Ni rastro de los Lakers
Cada vez está más claro que el destino de la franquicia es caer más pronto que tarde y que el proyecto alrededor de Doncic será más claro cuando no esté LeBron.


Los Lakers están casados con la mediocridad. Es una obviedad supina, acentuada con el paso de los días, que el techo del equipo es bajo y que todo lo que pueden conseguir es acceder a playoffs para despedirse a las primeras de cambio. Han perdido los tres partidos disputados tras el All Star, tienen un récord de 34-23 y van en el sexto puesto de la Conferencia Oeste con sólo dos victorias de ventaja sobre los Suns, que son séptimos y de acabar así la cosa estarían abocados al play in. Sí, esa especie de previa que la NBA, Adam Silver a la cabeza, se inventó en cuarentena. Y que llegó para quedarse. Los angelinos la han disputado hasta en tres ocasiones, saliendo victoriosos de todas ellas. Pero alargar la agonía no parece la mejor decisión para un equipo que da la sensación de estar exhausto. Y que parece que está pensando más en la temporada que viene que en ser competitivo este curso.
El fichaje de Luka Doncic el 1 de febrero de 2025 parecía que iba a cambiar el rumbo de la franquicia, pero eso no ha sido así. Al menos, y de momento, los Lakers tendrán que esperar para dar el salto al anillo. Todo fue muy enfañoso, farragoso y extraño la temporada pasada: los angelinos alcanzaron las 50 victorias por primera vez desde 2011, así como el tercer puesto de la Conferencia Oeste. Pero la clarísima derrota en primera ronda ante los Timberwolves dejó muy claro que a la plantilla le faltaba mucha fritura para dar el salto al anillo y que el equipo estaba compuesto por grandes nombres, pero que los engranajes estaban muy oxidados. El esfuerzo colectivo fue inexsistente mientras LeBron James seguía cumpliendo años, Austin Reaves desaparecía en los momentos importantes y las críticas sobre Doncic y su forma física se multiplicaban.
De nada ha servido que el esloveno se ponga a hacer gimnasio como si no hubiera un mañana, tirara de ayuno intermitente y se saliera en el Eurobasket. Su nivel está siendo estratosférico: con 32,5 puntos lidera la NBA en anotación, suma 7,8 rebotes y 8,6 asistencias y llega a los 27 dobles-dobles y 6 triples-dobles en 45 partidos disputados. El MVP parece lejano, aunque también sin dueño (¿Cade Cunningham?), pero lo malo para los Lakers no es que el esloveno no se lleve el galardón. Sino que teniendo al mayor activo de la mejor liga del mundo y encima a ese nivel, estén más tonteando con un play in cada vez más peligrosamente cercano que intentando alcanzar uno de los cuatro primeros puestos que les de ventaja de campo en, al menos, la primera ronda. Una situación que, por otra parte, ya tuvieron el año pasado sin que eso sirviera para nada.
Los pecados de los Lakers
De entre todas las cosas que se les pueden reprochar a los angelinos, una de las principales es que están casados con la mediocridad. No son los peores en nada, pero tampoco los mejores: sólo el 16º equipo que más anota, el 12º que más puntos recibe y el 17º en porcentaje de triples. Su mayor virtud es su capacidad para atacar la zona, lo que les impulsa a lo más alto en porcentaje de tiros de campo y en porcentaje de tiros de dos. Pero en la era de los triples, en la que una cantidad de franquicias intentan más lanzamientos exteriores que de cualquier otro tipo, eso no es suficiente. Y más aún si eres el sexto peor equipo en porcentaje de tiros libres, el tercero más malo en rebotes y el sexto que menos tapone pone. Todo ello para un net rating negativo y la sensación de que van a tirones y son irregulares tanto dentro del mismo partido como en el contexto general de la temporada.
A los Lakers les falta profundidad de banquillo, lanzamiento exterior y juego interior. Deandre Ayton se ha ido diluyendo, aunque sigue siendo el máximo reboteador del equipo. Tras él están Doncic (7,8), LeBron (5,7) y Reaves (5). Y luego, la nada: ningún otro miembro de la plantilla llega a los 5 rechades de media. El fichaje de Luke Kennard en el mercado dio algo de aire en el lanzamiento exterior, pero no se aprovechan los espacios que Luka genera de forma constante y que permite lanzamientos liberados. Todo eso se une a una clara inconsistencia defensiva, motivada en cierta manera por la ausencia de un jugador interior fiable más allá de Ayton, muy relacionada con la cortísima rotación que maneja JJ Redick, más por necesidad que por obligación: de donde no hay, no se puede sacar. Jake LaRavia tuvo sus momentos, pero no tiene constancia. Jared Vanderbitl nunca termina de estar al 100%. Marcus Smart ha tenido momentos, pero aislados. Rui Hachimura es irregular. Y el trío dinámico...
