Juventus - Real Madrid | Boniperti

"Santiago Bernabéu era guapo, alto... Hizo grande al Real Madrid"

Giampiero Boniperti (Barengo, 1928) desarrolló toda su carrera como futbolista en la Juve formando junto a John Charles y Sívori el denominado ‘trío mágico’.

Boniperti.
Marco Ruiz
Marco Ruiz
Redactor Jefe Real Madrid
Nació en Granada en 1977. Licenciado por la Universidad Europea, entró en AS en 1999, por tanto, es canterano y ‘one club man’. Tras hacer la información del Atlético dos años pasó a formar parte de la sección del Real Madrid, de la que ahora es su Redactor Jefe. Cubrió la Eurocopa de 2008, tres Mundiales de Clubes y una final de Champions.
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¿Cómo llegó a la Juve?

—Vine en 1946 porque el médico del pueblo de Barengo, donde yo nací, era de la Juve, y conocía al responsable técnico de la entidad, Borel. Yo tenía fama por marcar goles aquí y allá de muy niño. Había entonces la costumbre de hacer un pre-partido para entretener al público, me invitaron y fui a Turín. Jugamos contra el Fossano. Ganamos 7-0. ¿Sabe cuántos metí yo? Los siete…

—¿Qué se encontró cuando llegó a la Juve?

—Estaba Rava, Locatelli, Parola… Había muchos campeones del mundo. Llegaron extranjeros como Hansen, Martino o Praest. La pena es que a finales de los 50, cuando comenzó la Copa de Europa, el equipo más fuerte era el Madrid.

—¿Conoció a Bernabéu?

—Sí. Era un hombre alto, guapo. Era un gran personaje que hizo muy grande al Madrid.

—¿Jugó contra el Madrid?

—Me retiré unos meses antes de la eliminatoria del 61. Me acuerdo que Del Sol jugaba como mediapunta derecho, cogía el balón y llegaba hasta la portería contraria. Y Di Stéfano, que era un genio, le gritaba: “¡Luis, que la pelota no es tuya, es de la sociedad (del club)!”. Luego estaba Puskas. Conocía a todos.  Pachín era el más grande ‘pegador’ del mundo. Cómo repartía…

—¿Pegaba más que Gentile?

—¡Gentile era un santo comparado con él! Pachín tenía físico, aspecto, todo. Era malo. Era el clásico malo del grupo. Luego estaba Santamaría. Muy bueno. Incluso como hombre. Pero Di Stéfano me gustaba todavía más. ¿Sigue vivo?

—Por supuesto. ¿Fue el mejor de la historia?

—¡Espere! Yo he visto a muchos grandes jugadores a lo largo de mi vida, Di Stéfano, Puskas, Charles, Sívori, Maradona…

—¿Qué recuerda de Puskas?

—Tenía una zurda fuerte. Di Stéfano iba hacia atrás y se la ponía justo allí, donde él quería, y metía unos goles... Hacían la pareja perfecta.

—¿Qué sintió cuando llegaron Sívori y John Charles?

—Charles era la persona más buena del mundo, el más fuerte, pero bueno. Sólo moviéndose te hacía daño. Le decía: “John, somos amigos tuyos, defiéndenos, pon los brazos así en el área para que los demás pasemos…” (risas). Pero no, él siempre jugaba con los brazos abajo, era un buen hombre, una persona extraordinaria.

—¿Qué pensó la primera vez que le vio?

—Era un jugador increíblemente alto, 1,90. Llegó como campeón militar del peso pesado de boxeo de su país (Gales). Era un boxeador fantástico.

—¿Usted llegó a verle alguna vez en acción?

—¡Nunca! Él era el Gigante Bueno. Si le hubiera pegado a alguien le habría destrozado. Y era graciosísimo, se sabía tan superior al resto que cuando algo le molestaba me solía decir: “¡Boni, pégale a éste que se ha portado mal!”.

—¿Nunca le vio fuera de sí?

—Bueno, una vez dio una patada en el suelo, frustrado, y el suelo tembló, estuvo a punto de romperlo. Y otra vez le vi pegar un cachete a Sívori.

