¿LeBron sí o LeBron no? El dilema de los Lakers
El equipo angelino se consolida en la tercera plaza del Oeste tras cuatro victorias consecutivas, tres de ellas sin el Rey. Un dilema para Redick y que tiene difícil solución de cara a playoffs.


“LeBron quiere hacer todo lo posible para ayudar al equipo a ganar. Entiende la importancia de que Luka y Austin tengan más tiempo el balón”. Las palabras de JJ Redick tras la victoria de los Lakers frente a los Bulls (142-130), con exhibición de Doncic (51 puntos) y 31 tantos de Reaves, pone en evidencia una realidad manifiesta que se ha ido presentando de forma más o menos soterrada a lo largo de la temporada, pero que ahora es más clara que nunca. El equipo es mejor sin el Rey y todo fluye mucho mejor. Y lo que hay que ver es si la leyenda en activo consigue encontrar su rol y, sobre todo, estar cómodo y de acuerdo con él, para que haya alguna posibilidad de conseguir rascar algo en playoffs. Ahí donde se juega todo, en las eliminatorias por el título. En las que no valen ni declaraciones cruzadas ni lucha de egos. Lo que vale es ganar.
En 66 partidos que los Lakers han disputado esta temporada, LeBron ha participado en 45. De los 21 que se ha perdido, los angelinos han ganado 14, incluidos los tres últimos previos al duelo contra los Bulls, donde la estrella regresó para hacer una buena línea estadística: 18 puntos, 7 rebotes, 7 asistencias y 2 robos en 33 minutos. Su nivel sigue siendo realmente increíble a sus 41 años, prácticamente inédito en la historia del baloncesto y del deporte. Y promedia más de 21 tantos, con 5,6 rechaces y 7 pases a canasta por noche, aunque no vaya a optar a los premios individuales por no llegar al mínimo necesario de 65 encuentros. Sin embargo, cuando ha estado en pista el nivel de los Lakers ha sido diferente: la circulación no fluye de la misma manera, los espacios que crean Doncic y Reaves son otros y los lanzamientos que tiene que asumir por importancia y estatus impiden que el reparto sea igual de proporcional que cuando está ausente.
Eso sí, los problemas parecen más extradeportivos que otra cosa: desde la llegada de Doncic el 1 de febrero de 2025, los Lakers han sido considerados candidatos al título, en el contexto de una NBA que colecciona siete campeones distintos en siete años y que está más abierta que nunca. Pero LeBron no ha parecido nunca muy contento con cederle la batuta a su compañero y las fricciones con la directiva han sido cada vez mayores: no se interesaron en renovarle en verano y se acogió a la player option de más de 50 millones de dólares. Y aunque en el seno de la franquicia han filtrado con la boca pequeña que estarían encantados de que terminara su carrera vestido de púrpura y oro, pero también han dejado muy claro que tiene que haber un buen recorte en su salario. Y todo lo que se ha sabido después parece más una invitación a marcharse en verano que otra cosa.
Los días de LeBron en los Lakers parecen estar contados. Los Cavaliers asoman en el horizonte como el último destino para el longevo Rey, lo que sería una forma magnífica de cerrar el círculo y poner el broche de oro a una de las historias más grandes jamás contadas. Regresando a su hogar: a Akron, Cleveland, Ohio, donde es un referente social y cultural. Y también deportivo, llevando a las vitrinas el anillo prometido de 2016. La llegada de James Harden y su unión con Donovan Mitchell podría ser un escenario ideal para él. Y parece incuestionable que iría acompañado de Bronny. Pero antes, tiene que finalizar su temporada en los Lakers. Y el equipo que parecía denostado hace unas semanas parece otra vez competitivo. Ahora bien, da la sensación de que la cosa depende de que el jugador esté por la labor y reme a favor de corriente. Algo que le interesa, por mucho que los Lakers sean candidatos y no favoritos. Pero, en una NBA tan abierta, nadie puede descartar a nadie.