Ese es uno de los grandes problemas: Doncic, LeBron (ahora hablaremos de él) y Reaves han concidido en 14 partidos esta temporada con un récord de 8-6 en esos choques, perdiendo los tres últimos. En 57 encuentros que han jugado los Lakers, han tenido poco tiempo para desarrollar una química que genere algo de esperanza entre sus estrellas. Y parece incompatible que se junten tres manejadores en un mismo equipo, por mucho que el use percentage (el tiempo que le usa su equipo) de James es el más bajo de su carrera y su condición histórica le permita jugar con y sin balón. La compenetración es, simplemente, algo que no está ni parece que vaya a llegar. Y la sintonía se vio en esa última jugada ante los Magic que tanta confusión generó. Algo falla: no hay entendimiento, y si bien el rol de líder está definido (Doncic), no todo el mundo parece estar de acuerdo con él (LeBron).
Esos problemas se notan en demasía. Reaves (25+5+5,6) tuvo una parte de la temporada realmente sensacional: del 10 de noviembre al 5 de diciembre disputó 12 partidos en los que se fue por encima de los 28 puntos de promedio, con un 55% en tiros de campo. Pero se perdió 22 de los siguientes 24 partidos. Al lado de Doncic y sin LeBron, el net rating se dispara al +4,6, el octavo mejor de la NBA. Si juntas a James con Austin (sin el esloveno), baja al -5,3 (25º en la lista). Y si el Rey se junta con Doncic, pero sin Reaves, se queda en un -5,7 (26º). Redick, con Doncic en pista, introdujo a las otros dos miembros del trío con 3:19 para el final del partido frente a los Magic y con 103-103 en el marcador. Los angelinos cayeron por 109-110 a pesar de tener un talento inconmensurable al mismo tiempo. Un síntoma, el enésimo, de que hay algo que no funciona y que juntar una ristra interminable de nombres magníficos no es sinónimo de victoria. Ni garantía de nada.
El tema de LeBron
Si tenemos todo lo dicho en cuenta y según quién pueda pensar que hay tiempo para enderezar la situación (es algo posible, aunque bastante improbable visto lo visto), hay un tema que sobrevuela por encima de la franquicia y que puede ser decisivo para el futuro a corto plazo, pero también sirve como explicación a lo que está ocurriendo: LeBron James. Lo que vaya a hacer el Rey cuando termine la temporada será clave para el devenir de los Lakers. Y hay una cosa clara, aunque lo que parezca no tiene que ser necesariamente lo que será: la estrella tiene pie y medio fuera de la entidad. Acaba contrato este verano (cobrará más de 50 millones este curso) y será libre de firmar con quién desee. Los angelinos ya han dicho que estrían encantados de que se retire en sus filas... con la boca chica. Tendría que ser por mucho menos dinero. Por lo tanto: ¿qué hará LeBron James?
Lo que está claro es que la situación no está siendo positiva para el devenir del equipo. No parece que el jugador se vaya a retirar por sorpresa y renuncie a una farewell tour (gira de despedida) que sería absolutamente histórica. Y, siendo alguien que habla mucho por su lenguaje corporal, tampoco parece que confíe mucho en que pueda volver a ganar con los Lakers (lo hizo en 2020, con su último y cuarto anillo). Pero la situación es incómoda, transmite mucha apatía y su afán de protagonismo, que siempre ha tenido, nunca le ha abandonado, consiguiendo lo que (parece que) quiere por el camino: que se hable más de la decisión que vaya a tomar que del propio equipo. Algo que también es normal si tenemos en cuenta que los de púrpura y oro están en tierra de nadie, sin aspiraciones a corto plazo más allá de llegar a playoffs para volver a casa y con, muchas veces, la sensación de que prefieren que el sainete en torno a su última figura histórica finalice lo antes posible.
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El farragoso asunto, que roza lo tróspido, se acabará antes o después. Y si LeBron pone rumbo a los Cavaliers para retirarse en su Ohio natal, los Lakers podrían empezar a plantearse construir definitivamente para rodear a Doncic. El Rey ya habló en términos extraños del esloveno tras el extraño final ante los Magic y no parece que la relación sea particularmente positiva, casi como si le molestara la presencia. Y en Akron acaba de llegar James Harden, sigue Donovan Mitchell y hay un proyecto ligeramente interesante en una Conferencia Este que da muchas oportunidades a todo el mundo. Igual es ahí donde LeBron James decide pasar sus últimos días en una competición a la que debe mucho, pero que le debe mucho a él. Y decir que hay veces que su comportamiento es cuestionable y que quizá, solo quizá, este quitándole más a los angelinos de lo que ya les da. Eso sí: 21,7 puntos, 5,7 rebotes y 7 asistencias de promedio con 41 años y en su 23ª temporada en la NBA. Casi nada. De una forma u otra y mientras se resuelve su futuro, las cosas están como están. Ni rastro de los Lakers.
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