"Si mi hijo tuviera la humildad que yo tuve ya se lo habrían comido"
Félix Mourinho (Setúbal, 1938) es el padre del entrenador del Real Madrid. En su día fue un portero destacado en Portugal en los 60. Luego fue entrenador (en Rio Ave y Vitoria de Setúbal) y el primero en confiar en los informes que le hacía su hijo cuando aún era un niño.


¿Cómo consiguió hacerse futbolista profesional?
Hay un error en lo que está escrito en internet. Mi padre no era presidente del Setúbal. Era el padre de mi mujer. Yo nací en una provincia del sur de Portugal, perteneciente al mismo Setúbal, y allí terminé jugando. Me mantuve trece años y luego estuve durante seis en Os Belenenses.
¿Y sus inicios?
Bueno, empecé jugando con otros niños en la calle. Era una época muy diferente.
¿En qué?
Hoy se lo digo a mi nieto, que también quiere ser portero como lo fui yo: "Mira ¡en mi época se jugaba sin guantes!". Empecé a usarlos después de fracturarme una muñeca de un balonazo durante un partido, casi a la mitad de mi carrera. Ahora mi hijo tiene mis últimos guantes guardados como una reliquia. A veces los cogemos y los comparamos con los de ahora. ¡Ni siquiera eso tiene nada que ver! Y yo digo: "Me gustaría ver a los porteros de ahora hacer un entrenamiento sin guantes para que sintieran la diferencia". ¡Qué dolor!
¿Había más diferencias?
Hoy los porteros son más técnicos. Antes éramos, sobre todo, intuitivos. Ahora no vemos a los porteros ir a los pies del adversario como se hacía antiguamente. Es todo diferente, más estudiado.
¿Qué haría un portero de antes en el fútbol de ahora?
A mi hijo también le digo que yo al fútbol actual me adaptaría bien porque era muy bueno con los pies. Y otra de mis características es que era muy ágil. Sin embargo, en el choque tenía más dificultades, por el físico.
¿Quién era el mejor guardameta en su época?
Para mí Damas, que jugó unos años en el Racing de Santander. Un entrenador portugués decía que si fuera posible juntar a Víctor (Damas) fuera de la puerta y a Mourinho debajo de los palos, el resultado sería el portero perfecto. Sería como juntar el juego aéreo y la agilidad...
¿Alguna vez pudo jugar en un equipo español?
No, no Aquel tiempo era diferente. Llegábamos a un sitio y terminábamos nuestra carrera ahí. No había movimiento ni difusión en los medios. Hubo algunos que se marcharon, como Jorge Mendonça, al Atlético, o Graça, al Sevilla y poco más.
¿Qué delantero le quitaba el sueño?
En Portugal había dos: Eusebio y Matateu. Eusebio le pegaba al balón y siempre iba a portería. ¡Nunca supe cómo lo hacía, y a una velocidad tremenda! Matateu era fuerte, muy fuerte. Jugó en Os Belenenses y era mejor que Eusebio en el área. Tenía más regate, mayor habilidad.
¿Llegó usted a ver jugar a Di Stéfano?
Sólo una vez. Yo era muy joven y en aquel momento no entendí su verdadera dimensión. Pero, por aquel tiempo, mi entrenador, el argentino Alejandro Scopelli, me decía que no había nada igual, que jugaba de área a área, que era el jugador integral. Yo lo vi en un partido ante el Benfica. Para mí fue el mejor jugador del mundo, siempre fui un gran admirador suyo. Pelé era diferente, más corpulento y fuerte en lo físico.
¿Se enfrentó usted a Pelé?
Nunca.
Y ahora, ¿quién es el mejor portero del mundo?
Hasta antes de que sufriera el accidente en la cabeza, aquel golpe tan fuerte, lo era Cech. Luego ha perdido confianza. Y Casillas es, evidentemente, un gran portero.
¿Cuál es la mejor virtud de Casillas a su juicio?
