El jugador número 12
Benzema sigue en estado de gracia y el Madrid se entregó al entusiasmo de un Bernabéu 'caliente' que le llevó en volandas para destrozar la maldición. El Lyon acabó revolcado y Cristiano no recayó de su lesión. Y mañana, sorteo.


¡Qué noche, amigos! Lo de terminar con la maldición de octavos, por importante que parezca, fue lo de menos. La maravilla de este 16-M fue el reencuentro del madridismo con sus esencias más íntimas, con la recuperación de su orgullo en Europa, la reconciliación amorosa entre el santuario del Bernabéu y sus héroes, la entronización de un entrenador carismático, querido, con liderazgo y poder de seducción. El Madrid ha regresado a lo bestia, sin medias tintas. Goleada de ilusión, sin "obsesión", como ya profetizó Mourinho en la víspera de la gran juerga ante el Lyon. Ganar por 3-0 satisface, pero la conquista es mucho mayor porque va más allá de lo futbolístico. La imagen de Marcelo en la fotografía que preside la página lo dice todo. No es la celebración de su gol zidanesco (ese recorte en seco le coloca en el Olimpo del fútbol). El gesto responde a un remate del brasileño que sacó Lloris junto a su palo al principio de la mágica velada. Hechizado por el impacto escénico del Eurobernabéu, Marcelo miró a la grada y pidió que se volcase, que gritase, que entrase en el campo, que 'jugase' el partido... Marcelo lleva el número 12. Dedicado a la afición. ¡San Marcelo!
A sus órdenes, míster. Eso pareció decir el graderío, que recogió el recado enviado por el club dos días antes del festival ("¿quieres verlo o jugarlo?"), así como el mensaje de Mourinho que logró picar el orgullo de ese madridismo que ha recuperado sus constantes vitales y ha desterrado el habitual tic que le llevó durante años a parecer un gran Tendido del 7. La pancarta gigante del Fondo Sur era explicativa y sintomática de lo que iba a suceder: "Cuanto más grande es el objetivo... mayor será la gloria por haberlo conseguido". En la segunda parte, el estadio botó, vibró, cantó a coro y unió sus manos en torno a estos adolescentes que aventuran una década prodigiosa de fútbol y títulos. Di María por allí, Özil por acá, Xabi danzando y Benzema bailando. Y Marcelo convirtiendo el partido en una fiesta universitaria con barra libre para consumir sin miedo. El Lyon llegó a amagar en el primer tiempo, con esa versión física y tormentosa que lo convierte en un equipo tan peligroso como insoportable. Pero la second half fue un monólogo en blanco, con media Europa asombrada ante la exhibición de un Madrid que presentó su candidatura. Con humildad, pero con orgullo. A este Madrid imperial sólo el Barça le puede plantar cara. El resto son netamente inferiores, aunque estando Raúl de por medio prefiero que el sorteo de mañana nos aleje del gran capitán al menos hasta las semifinales...
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El pueblo vibra. El cocido de la suerte en La Mancha (impagable, Toñín) alimentó la goleada a ritmo de garbanzos y puntas de jamón engullidas por los amigos de La Quinta del Buitre de Requena, Miranda de Ebro, la familia Martín Rosales de Puente Genil, Villarrodrigo, Alaior, Veteranos y Noveles de Rubí, Fraga, Asturias y Tívoli (estrenó pancarta del Clavo Ardiendo: "Esfuerzo, escudo y afición, todos unidos por una misma ilusión"). ¡HALA MADRID!



