Una convivencia difícil desde su fichaje por el Bayern de Múnich
La marcha del ídolo polaco al Bayern, el máximo rival del momento, cayó como una bomba entre los aficionados. El jugador lo arregló con un comunicado.


El caso Lewandowski (Varsovia, 1988) es un ejemplo del modo de actuar del Borussia. El tope salarial hizo imposible que renovase (aquí cobra cuatro millones brutos). Watzke, el director ejecutivo borussen, y Zorc (director deportivo que le trajo por 4,7 millones del Poznan polaco) echaron cuentas. Venderlo el verano pasado le habría reportado 20 millones de euros al club. Prefirió quedárselo, dejar que se fuera libre y asegurarse pasar rondas esta temporada en Champions, donde ya han ingresado 40 millones.
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La marcha del ídolo polaco al Bayern, el máximo rival del momento, cayó como una bomba entre los aficionados. El jugador lo arregló con un comunicado: “Queridos hinchas. Aún nos queda medio año por delante (se confirmó que se iba en Navidad) en el que tenemos objetivos que podemos lograr juntos. Aunque haya algunos hinchas que no estén de acuerdo, espero su apoyo”. Y convenció a los que eran reacios y le acusaban de “traidor” a base de goles. Desde que se reencontró con su afición tras pasar reconocimiento con el Bayern ha marcado ocho en 13 partidos. Esta temporada lleva en total (entre todas las competiciones) 24 tantos en 39 encuentros (promedia 0,6). Una aportación a la de su gran campaña, la pasada: 36 goles (10 de ellos en Champions) en 49 partidos (0,73).
Lewandowski es un delantero que se ha hecho a sí mismo. Con 15 años sufrió la pérdida de su padre, Krzystof, campeón de judo de su país. Tomó la responsabilidad de cuidar a su hermana Malena (también futbolista internacional Sub-21 con Polonia) y su madre Iwona, profesional del voleibol en el AZS Varsovia. “Es de los jugadores más emocionantes que he visto en los últimos 10 años”, ha dicho Klopp de él. A partir de la temporada que viene lo disfrutará Guardiola.



