Özil inspira al mejor Madrid

RACING 1 - REAL MADRID 3 | LIGA BBVA

Özil inspira al mejor Madrid

Özil inspira al mejor Madrid

AFP

Excelente primer tiempo del Madrid, que ofreció sus mejores minutos del curso. Soberbio Özil y magnífico Benzema, autor de dos goles. Adebayor marcó y falló un penalti, como Pinillos.

Se anunciaba cataclismo, nubes negras y grandes calamidades para el Real Madrid por la ausencia del lesionado Cristiano. Pero sucedió que salió el sol y brilló más que nunca para iluminar el mejor partido del Madrid esta temporada. Con un fútbol elaborado, combinaciones rápidas y con sentido entre todos sus jugadores se vio a un equipo inspirado, comprometido, centrado y con solistas maravillosos. Pero ninguno alcanzó el nivel de perfección que regaló Özil, un futbolista de presente espléndido y futuro indescifrable. Quizá ni él sepa hasta dónde será capaz de llegar con su juego. Si se asocia crece el Madrid y si decide inventar en solitario, el final seguramente será divertido.

Sus pases son dibujos en el aire, pinceladas de un genio que despeja su camino de rivales con sutileza y elegancia. No estuvo solo, le secundaron Xabi Alonso, Di María y Benzema, espléndido también y que sumó dos nuevos goles con los que respondió al anterior de Adebayor.

El Madrid provocó un vendaval de fútbol que se llevó por delante todo lo que encontró a su paso. No dudó ni un instante y no admitió ninguna objeción por parte del Racing, superado en todas las líneas y en todos los minutos, de principio a fin, de la pizarra al césped. Llegó la hora de ver el fondo de armario de esta plantilla y la personalidad de algunos de sus jugadores, liberados de la presencia arrolladora de Cristano, sobre el que volveremos más tarde. Se volvió a demostrar que Granero es la mejor compañía para Xabi Alonso, al que no estorba, que ya es más de lo que puede decirse de los socios habituales del mediocentro internacional. Granero ofrece una alternativa más en la salida del balón y sólo le falta dar un paso adelante, dar un golpe en la mesa y, quizá, creérselo. Si es capaz de hacerlo, ese puesto debería ser suyo. Depende de él.

Ausente Cristiano, la responsabilidad ofensiva se la repartieron Özil, Di María, Benzema y Adebayor, el más flojo del cuarteto. Cada uno ocupó su espacio, supo dónde estaba su sitio y puso sus virtudes al servicio del colectivo. Creció el Madrid como equipo y el resultado fueron los mejores minutos del curso. Una primera parte brillantísima, capaz de competir en belleza con cualquier rival. Así de exagerado y de excesivo fue el fútbol construido por el Madrid. No supo mantener el tono, o no quiso, en el segundo tiempo. Perdió ritmo, intensidad, el balón circuló más atropellado y las buenas sensaciones anteriores se difuminaron. Tanto se relajó el Madrid que invitó al Racing a volver a la vida.

La catarata de elogios que provocó ese juego del Madrid no debería reconducirse en una crítica hacia Cristiano. La presencia del portugués condiciona el juego del equipo, como no podía ser menos. Estamos hablando de uno de los mejores del mundo. La cuestión es poner sus enormes cualidades al servicio del equipo. Equipo y estrella deben caminar en la misma dirección, pero con él en el campo claro que puede jugar el Madrid al nivel que ofreció en la primera parte.

Con Xabi Alonso y Granero aguantando al equipo en el centro, que manejaron a su antojo y sin más oposición que la fue capaz de ofrecer Lacen, por delante de ellos se movieron Di María, Özil y Benzema. Intercambiaron sus posiciones hasta componer diferentes dibujos que pasaron del 4-2-3-1, al 4-4-2 y hasta lo más parecido a un 4-3-3, con Di María cerca de los mediocentros y Benzema y Özil abiertos en las bandas con Adebayor arriba.

El comienzo del Madrid fue arrollador. Sus primeras llegadas se encargaron de desperdiciarlas Benzema y Adebayor. Sería para acabar con el debate de quién debe jugar. Fallaron los dos y todo arreglado. Pero nada comparable con el esperpéntico remate de Marcelo, al cuarto de hora. Un espectacular pase de Di María rompió la defensa del Racing y dejó al brasileño ante Toño. Le eludió sin problemas y con la portería libre de obstáculos golpeó el balón con el pie derecho y lo envió bien lejos del arco. Tres ocasiones claras a las que se sumaron los disparos de Xabi Alonso y Benzema al larguero.

Era cuestión de ajustar el punto de mira y no tardaron en hacerlo. El primer gol nació en una preciosa combinación al primer toque entre Özil, Benzema y Adebayor, que en apenas cuatro metros se pasaron el balón seis veces hasta que el alemán se lo regaló al togolés para que lo empujara. El segundo tanto lo inició Colsa con un pase a Xabi Alonso, que buscó a Özil para que el alemán encontrara a Benzema y éste batiera a Toño en el mano a mano.

No hubo más respuesta del Racing que un contragolpe bien llevado por Giovani cerca del descanso y que Kennedy cabeceó fuera. Sólo el mexicano pareció capaz de hacer cosquillas a los defensas del Madrid. Y lo consiguió al poco de salir de los vestuarios, cuando dejó en evidencia a Pepe y fue derribado por Xabi. En vez de lanzar el penalti, lo que hizo Pinillos fue darle un pase a Casillas, que recogió el balón sin problemas.

Se consumieron los minutos con el Madrid administrando fuerzas, hasta el punto de que corrió serio riesgo de irse completamente del partido. Lo devolvió a la realidad el propio Racing, con el gol de Kennedy después de un gran pase de Lacen. Marcelo rompió el fuera de juego y el sueco superó a Casillas después de ganar la espalda a Carvalho. Todo volvió a su sitio a falta de un cuarto de hora, con una buena acción individual de Di María, que combinó con Benzema para que éste hiciera el tercero.

Asegurado el marcador, Mourinho fue a cerrar el partido. Dio entrada a Albiol y Canales por Benzema y Granero y ya al final hizo debutar al canterano Alex. Unos minutos que le sabrán a gloria, como a Tato, que se estrenó en el Racing.

Antes, el Madrid pudo sumar el cuarto, en un penalti cometido sobe Di María por Torrejón, en una acción de gran torpeza, y que Adebayor lanzó tan mal como Pinillos. Toño agradeció el regalo.

Tanta fue la superioridad del Madrid que no pasó de anécdota una acción al poco del comienzo, cuando un balón golpeado por Xabi dentro del área rebotó en uno de los brazos de Ramos. Era obligado reseñarlo.