Sí o no: el dilema
Sin LeBron, los Lakers han ganado en tres ocasiones a los Timberwolves, en una a los Spurs y en otra a los Knicks. Con la estrella, apenas han rascado dos victorias ante los Raptors. Es un dato preocupante: primero, porque los angelinos han salido indemnes en pocos partidos contra los mejores rivales de la competición norteamericana, lo que les convierte en un equipo más bien mediocre, que gana a los más flojos y cae frente a los más fuertes. Y segundo y más importante, porque con LeBron sólo han ganado a los Raptors, que encima son de la Conferencia Este. Para avanzar en playoffs hay que emerger contra los del Oeste y es de presuponer que James llegue sano a esa parte de la temporada. Y hay poco más de un mes por delante para que los Lakers aunen esfuerzos y la estrella tenga claro cuál es su rol y cuándo tiene que ejercerlo.
Doncic promedia casi 33 puntos por partido, con casi 8 rebotes y 8,5 asistencias, mientras que Reaves roza los 24, con 5,5 pases a canasta. Entre ellos dos y LeBron, suman 21 de las 25,6 asistencias que los Lakers dan por noche. Y lo que podría ser una virtud puede tornar (y lo han hecho en varias ocasiones) en defecto: necesitan demasiado balón, son propensos a crearse sus propios tiros y, obviando a un Austin cuya carrera tiene un menor recorrido, están acostumbrados a que todo se construya a su alrededor. Esto parece haber desubicado en cierta manera a James, que si bien sabe jugar sin balón (dado su nivel) ha sido relegado a un segundo plano en el que no parece sentirse cómodo. Al fin y al cabo, siempre ha sido la primera espada y el cambio de situación le afecta a nivel mental, mostrando su incomodidad en sus gestos corporales y en esa cara que tanto transmite cuando las cosas van bien y, sobre todo, cuando van mal.
Ahora bien: con 16 partidos de regular season por delante, la cosa puede cambiar. Hay tiempo para que LeBron se adapte del todo en una temporada en la que no ha tenido tanto tiempo como en otras para hacerlo, incluido un inicio de curso en el que estuvo lesionado y no pudo acudir a muchos entrenamientos grupales. Las cosas están como están y eso tiene que hacer reaccionar al Rey, por mucho que el anillo siga pareciendo muy lejano para la franquiica (la defensa ha mejorado pero tiene que hacerlo más, la falta de juego interior es un hecho...). Los Lakers van terceros de la Conferencia Oeste con un récord de 41-25, pero tienen a medio partido a Rockets y Nuggets, a uno a los Timberwolves y a dos a los Suns, que son séptimos y si acaban así tendrán que jugar el play in. Es decir, que el nivel de relajación tiene que ser mínimo sin olvidarse de que el año pasado acabaron terceros con 50 victorias y fueron eliminados en primera ronda. No todo vale. De hecho, no vale casi nada.
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Los Lakers se juegan media temporada en los tres siguientes partidos, en los que reciben a los Nuggets y visitan por partida doble a los Rockets en Houston. Si LeBron juega lo hará frente a equipos del top 5 del Oeste, una asignatura pendiente que ya veremos cómo sale. Luego viene una gira por el Este (Heat, Magic, Pistons y Pacers), dos partidos que tienen que ser cómodos (en casa, contra Nets y Wizards), partido en Oklahoma, en Dallas, en casa frente a los Thunder y llegada a Golden State. Para acabar, Suns y Jazz en el Crypto Arena. Un calendario complicado que tendrán que solventar para demostrar que lo que ha ocurrido no es un mero espejismo y que el equipo puede ser mucho más. Pero todo pasa por LeBron, al que nadie va a apartar de la rotación (eso es inasumible). Si el Rey está por la labor y Redick sigue haciendo lo suyo, con este nivel de Doncic y Reaves todo puede pasar. Y si no... Pues ahí está la cosa. LeBron sí o LeBron no. El dilema de los Lakers.
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