre había sido alguien fichado, no producido por el club. Messi tiene la genética argentina (familiar) y la genética azulgrana (futbolística). El Barça no producía un 9 catalán hasta Messi, si es que Messi es catalán. Messi es el punto y final perfecto del juego. Por eso ha sido tan importante como goleador, más que como productor o generador de juego, o desequilibrante en el extremo. El mejor Messi es el que Guardiola puso de falso 9. Ahora ya es otra cosa. Messi le dio grandeza, vuelo y sentido al juego del Barça: sin él podía haber sido un equipo más chato, menos agresivo futbolísticamente, menos ambicioso. Messi nos dijo un día a Lu [Luis Martín, de El País también]: ´Mi suerte es haber caído en este Barça`. La del Barça es haber tenido a Messi. Los dos son complementarios”.

Marcos López, de El Periódico de Catalunya, comparte con Besa la experiencia de ver a Messi partido a partido, y opina como su colega. “Messi cambió al Barça para siempre. Habrá un antes y un después de Leo. Un niño diminuto, llegado en pleno proceso de destrucción del club (inicio de la década de los 2000), que modifica la historia del club. Pero creo que Messi no hubiera existido sin el Barça. Sin este Barça, sin esta cultura de juego, sin esta filosofía, sin estos socios, sin Xavi, sin Iniesta, sin la paciencia meticulosa de Rijkaard para gobernar su irrupción y, obviamente, sin la complicidad de Guardiola, el técnico que mejor escuchó los silencios de Leo. No sólo los escuchó sino que los descodificó. Dentro de unos años, el Barça de Guardiola y de Messi. O el Barça de Messi y Guardiola figurará en el panteón del fútbol mundial. Una obra de arte”.

Arte y Messi

Picasso y Kafka en la misma figura. Un predestinado. Así lo ve Santiago Segurola, uno de los grandes escritores del fútbol en España. “Es relevante por varias razones. Ha confirmado que la mayoría de los genios del fútbol son unos predestinados. Suelen adelantarse al tiempo de los demás, no de los buenos jugadores, sino de los buenísimos. Messi, Maradona y Pelé eran estrellas mundiales antes de los veinte años. Con una edad juvenil desplegaban unos recursos inauditos, una prestancia y capacidad competitiva impensable en jugadores tres, cuatro o cinco años mayores que ellos… En todos ellos había algo mesiánico… Otro aspecto fundamental de Messi es su estilo de juego. No he visto a un delantero capaz de completar la ecuación máxima velocidad+máxima habilidad+máxima precisión=indefendible. Es un jugador de dos escuelas. Una, la original, la del barrio, que se puede considerar argentina de nacimiento. Otra, la metódica, cartesiana, del Barça. Esta última influencia le ha permitido perfilar sus recursos en un clima extremadamente favorable. Es decir, naturaleza y método. No es sencillo. La mayor parte de los jugadores como Messi se dejan llevar por sus cualidades y olvidan los elementos colectivos del juego. Messino. Un rato era Messi, otro Xavi, otro Iniesta y otro Etoo. Esa capacidad camaleónica para elegir adecuadamente cada momento es el máximo indicador de la inteligencia de un futbolista. La ventaja de Messi es que podía ser cualquiera en el campo y ser el mejor. En cambio, ni Xavi, nio Iniesta, ni Etoo –tres jugadorazos—podían ser Messi”.

Le pregunté a José Samano, escritor de El País, su responsable de Deportes durante años, por las mismas cuestiones. A él lo que le sorprende es que Messi siga jugando como cuando era un niño, “con las mismas emociones”; los incidentes de los últimos tiempos (los escándalos fiscales, por ejemplo) no parecen haberle afectado… “Quizá juegue peor, pero en el campo le veo igual: con las mismas picardías, sigue saludando a la abuela tras sus goles, se sigue enfurruñando, sigue regateando, sigue procurando hacer sus cañitos… Quizá sea más inocente ahora, pero en el campo sigue siendo el niño de Rosario. Al fútbol le ha aportado fantasía; y siendo más enclenque de Maradona puede ser mucho más grande”.

