El 'Tanito' vengará a su padre en Alemania
pernía Ha sido el último en llegar por la lesión de Del Horno, pero su gol ante Croacia le ha abierto las puertas del once. Es español a todos los efectos, pero su temperamento argentino es un plus muy valioso. Tira la faltas como nadie y, además, tiene una cuenta pendiente.

En la convulsa Argentina de finales de los 70 jugó un lateral de descendencia italiana que lo ganó todo con Boca Juniors. Llegó a ser Campeón del Mundo de clubes, pero Menotti decidió en el último momento que para el Mundial de su país no quería a ningún bostero. El 'Tano' Pernía, que así le llamaban, se quedó helado y sólo encontró consuelo en su hijo de un añito. Mariano Andrés le alegró el verano, pero nunca podría imaginar que aquel Pernía pequeño le vengaría un día acudiendo a un Mundial. Y menos aún que lo haría con la Selección española. Hoy, el 'Tanito' asegura que en su pueblo, Tandil, habrá una casa donde se celebren más los goles de España que los de la albiceleste: "Si no me han engañado, van con la roja. Si la final es España-Argentina me dijeron que no dudara y que animarían como unos españoles más. Ellos han sido los que más se han alegrado. Lo primero que hice cuando me llamó Luis fue avisarles y se emocionaron mucho. Es el Mundial que le debían a mi papá".
Su padre ha sido la persona más influyente en la carrera futbolística de Pernía. De una familia obsesionada con el deporte (su hermano compitió en automovilismo), el lateral zurdo no duda en admitir que los mejores consejos le llegaron de casa: "Mi padre me enseñó que la única forma de mejorar es el trabajo. Si tienes una carencia, sólo puedes solventarla con entrenamiento y eso es lo que aprendí de él. Trabajar como un profesional para aprovechar la suerte que he tenido de dedicarme a lo que más me gusta". Dice además que su carrera es contraria a la de su progenitor: "Él nunca vino a Europa, pero triunfó en Argentina. Yo no acabé de triunfar allá. Lo del Mundial es otro ejemplo, carreras contrapuestas".
A los 15 años abandonó su casa para fichar por su único equipo en Argentina: Independiente. En Buenos Aires vivió y jugó nueve temporadas con recuerdos de todo tipo. Aún no se atisbaba lo que es ahora: "Independiente será siempre mi equipo. Allí empecé alejándome de mi familia. Me enseñaron mucho y tuve la oportunidad de dar el salto a Europa". La lástima es que no eran buenos años para un club tan histórico: "Fue una época de crisis, en la que no ganamos ningún título hasta el año que me vine. Para una entidad tan importante fueron momentos difíciles". Esa última campaña en Argentina le valió para venir a España. Le fichó el Recreativo en el mercado de invierno y casi todo fueron alegrías. A Primera, final de Copa... Sólo el descenso empañó su primer año y medio en nuestro fútbol. Pero también le abrió las puertas para poder salir y firmar por el Getafe, el equipo que definitivamente le ha cambiado la vida.
Siempre habla bien de todos los compañeros y de sus técnicos. Con Bernd Schuster no es menos: "Él me dio mucha libertad a la hora de jugar y de atacar, y eso es lo que me permitió marcar tantos goles. De todas formas, no es lo mío. Lo mismo en los próximos años no pasó de dos, mi misión es otra". Diez tantos marcó este año, alguno de bellísima factura: "El que le metí al Barça fue muy lindo. Mi papá decía que si estaba loco para que se me ocurriera pegarla de esa forma. Otro que hice al Espanyol tuvo repercusión. Yo le pego con todo y si hago eso de los tres deditos que dice Roberto Carlos, me los parto".
Los dos años en el Getafe han sido los mejores de su carrera y también de su vida. En el primero nació su única hija, Tiziana, madrileña que servirá como estímulo extra para Pernía: "Cada vez que suene el himno me acordaré de ella. Un día se sentirá orgullosa de que su padre defendió la bandera de su país que ahora es también el mío". Tiziana podrá seguir jugando con los perros de Leo Franco, el mejor amigo de Pernía en España y que será compañero suyo en el Atlético: "Otro reto importantísimo. No es fácil asimilar todo lo que me está pasando".
Y eso que todo estuvo a punto de estropearse. Los papeles en un cajón, Luis que cree que llegan tarde, después que a lo mejor no y al final nacionalización, llamada del seleccionador a Buenos Aires y Pernía que viene corriendo. Sólo un 'pero': la boda que se tenía que celebrar entre Mariano y Luciana tendrá que esperar y el viaje de novios uno lo hará por Alemania y otra por Argentina: "Jugar un Mundial es lo más grande que le puede pasar a un futbolista. Razón suficiente para que cualquier cosa espere. Ya tendremos tiempos de casarnos y lo haremos pronto, porque para Luciana ha sido un golpe, aunque al final ella está más contenta que yo".
