El club no pagará por la vuelta de Carlos García
Le han dado mil vueltas, han tratado de encontrar líquido suficiente, pero quedaron parados en el intento. Carlos García no volverá a Montjuïc, ya que las arcas del club andan tiesas y en Almería están dispuestos a pagar una cantidad que deje sin opción alguna a los blanquiazules.


Carlitos García siempre soñó algún día en defender la camiseta de sus sueños, la blanquiazul del Espanyol, pero estos deberán esperar. A primerísima hora de la tarde, Pedro Tomás y Paco Herrera se encontraron con José Juan Bonillo Medina, vicepresidente económico del Almería. Se citaron en un restaurante de lujo cercano a Montjuïc, donde hablaron de la posibilidad de que el defensa rojiblanco de corazón blanquiazul pudiera regresar a casa, después de una buena temporada triunfando por Almería y su provincia.
Tal y como les ha ido informando este periódico, el Espanyol tenía la opción de concretar su regreso, previo pago de 1,9 millones de euros. Pero la situación económica del club es tan delicada que no llegan a las cifras pactadas, por lo que ayer se negoció una prima por parte de la entidad andaluza que vetaría cualquier opción barcelonesa por hacerse con el futbolista que criaron y que otros supieron explotar con criterio. Es decir, el Espanyol no opta a nada, se le acabaron las oportunidades y deberá mirar en otra dirección o reinventarse un central si quiere completar la nómina de defensas, mientras que a los andaluces podrían salir muy beneficiados en caso de poder vender al futbolista en los próximos meses.
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Tranquilo.
Carlos no desespera. Asegura sentirse muy tranquilo y feliz de cómo fue su primera temporada en la elite, después de contar en casi la totalidad de partidos disputados hasta el momento por el equipo de Unay Emery. "Lo único que espero es que el día de mi boda (13 de junio, viernes, por cierto) no llueva en Barcelona. Lo demás, ya se verá, pero no me importa; soy muy feliz", afirmó el futbolista, que el próximo domingo jugará en lo que fue y podría haber sido su casa, Montjuïc. Pese a todo, el dinero frenó cualquier opción. El problemón de siempre.