A Diego Torres, colega de Sámano en El País, le pregunté por el efecto que han podido tener en el pibe de Rosario aquellos escándalos. “Pienso que lo han deprimido, pero él está abatido personalmente por otras cosas”, cree Torres. “Ya no es el centro de la casa, nació su hijo; nunca se ocupó de nadie y ahora se ocupa de un niño… Eso ha coincidido con la cuestión de Hacienda y con su pelea con la directiva del Barça. Eso lo ha desbordado, afecta a su carrera, le quita energía, le aminora el entusiasmo… Parte de su encanto era que era un muchacho intachable, y aparecen estas cosas… Eso le ha pegado de lleno, y con esa preocupación se ha ido a Argentina. Pero Messi dormido es un Messi latente, y ya ves cómo se despierta y juega. En el Barça se reservó tan solo cuando se cabreó con la directiva, que extendió la especie de que él era un pesetero; a él el dinero nunca le importó. Le importó el fútbol, y ahí estará siempre por encima de sus abatimientos”.

Santi Giménez, que conoce a Messi desde chiquito, esto le parece el pibe: “Un talento descomunal e innato que encontró el mejor laboratorio futbolístico en el fútbol base del Barcelona. Ese mismo talento en cualquier otra parte del mundo no creo que hubiese explotado de esta manera… Al principio, Xavier Llorens, el técnico del fútbol base del Barcelona que primero lo tuvo y que fue quien insistió para que se quedara cuando la directiva casi lo deja escapar por no pagarle el tratamiento hormonal. A partir de ahí, la dea futbolística del Barcelona es la que le forma siguiendo un patrón en el que se encontraba como pez en el agua”.

Se quedó; salvó al Barça salvándose a sí mismo.

A Segurola le parece que ahora Messi inspira “una cierta ternura”. “Se le ve sufriente. A veces parece que recuerde al jugador que fue y no consigue recuperar a ese futbolista. Hasta se esfuerza más y pierde naturalidad”.

Le pregunté al dibujante Rep, argentino, si le resulta fácil dibujarlo. “Sí, es muy dibujable. A mi me sale fácil, es simple, como dibujo belga. Ligeramente encorvado, mechoncito de pelo apenas asombrando la frente, nariz aerodinámica, ojos puntitos. Emoción cero, pero nunca frí, nunca agresiva. Maradona nunca fue fácil de dibujar para mi”. A Manuel Vicent, escritor español, constructor de metáforas, le pedí una que definiera a Messi. Me dijo: “Borges decía que estaba más orgulloso de lo que había leído que de lo que había escrito. Messi debería estar más orgulloso de los goles que regala que de los que marca. Pasar la pelota es la lectura. Marcar goles es la escritura”. ¿Y cantarlo es posible cantarlo? Se lo pregunté a Alejo Stivel, músico argentino, aficionado al Barça, que ahora vive entre su Buenos Aires natal y su Madrid adoptado: “Tiene el ritmo de una chacarera rápida y frenética, alegre y ligera; cuando se mete en el área, entre el fuego enemigo, suenan los rasguitos de las guitarras y los bombos legüeros. Con la fugacidad de un suspiro les mete un gol sin que casi se den cuenta...”

Pero aquel muchacho que se llevaba la pelota consigo en el cuento de Fontanarrosa se parece, en los sueños de lo que lo ven jugar, a esta metáfora que me dejó en el correo Santiago Segurola: “De Messi, que es un jugador terrestre y no aéreo, sólo se me ocurre una imagen: una rueda de fuego”. Ahí se lo ve llegar, con la pelota agarrada al pie, indiferente, y a su alrededor prende como una llamarada el fuego del fútbol.

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Ahora que es el mayor goleador de la historia, sonríe otra vez y lleva al Barça como si fuera el balón que el personaje de Fontanarrosa manejaba a su antojo, se puede decir que a Messi lo acompaña el record como alguna vez lo acompañó la melancolía.

[Este reportaje fue publicado en la revista argentina Viva el 14-12-14].

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