"Mi misión es que en el Athletic haya al menos 20 muniaínes"
Irureta nos habla de su nueva tarea, después de pasar casi tres décadas en los banquillos. El responsable de Lezama también hace el recorrido por una vida completa de fútbol, como jugador del Atlético y el Athletic y como técnico con 612 partidos en Primera.


Javier Iruretagoyena Amiano (Irún, 1948), Irureta para los libros de historia, Jabo para los amigos y otra gente a la que cae bien, que es más o menos casi todo el mundo. Jabo apareció por el Asador más relajado que de costumbre, sin esas ojeras perennes que suelen condenar al entrenador del élite en ejercicio. Tras 25 campañas como técnico (Sestao, Logroñés, Oviedo, Racing, Real Sociedad, Celta, Deportivo, Betis y Zaragoza) y un año sabático, Irureta ocupa desde hace cuatro meses un tranquilo despacho en Lezama, como responsable de la cantera del Athletic. La primera cuestión, en bandeja: Y a Jabo, animal de césped, ¿cómo le sienta el papeleo? "Pues ahora mismo, bien. El alma de entrenador la tengo tranquila. Aunque nunca descarto volver al banquillo".
"Antes de irme a Lezama hubo posibilidades como alguna selección, el Al-Ahly de Egipto... Pero el fútbol es olvidadizo. Mis dos últimas aventuras (despidos en Betis y Zaragoza) no han sido buenas y esto se mueve así. Además, ahora los veteranos como Víctor (Fernández), Luis (Aragonés) o yo lo tenemos más difícil. Me he quedado con las ganas de entrenar a un grande, aunque al Depor lo pusimos ahí arriba".
Una Liga, la Champions, el Centenariazo en el Bernabéu con el club de A Coruña. Buenos momentos aquellos y tantos malos, también. "Hay algo de masoquismo en el trabajo de entrenador, y también algo de torero, de como si te la jugaras cada domingo. En veintitantos años he tenido momentos de desazón, ganas de mandarlo todo al garete, pero a veces echo en falta eso: los domingos con tensión. Un técnico joven de Lezama me decía que el fútbol, con entrenamientos sólo, sin domingos, es más bonito. Pero a mí me gusta esa locura".
Ahora no le caben locuras, más bien cábalas, previsión, sentido común. Irureta suelta datos y datos, en Bilbao dirige un equipo con muchos más de 11 o de 23 jugadores. "Vengo bastante contento, porque en esta jornada han ganado casi todos nuestros equipos, incluido el primero, claro. Tenemos 250 chavales en Lezama y se ve futuro. Nuestro juvenil llegó el año pasado a la final de la Copa de España, pero le remontó el Sevilla. Controlamos a unos 3.000 chicos".
Entre la marabunta, cinco o seis comienzan a salir en los resúmenes. Alguno, rutilante: "¿Muniain? No tiene ni 17 años todavía. Es un chaval que viene de la Chantrea, un caso curioso. Este club, de un barrio de Pamplona, tiene sólo un campo de hierba artificial en el que conviven 14 equipos de todas las categorías. De allí han salido cinco o seis jugadores nuestros que están entre el primer equipo y el Basconia. Mi misión es que dentro de unos años hayan subido al primer equipo 20 muniaínes, por lo menos".
"Lo más atractivo del Athletic es que todos los chavales saben que por nuestra idiosincrasia hay muchas más posibilidades de llegar al primer equipo. Hay que tener en cuenta que nos circunscribimos a un territorio de sólo tres millones de personas".
"Hay casos, sí, de chicos que traemos de fuera. Mendigutxia, un chaval que localizamos en Collado-Villalba: con 16 años jugaba en Tercera y nos llamó la atención su apellido. Es nacido en Avilés y de padre vasco. Ahora vive en la residencia que tenemos, en el antiguo Seminario de Derio junto a otros cincuentaitantos jugadores de fuera. Estudian en Bilbao, en Lasalle y se entrenan en Lezama, así que hacen muchos kilómetros. Lo ideal es que vivieran, estudiaran y se entrenaran todos en el mismo sitio, pero en Lezama no cabe una residencia. Y yo quiero que 'mamen' lo que allí se respira. Lezama es el corazón del Athletic".
El aire de Gaínza, Zarra, Sarabia... y, por encima de todos, Iribar. Amigo de Jabo: "Con Iribar compartí habitación en las concentraciones durante cinco años. Es un mito, es el Athletic en sí. En el párking de Lezama, donde sólo aparca gente del primer equipo, el número 1 está reservado para él".