Que es completo, técnicamente muy bueno, y como decía Yashin, "vale más un portero de pie, que dos sentados". Y Casillas sólo va al suelo cuando es necesario.
¿Conoció a Yashin?
De verle jugar.
¿Cómo fue para un equipo como Os Belenenses jugar en el Bernabéu aquel homenaje al gran Gento?
Aquel año habíamos quedado segundos en la Liga, nuestra mejor posición hasta la fecha. Fue como un premio. Recuerdo que el tiempo era horroroso en Lisboa, que esperamos y esperamos en el aeropuerto y que el avión no podía salir. ¡Habríamos ido corriendo! Al final, salimos en tren.
¿Y qué pasó?
Toda la noche en el coche cama. Y cuando llegamos a la estación de Madrid fue una gran sorpresa ver a Gento, allí solo en el andén, para recibirnos. ¡Qué hombre! Allí estaba, con una chaqueta clara. Y él mismo nos llevó al hotel casi a punto de amanecer.
¿Cómo fue jugar en el Santiago Bernabéu?
Ahora debe de ser lo mismo para los jugadores actuales. Era una cosa de otro mundo. Nos regalaron a todos un reloj de la marca Real Madrid. Aún se lo enseño a mis amigos.
¿Y Gento le marcó el último gol de su carrera?
De penalti.
¿Se lo dejó?
No, en serio Cuando le pegaba a la pelota casi no se veía. Sin embargo, el penalti sí que lo arregló el árbitro, para que marcara (risas). Fue bonito Con el Madrid jugó Eusebio y alguna estrella más de la época.
Usted fue importante para la carrera de su hijo: ¿Fue el primero que confió en él?
Él veía partidos y hacía informes cuando yo entrenaba a Vitoria Setúbal.
¿Y lo hacía bien?
Me ayudó bastante en varios partidos, y eso que era un niño.
¿Cobraba por hacer aquel trabajo?
¡Cobraba de broma! Una pequeña prima por partido ganado. Yo prefería que estudiase, porque en el fútbol solo unos pocos triunfan. Cuando yo jugaba, tenía otro empleo para poder vivir.
¿De qué trabajaba usted?
Era funcionario del Ayuntamiento. En Os Belenenses ya no Me pagaban algo más.
¿Cómo era su hijo de niño?
Era y es un hijo excepcional. Muy amigo de sus amigos. Los verdaderos amigos de él saben bien cómo es.
¿Por qué cree que despierta tantas envidias?
Él triunfó cuando mucha gente pensaba que no lo haría. Puede que entonces se sintiera defraudado por algunas personas.
¿Cuál fue el mejor consejo que usted le dio?
Como padre, que fuera lo mejor posible. Pero ha desarrollado su propia personalidad y sabe bien lo que es mejor para él. Pero sobre todo quise que fuera honesto.
Me han dicho que usted es muy humilde ¿Por qué él no lo es tanto?
Puede que él sepa lo que yo pasé por ser más humilde. Para él, la palabra humilde en el fútbol no existe. Si mi hijo hubiera tenido la humildad que tuve yo, ya se lo habrían comido.
¿Qué le pasó a usted?
No tuve la proyección que pienso que merecía tener.
Aun así, fue internacional.
Sólo lo fui en un partido. Tenía ya 32 años. Fue maravilloso, una mini Copa en Brasil contra Irlanda. Entré en el segundo tiempo. Fue un premio. En otras épocas, cuando estaba en Setúbal, lo había merecido, pero era un club que difícilmente daba porteros a la selección. A Os Belenenses llegué con 29 años y a pesar de eso tuve mucha más proyección.
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¿Tiene usted en la cabeza cuál fue su mejor parada?
Por supuesto. Un cabezazo de Espíritu Santo, del Benfica. La fui a buscar a la misma escuadra. Me acuerdo bien, bien ¡Qué época aquella!



