"Cuando Gento cogía la pelota sólo veías a gente corriendo tras él"
Francisco García (Oviedo, 1938) marcó una época como jugador con Oviedo y Valencia y luego como entrenador y secretario técnico (trabaja hace 12 años en el Villarreal).


¿Cómo era aquel Oviedo de principios de los 60?
Un equipo maravilloso con gente muy buena. Toni y Marigil fueron dos laterales de primera categoría. Había un portero de garantías, Gomes, y de centro del campo para arriba teníamos mucha calidad. Había uno de los mejores jugadores que andaban por España, Iguarán, y Sánchez Lage, que era la monda, para mí el segundo Di Stéfano, y después José María...
¿Cómo era Sánchez Lage?
¡Ya le digo, era el otro Di Stéfano! Estaba arriba y abajo constantemente. También era muy goleador, aunque el Oviedo fue más un equipo dificultoso de jugar contra él que estilista. A pesar de eso quedamos terceros detrás de Madrid y Barça en la Liga de la 62-63.
¿Cómo llegó usted al primer equipo del Oviedo?
Bueno, entrar en aquel vestuario te daba mucha categoría y no era fácil. La primera vez que vi a Toni y Marigil allí dentro me temblaba hasta el alma.
¿Cómo fue?
A aquel vestuario no se pasaba así sin más. Había un señor encargado del material, el Chato, que te tenía que dar permiso. Era como una especie de sargento. La primera vez que me llamaron para entrenarme llegué dos horas antes, y allí me quedé esperando en la puerta a que me diera el permiso el Chato. Luego apareció Toni, que solía llegar una hora antes siempre, y le dijo: "Oye, que este viene a entrenarse con nosotros". Y allí me metí, embobado con los que un año después serían mis compañeros.
Dicen que usted era uno de los que tenía más calidad.
Para mí el balón siempre fue un juguete maravilloso. ¡Sabe Dios cuántas veces le habré pegado a una pared con él! Empecé a jugar en el descansillo del bar de mis padres entre la cocina y el baño. Ahí se almacenaban las bebidas y quedaba una pared en la que yo practicaba con la cabeza y los pies.
¿Cuáles fueron sus ídolos?
A mí con los cromos no me ganaba nadie. ¡Si me devolvieran el dinero que me gasté en ellos me compraba un chalet! Luego, con el tiempo, también salí yo en esos cromos (risas). Además, tuve la gran suerte de vivir con leyendas del Oviedo como Herrerita, que te hacía temblar con sólo decirte "hola buenos días". O Antón, un extremo derecho fabuloso. O Emilín, que estaba cansado de meter goles olímpicos con la rosca que tenía. También pienso en Calvet, que vino al Oviedo del Barça y que fue el primero que me regaló unas botas.
Veo que ha mamado fútbol.
En el bar de mis padres tuve la suerte de conocer mucho a Lángara, más que un goleador. Ahora se habla de Messi, Cristiano, Villa ¡Había que ver a Lángara! Tenía un sello distinto a los demás, y yo tenía la fortuna de, siendo un chiquillo, desayunar y comer con él.
¿Cómo era aquel bar?
Las estrellas de la época que pasaban por allí se ponían siempre a jugar conmigo, fíjese las posibilidades que yo tenía siendo un guaje. Después del entrenamiento todo el mundo iba al Bar Pachín, que estaba de moda y en el centro, en la calle Milicias Nacionales. Era una calle en la que hacía mucho aire en invierno. ¡Qué frío corría por allí! Entraba por un lado y salía por el otro... La calle de la pulmonía la llamaban. Y mira por dónde un día entrené al Valladolid, y en el Zorrilla entraba el aire de una manera parecida... En la sala de prensa les dije a los periodistas que aquello me recordaba a la calle de la pulmonía donde estaba el bar de mi padre. Y así quedó ya ese estadio para la historia, como el estadio de la pulmonía.
¿Por qué a usted se le terminó conociendo como Paquito?
Fue Sarmiento, que luego fue subdirector de AS y que vivía en Oviedo. Iba mucho al bar... A mí se me conocía como el Fil de Pachín (hijo de Pachín). Luego me llamaron García, y por último fue Sarmiento quien me puso lo de Paquito.
¿En qué partido vio jugar mejor a un futbolista?
Contra el Madrid había un señor que se llamaba Di Stéfano, otro Gento, otro Puskas... ¿Usted sabe lo que fue verlos jugar y luego convivir con ellos en la Selección? Y los del Barça... En el cuarto partido que jugué en Primera me tocó marcar a Arza, del Sevilla. Eso era un portento de jugador. Pienso en muchos futbolistas, incluso en mi tío Ricardo, que era otro escándalo en el campo. Luego en el Valencia me encontré con los Pasieguito, Asensi...
Con el Oviedo ustedes cortaron aquella mítica racha del Madrid de 15 partidos seguidos ganando en Liga. Esta campaña el Barça cumplió 16.