—¿Le pegó a Sívori?

—Cuando Sívori hacía el Sívori, de hombre latino, a veces se ponía nervioso. Sívori era inteligente y simpático, un líder dentro y fuera del campo.

—¿Cómo se organizaba aquel trío mágico que formaban los tres?

—Ellos dos eran los puntas. Acabaron retrasando mi posición. Yo me movía de ala a ala (de banda a banda).

—¿Recuerda la primera vez que habló con L’Avvocato?

—Gianni Agnelli era un tipo fantástico. Su abuelo tenía la Cruz del Mérito Militar por luchar en la I Guerra Mundial. Hacía cosas increíbles, como plantarse en mitad del entrenamiento con un helicóptero. Y después, cuando me hizo presidente, me llevaba a ver los partidos en su helicóptero. Un fenómeno.

—¿Y su hermano Umberto?

—Muy inteligente, muy preparado. Una familia de buenas personas. Él fue quien fichó a Sívori y Charles. Con L’Avvocato gané dos campeonatos y con su hermano Umberto tres. En total 14, porque yo también gané nueve como presidente.

—Usted también hizo grandes fichajes, ¿no?

—¡Estuve a punto de traer a Maradona! Me fui hasta Argentina pero el presidente Grondona, que lo odié, no firmó el pase. Para que un jugador se marchara tenía que firmar la federación. Si no, era imposible. ¡Y luego se lo dieron al Barcelona!

—¿Por qué no firmó?

—Tenía mucha presión de la gente, le habrían matado, pensé yo. Maradona hasta me llamaba presidente. Fui allí con Sívori y lo convencí.

—También quiso fichar a Gigi Riva, el gran rival de la época.

—Siempre que le veía le insultaba y le decía que perdió una buena ocasión. Puedo insultarle porque soy viejo, porque le conozco bien. Quería comprarle, pero estaba enamorado de Cerdeña y del Cagliari y era imposible sacarlo de allí. Ofrecí mil millones de liras, una locura para la época. Mire, yo traje a Del Piero, Platini, Bettega, Zoff, Laudrup… A todos les hacía firmar en blanco y luego ponía la cantidad en sus contratos. Nadie se quejó nunca…

—¿Cuál es su mejor recuerdo como jugador?

—Cuando fui a Wembley con la selección FIFA para jugar contra Inglaterra en 1953. Fue un honor. Allí coincidí con un español, Navarro. Actuaba atrás. Yo jugué con Kubala, Nordahl, Vukas y Zebec en primera línea. Quedamos 4-4, con dos goles de Kubala y dos míos.

—¿Con todo lo que ganó con la Juve por qué ese partido?

—Fue muy especial para mí. Estuvimos a punto de derrotar a aquella Inglaterra que hasta la fecha nunca había perdido en su país. Empataron gracias a un penalti que fue señalado al final. ¡Nos queríamos comer al árbitro! Recuerdo la jugada. Era un balón alto y nuestro portero yugoslavo (Beara) saltó limpiamente a por él y lo atrapó. ¡Y pitó penalti! No nos lo creíamos… Pero de esto no ponga mucho, no es elegante.

—No olvide que conversa con un periodista… ¿A usted nunca quiso ficharle el Madrid?

—Sí, creo que alguien lo intentó pero sabían que yo no quería irme de la Juventus.

—¿Por qué decidió dejar el fútbol a los 33 años?

—Jugué mi último partido ante el Inter. Fue un 7-1. Sólo mi mujer y yo sabíamos que era el último. A L’Avvocato sólo se lo había dicho sin dejarlo tan claro para evitar que se enfadara. En efecto, intentó hacerme volver varias veces.

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—¿Y qué pasó después?

—La entidad intentó fichar a Pelé. Pero también se dio contra un muro. El Estado de Brasil no le permitía salir, como con Maradona… Y pasó que un día me sonó el teléfono a las seis de la mañana, que era cuando L’Avvocato llamaba, y me dijo: “Hoy vas al club y a partir de ahora mandas tú”.

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