Thuram: De lateral alcanzó la gloria
Thuram A los nueve años abandonó la isla de Guadalupe rumbo a Francia. Wenger fue su gran descubridor, con quien triunfó en el Mónaco. El salto al Calcio le otorgó categoría y prestigio internacional. Llega al Barcelona con una asignatura pendiente: la Champions League.


Jugó el partido de su vida ante Croacia, en la semifinal del Mundial de 1998, cuando marcó los dos goles que metieron a los franceses en la final. Y lloró ocho años después mientras Cannavaro levantaba la Copa del Mundo en Berlín. Dos de las imágenes de la carrera de Lilian Thuram, elegido más de una vez futbolista francés del año, defensa central por naturaleza reconvertido de maravilla a lateral derecho y que todavía pretende de blaugrana conquistar la Champions, el único título que le falta.
Nació en Pointe a Pitre, Guadalupe, una diminuta isla entre el mar de Las Antillas y el inmenso Atlántico. Un francés de las colonias, como Marius Tresor, otro de los mejores defensores en vestir la camiseta de la selección. Lilian nació a los 20 minutos de 1972 y fue el primer bebé en nacer ese año en todo el país, lo que provocó que ya le hiciese famoso algún periódico local. Tuvo una infancia magnífica, muy lejos de la miseria de la zona. En el colegio adoraba las matemáticas y pensó más de una vez en hacerse sacerdote. No lo hizo, pero se acercó en su lucha permanente por los derechos humanos y contra el racismo, e incluso dio sobre ello una charla en un congreso de la FIFA en Buenos Aires en julio de 2001. "El racismo se está instalando demasiado en el fútbol y hay que combatirlo como sea", declaró.
Lo cierto es que con nueve años emigró a Francia y de repente se encontró con dos cosas opuestas: el fútbol y el racismo. Se dedicó a perfeccionar una y a combatir la otra. Entró en el Portugais y de allí pasó al Fontainebleu. Cuentan que nadie confiaba en que sería titular, pero en su primer partido marcó cuatro goles jugando como mediocentro defensivo. Se empezó a correr la voz, hasta que el Mónaco empezó a contactar tras un torneo internacional de jóvenes llamado Paul Serany. Había saltado del Fontainebleu al Melun, donde coincidió con Makelele. Thuram tenía ya más de 17 años, y el Mónaco se adelantó por unos días al Niza. Llegó en 1990, debutó en un Toulon-Mónaco el 24 de mayo de 1991 y ya nadie le frenó. Arsene Wenger le permitió crecer en un equipazo con Trezeguet, Henry, Legwinsky o Djetou. Precisamente Wenger fue uno de los primeros en definirle en un France Football de 1991, cuando era poco más que una promesa: "Su juego de cabeza es excelente, sólo le falta mejorar con la pelota en los pies y un poco la colocación". Con el propio Wenger mejoró todo eso en unos meses decisivos, porque a Thuram se le detectó una malformación en la rótula que a punto estuvo de retirarle.
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Pero lo superó con trabajo y esfuerzo, y se convirtió en pieza clave del Mónaco durante seis temporadas. No sólo fue clave Wenger, también el preparador físico Jacques Vankerchaver, uno de los artífices de su potencia. Por supuesto como central, aunque lo de escorarse al lateral no tardaría en llegar. Al principio no le gustó, e incluso declaró a ONZE en enero de 1998: "Cuando juego de lateral me siento un hombre extra me pregunto qué hago aquí". Pero en el lateral lograría grandes gestas en la selección. Había debutado con Francia en agosto de 1994 ante la República Checa y dos años más tarde había jugado ya 22 partidos consecutivos con Jacquet. En aquella entrevista en ONZE auguró que Francia le ganaría en la final del Mundial 98 a Brasil por 2-0. Sólo el gol de Petit en el último instante impidió que acertase. Por entonces ya había llegado al Parma, se había consagrado como defensa central y mejor extranjero de la Serie A. Con el Parma ganó una Copa de la UEFA en 1999 y el club le declaró intransferible hasta que se rindió el verano de 2001, cuando la oferta de la Juventus fue imposible de rechazar. Era la Juventus de Marcelo Lippi, que le colocó de lateral.
El fracaso del Mundial 2002 le dejó tocado, porque fue titular en la derrota ante Senegal para quedar fuera del equipo en el resto del torneo. Pero en la Juve se desquitó con cuatro títulos de Liga. Thuram se instaló en la historia cuando jugó su partido 100 con la selección ante Inglaterra en la Eurocopa 2004. Anunció su retirada para luego regresar y rozar un segundo título del mundo. Le queda potencia para rendir aún en el Barcelona, y defensa central sigue siendo su puesto preferido. Veremos si desde la cueva conquista la Champions, el trofeo que le falta.



