¡El Corazón de España!

la contracrónica | PORTUGAL 0 (2) - ESPAÑA 0 (4)

¡El Corazón de España!

¡El Corazón de España!

Será difícil olvidar esa tanda de penaltis que empezó helándonos la sangre y terminó con el fuego de una pasión en rojo y gualda que sacó a España a la calle. El domingo estaremos en Kiev.

¡Faraón de Camas! Este maravilloso pueblo sevillano merece un estudio científico. Allí nacen personas con un duende especial, con arte, con sentimiento, sin dobleces, capaces de convulsionar a un país entero hasta llevarle al delirio. Curro Romero es una leyenda viva del toreo. Y desde anoche, en torno a las 23:25 horas, existe otro mito nacido allí hace 26 años. Se llama Sergio Ramos. Un tío con un par, capaz de remar río arriba, infatigable, duro como el acero, señor de sus silencios y dueño de sus revanchas... Sergio es el caballero medieval que sacó la espada de Excalibur, el Braveheart que se desnuca escuchando el himno de España, ese país y ese escudo que ama por encima de todas las cosas. Ramos sintió que una nación entera esperaba su reacción tras su comentado penalti con el Bayern. Un cobarde se habría borrado de la tanda. Pero él llevaba días ensayándolos, esperando su minuto mágico, el MOMENTO RAMOS. Su corazón es como sus abdominales: una piedra granítica. Es un coloso que fue capaz de levantar a un país con su astucia, su delicatessen, su genialidad que llenará los libros de historia. Sergio se bebió un trago de la pócima del amor eterno de una afición que desde ahora le pondrá alfombra roja por donde vaya. Merece la pena haber existido para disfrutar de ese instante que nos llenó de fuerza, de sentimiento patriótico, de orgullo por ser españoles, por sentirse partícipes del equipo más grande de todos los tiempos. Ramos coronó el Eve-rest de la Justicia. Tenía que ser él, en alianza con El Príncipe de España: IKER CASILLAS...

 Su Majestad Iker. Disfruté de la hazaña en AS junto a mi Luci (llevaba mi camiseta de España como amuleto) y junto al pequeño Marcos, que lucía la camiseta verde de Casillas con la que ganó el mano a mano de Robben en Sudáfrica. Yo llevaba la camiseta de España de Iker que AS promocionó hace dos años. Los dos apostamos por nuestros Santo, nuestro guardián del calabozo, nuestro quiero y puedo. Relaño se debatía entre la excitante transmisión del Carrusel de la SER y los sms pidiéndome una palabra de aliento, de optimismo. Le dije: "No olvides que está Casillas, nuestro jocker de la baraja". Por eso, cuando el gran Xabi Alonso se encontró con un paradón de Rui Patricio (enorme porterazo), me serené al mirar los guantes imantados del Gigante de Móstoles. Moutinho sólo veía una araña amarilla de dimensiones colosales. La paró. Como siempre. Y ahí empezó otra batalla psicológica, con Iniesta de mi vida y Piqué (¡excelente penalti. Gerard!) cumpliendo con su parte del trato. Pepe (al que le sobró un rodillazo impresentable a la espalda de Xabi y un codazo a Pedro) y Nani no se arrugaban. La tensión helaba el calor africano que padecemos, pegados al televisor como si asistiésemos a la invasión extraterrestre de Orson Welles. Pero irrumpió Pirlo, en versión andaluza. Su golpeo, digno de un Balón de Oro, nos puso en pie, nos arrebató, hundió a los portugueses y logró que Bruno Alves destrozase el larguero de San Iker. Quedaba Ice Man Cesc. Como en Viena 2008...

Éxtasis. Cesc demostró tener un par y no le tembló la pierna. La enchufó tocando al poste de Rui Patricio, para prolongar un instante mágico que nos hizo levitar a 46 millones de españoles. El partido, algo tostón, nos daba igual. La prórroga valió por todo y hasta Cristiano se quedó fuera de la tanda en un capricho del destino que le vendrá bien. Nadie podrá reprocharle a su regreso que hizo nada malo contra la nación que alimentará su talento en los próximos años. No es culpa suya. España es mucha España. ¡YO SOY ESPAÑOL, ESPAÑOL, ESPAÑOL!

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