De momento, no tiene tiempo para pensar en otra cosa que no sea el Mundial: "Hace no mucho tiempo era impensable y ahora estoy aquí, así que no puedo desaprovechar ni un minuto. Es muy lindo, me han acogido de maravilla y voy a trabajar para que todo salga bien". Si por Pernía fuera, su boda no podrá celebrarse nunca antes del 10 de julio. Hasta entonces no tiene previsto abandonar Alemania.
Llegaban tiempos difíciles para los culés. El dúo Van Gaal-Núñez estaba en pleno proceso de putrefacción, la plantilla cerraba un ciclo ganador y se tambaleaba. En especial, en defensa, que parecía un flan, con una media de 1,6 goles por partido. Entonces Puyol aprovechó la ocasión. Acostumbrado a jugar de centrocampista en el filial, respondió al pedido de Van Gaal, que le dijo que jugara como defensa, casi siempre en el lateral derecho. A Puyol, un manojo bien prieto de fibras, tendones y otros tejidos de similar resistencia, le fue como anillo al dedo. Comenzó a jugar con asiduidad.
Fue al año siguiente, ya con Gaspart en la presidencia y Serra al frente del primer equipo, cuando empezó a forjar su idolatría entre la 'gent blaugrana'. El Real Madrid visitó el Camp Nou con Luis Figo, el Gran Traidor, por primera vez vestido de blanco. Y Puyol, por orden de Serra, se encargó de perseguirlo por todo el campo. "¿Si vale la pena no jugar para no dejar jugar a un contrario? Yo estoy muy satisfecho con mi partido, he hecho lo que me pidió el entrenador", se defendió Puyol después de 90 minutos sin dar un pase, sin jugar una pelota. Al día siguiente, el joven se ganó páginas enteras en los diarios catalanes. Comenzaba a hacerse un lugar en el imaginario culé.
Atrás quedaban las dudas que varios integrantes del organigrama técnico le habían expuesto a Oriol Tort, 'descubridor' de jóvenes de toda Cataluña durante más de dos décadas. "¿Cómo vamos a fichar a éste, si le da con la uña?", le dijeron a Tort. Y el veterano técnico, que sabía encontrar virtudes donde los demás sólo veían medianías, fue contundente: "Lo vamos a fichar porque nunca he visto a nadie con tantas ganas de jugar al fútbol". Por entonces, Puyol defendía los colores de La Pobla de Segur.
Así como a Xavi lo compararon durante años con Guardiola, Puyol tuvo que someterse al parangón con el lateral del Dream Team Albert Ferrer. "Parecerse a él sería un orgullo, pero para llegar a ser la mitad todavía me quedan muchas sopas", decía, modesto, a comienzos de 2000. Seis años después, indiscutible en su club y en la Selección, capitán blaugrana y bicampeón de Liga y de Champions, el 'Litos', como le conocen en La Pobla, ya se ha acabado las raciones de caldo. El Madrid, la Juventus, el Milán y el Manchester United se lo han querido llevar, pero aunque él diga "no soy un crack", cobra como tal: una ficha de 5,3 millones de euros anuales.
Dos años en ayuno.
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Puyol responde a la perfección al perfil de futbolista disciplinado y entregado a su profesión. El pasado verano, después de ganar su primer título de Liga con el Barça, confesó: "El día siguiente al partido fui a tomar una copa. Hacía dos años que no salía". Parecía una broma, pero no lo era: a 'Puyi', como le llaman en el vestuario, no le gusta salir de noche. Siempre ha convivido en paz con el sacrificio y una proverbial paciencia. Antes de llegar al primer equipo estuvo jugando un mes y medio con una fractura en la mano derecha, pero aguantó para no perderse la promoción de ascenso. Tras regresar de los Juegos de Sydney con la medalla de plata, hacerse con la titularidad en el Barça y debutar en la Selección con Camacho, se lesionó de gravedad la rodilla derecha y estuvo casi cuatro meses de baja. En 2003, tras el 3-3 en San Siro, se fracturó un pómulo y estuvo jugando varios partidos con una máscara protectora. Y a eso suma una retahíla de lesiones y daños colaterales que incluyen esguinces y roturas de ligamentos de tobillo, fractura en otro pómulo (y otra máscara), hematoma en la pared abdominal, molestias en el tendón rotuliano de la rodilla... lo que no le ha impedido ser casi siempre quien más partidos y minutos juega cada año.
Constancia, sacrificio, temperamento (llegó a las manos con Vicente en un entrenamiento de la Selección y suma varios piques con compañeros del Barça), son sus armas. Y los tópicos, ante los periodistas: "Lo importante es el equipo, no los nombres" (cuando se abrió el debate sobre la titularidad de Raúl); "Todos los partidos son importantes, y hay que encararlos al cien por cien"; "Hay que ir partido a partido"... Lo suyo no es la palabra. Ni las filigranas. Lo suyo es músculo, tesón, esfuerzo, sacrificio. Es un extracto de España.