Irureta revela que en el Athletic también se disputa la eterna batalla entre generaciones: "Losantos Omar, ex árbitro, le da charlas a los chicos y jugadores del primer equipo, como Llorente o Iraola, se suelen pasar por la residencia para estar con ellos. Tengo a mi lado mucha gente de fútbol. Delgado-Meco, que fue preparador físico de la Selección. Lizarralde, que jugó en el Zaragoza... Pero ahora los clubes tienden a incorporar gente tecnócrata, con muchos estudios, pero que no ha jugado finales. Les respeto, deben estar también. Pero, aunque parezca trasnochado, para mí una imagen vale más que toda la palabrería. De Garay, Iribar, Koldo Aguirre se aprenden muchas cosas. Y no podemos dejarles en los despachos. Está bien lo del metodólogo o la psicóloga, pero en el colegio de entrenadores no aparecía la palabra 'asistencia', que viene del baloncesto, sino 'pase".
Un chico de Irún. Hablamos del otro fútbol, él que Irureta vivió como jugador. Guipuzcoano de nacimiento, Jabo nunca jugó en la Real sino en el Athletic y al final de su carrera (75-80). "De pequeño era del Irún, donde nací. Con 19 años me vine al Atlético, y después de ocho años volví al Athletic. En mi época de juvenil había en Bilbao gente como Lavín, Uriarte, Arieta, Rojo... Pero a Irún me fue a ver hasta el Barcelona, que mandó a Samitier. Aquel día jugábamos en el Stadium Gal contra un equipo de Pamplona, había mucho barro y no toqué el balón siquiera. Entonces, un partido te cambiaba la vida. Ahora, antes de fichar a alguien se le ve mucho en vídeo. No me quejo: fui feliz en el Atlético, al que me llevó De la Concha, secretario técnico rojiblanco y también del Betis".
Qué gran Atlético, el suyo: "Panadero tenía fama de duro, pero era un defensa fino. A veces incluso jugaba con tacos de goma. Luis era muy competitivo y con mucho gol. A Ufarte le tiraban hasta el sombrero desde la grada: el Garrincha blanco. Pero el mejor con el que he jugado era Adelardo, por su toque y por su seguridad". Asiente Salazar, el mayor atleticólogo de la historia, y de esto no hay más que hablar.
¿Y en el Athletic? "Yo era el Toquero de aquel Athletic", sonríe Irureta. "Me fui a Bilbao en el 75. Fui el traspaso más caro de Ibaigane hasta entonces, 20 millones pagaron por mí. Con aquel dinero, el Atlético compró a Leivinha y Pereira". Jugando en San Mamés llegó a la final de la UEFA tras eliminar al Barça con dos goles suyos. "Nos ganó la Juventus de Zoff, Cabrini, Bettega... Siete u ocho campeones del mundo en el 82. Ya como entrenador del Athletic (1994-95), nos eliminó el Parma de Zola y Couto, que al final acabó campeón".
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Dato curioso: cada 14 años, Irureta vuelve al Athletic. En el 80 se retiró de jugador, durante la 94-95 ocupó el banquillo y en el 2009 ha vuelto de responsable de cantera. Le quedan clavadas algunas espinas: "En aquel Athletic que entrené había un ambiente un poco raro. Arrate ganó las elecciones, pero Lertxundi y Heynckes habían llevado al equipo a la UEFA... Me echaron cuando teníamos un positivo". Al Atlético, su otro amor, no lo ha entrenado nunca, pero... "Pude ir allí una vez de técnico. Cuando me destituyó el Oviedo (92-93). Jesús Gil me llamó, pero la normativa impedía entrenar a dos clubes españoles el mismo año".
La sobremesa trae césped y sistemas. Jabo y Relaño mencionan varias veces la WM de Chapman, el sistema desde donde dicen nació el fútbol moderno, la mesa en pleno alaba a Guardiola y todo acaba en los gustos técnicos de Irureta: "En el Athletic intentamos que todos los equipos jueguen con el mismo sistema. 4-2-3-1. Se habla mucho de que yo lo traje a España, que lo puse primero, pero eso es falso: yo lo copié, como casi todo. A mí Calleja me dijo una vez: ten un buen mediocampo y lo tendrás todo, que circule por ahí la pelota. Yo en mis equipos he tomado mucho eso en cuenta. Me han acusado de amarrategui, pero conmigo ha habido dos pichichis, Makaay y Tristán, y el holandés llegó a ser Bota de Oro europea". Eran sólo otros tiempos, nunca mejores.



