En busca del orgullo perdido
Real y Albacete quieren proporcionar una última alegría

El honor. Ése es el único aspecto que hay en juego esta tarde en el Carlos Belmonte. Sólo eso, nada más. Así, con el Albacete descendido matemáticamente y la Real salvada hace tiempo, el aliciente del partido que enfrenta esta tarde a ambos equipos está en saber a cuál de los dos conjuntos le pica más su orgullo. Los manchegos tienen ya comprado el billete de vuelta a Segunda y querrán despedirse de su afición con una victoria que deje un buen sabor de boca. Para ello, Martín Monteagudo tirará de la cantera lanzando de este modo un claro mensaje, el de que estos jóvenes jugadores serán los encargados de hacer resurgir al Albacete en el infierno de Segunda. Jaime, Olivera, Rubén Castro o Momo no jugarán, pese a estar en condiciones, pues no cuentan para la campaña que viene. De este modo, se abre el paso decididamente a las nuevas generaciones del club. Seguro que la afición agradecerá este gesto.
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Pero si el Albacete tiene una cuenta pendiente consigo mismo, para la Real este encuentro no es menos importante. Después de enderezar el rumbo en la Liga y culminar sus deberes con la salvación, el cuadro txuri-urdin ha caído en un vicio repetitivo e inadmisible para un conjunto como el realista: la excesiva relajación.
Se vio en Getafe y se certificó en Anoeta ante el Málaga. Parece como si los jugadores de la Real dieran estas últimas jornadas por insignificantes, algo que no deja de ser curioso. Más bien debería ser lo contrario, ya que en un mes llegarán al club nuevos dirigentes y sus perspectivas deportivas pueden afectar a alguno de ellos. Por ejemplo a Mladenovic, que ha encontrado un hueco en el once justo cuando llega el momento de decidir si se queda en el club o no. Así que el serbio está obligado a aprovechar esta ocasión. También los canteranos del Alba. Y los veteranos de la Real. Porque el orgullo de todos ellos está en juego.