Aquella racha empezó con un 7-0 al mismo Oviedo en el Bernabéu. Menudo meneo, y eso que el año anterior nos habíamos llevado ocho o nueve también. Me acuerdo sobre todo de cuando cogía Gento la pelota. Se la daba el portero con la mano, echaba a correr y yo sólo veía a unos cuantos de mi equipo corriendo detrás de él. Era lo más que se podía hacer. ¡Qué velocidad y qué técnica! Aquel Madrid tenía categoría y hambre: si te podían meter 18 lo hacían. Muchas veces hablan de Di Stéfano como el mejor del mundo y sólo a escondidas de Puskas o Gento ¡Esa gente era de cine! Como Del Sol, o Segarra o Suárez en el Barça.
¿Y cómo fue el empate que terminó con la racha de 15?
El Madrid había ganado una vuelta entera, a todos los equipos de la Liga. Pero en el Tartiere jugamos nuestras armas. Un día antes el Chato abrió los grifos y dejó el terreno de juego hecho chocolate, como hacíamos siempre que venía un grande. Era algo que se hacía en todos los campos del Norte menos en Bilbao.
Eran otros tiempos...
Un año antes Didí debutó con el Madrid en el Tartiere. Era el único moreno de piel y, sin embargo, salió impoluto del campo, casi blanco parecía. Y los demás, negritos, negritos... Sólo llevaba el culo manchado como si hubiese ido en bicicleta lloviendo. Aquello no le iba a un hombre tan fino en el juego.
¿Por qué no se manchó?
Recuerdo que Di Stéfano sacó de centro de inicio. Se la dio a Didí y éste le hizo un caño a Lalo, luego comenzó un eslalon, me hizo otro caño a mí y dribló a otro más y tiró un cañonazo a la escuadra que paró Gomes con una estirada increíble. ¡Y no la volvió a tocar en todo el partido! El chocolate que era el campo no era lo suyo.
¿Cómo recuerda al Luis Aragonés que llegó al Oviedo?
Llegó cedido por el Madrid junto a Poncela, que era un extremo derecho que luego se fue al Castellón. Allí terminó llamándose Cela, y creo que aún sigue entrenando en las categorías inferiores. Fueron dos refuerzos muy importantes para que consiguiéramos la permanencia esa temporada. Aragonés era buenísimo, muy valiente, y la calidad la tenía en esos zapatones que siempre llevaba.
¿Recuerda cómo fichó usted por el Valencia?
Vinieron un día con un famoso intermediario, el que llevó a Suárez y Peiró a Italia, y a mí me quiso llevar también. Lo tenía hecho con el Módena, pero preferí quedarme. Me ofrecieron el Valencia, campeón de la Copa de Ferias. No pensaba yo que esas conversaciones iban a ser de un calibre tan normal, como si fuesen dos paisanos que se conocen y se encuentran por la calle: "¿Te quieres ir a Italia a jugar?". Como el que dice "buenos días". Yo podía haber sido el quinto español en ir allí después de Luis Suárez, Peiró, Del Sol y Santisteban.
¿Le subieron mucho el sueldo en el Valencia?
Bueno, si cobraba dos en el Oviedo pasé a cobrar cuatro. Sánchez Lage también vino conmigo. Allí salió con el tiempo un chaval que se llamaba Claramunt, que fue la leche, y otro que se llamaba Sol, que era de película. De aquel Valencia de los 60 salían jugadores con mucha facilidad.
Y eso le llevó a la Selección. ¿Fue al Mundial del 62?
En Chile estuve en la lista de los 40 principales (risas), pero no en la definitiva. Sí estuve en la Eurocopa que ganamos en el 64 a Rusia, pero entonces no había suplentes. Sólo estábamos para los entrenamientos. Jugaban los once titulares y el portero suplente que era el único que podía ser sustituido. El resto estábamos en la semana de entrenamientos y en el viaje, pero nada más.
¿Cómo vivió aquella final?
Lo mejor fue cómo me las arreglé para hablar ruso con Yashin. Después del partido me metí en el vestuario con la camiseta de Iríbar y la mía propia para cambiarlas. La mía la cambié por la de Vorodine, el número cuatro de ellos, un volante ofensivo, y la de Yashin por la de Iríbar. El Chopo siempre cuenta que él cambió esa camiseta, pero fui yo.
¿Conoció a Helenio Herrera?
Sólo en un partido de entrenamiento. Yo no lo conocía muy bien, y se ve que él tampoco a mí, porque me preguntó hasta tres veces que cómo me llamaba. Yo pensé: "Este no sabe ni quién soy, qué malo debo de ser". Ocurrió que me vio en tres sitios distintos vestido de tres maneras, con albornoz, con camiseta de casa y con la equipación, y eso tuvo que despistarlo. Era un ídolo para mí. Tenga en cuenta que por vacaciones iba a Asturias. Creo que su mujer era de allí.
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Y ahora, como parte de la secretaría técnica del Villarreal, ¿cuántos partidos ve a la semana?
Los fines de semana todos los que puedo de la cantera. Y del resto en los televisores me los pongo de tres en tres. En muchos jóvenes reconozco los gestos de muchos de los que fueron mis compañeros...



