LeBron James: “2018 fue mi mejor año”
El alero de los Lakers lleva 23 temporadas en la NBA, una carrera interminable. De todas, James se queda con una, la “más completa a nivel individual”.

Facebook, YouTube y iPhone. Tres cosas ya son de todo menos recientes, pero que no existían cuando LeBron James debutó en la NBA el 29 de octubre de 2003. Tampoco su hijo, Bronny James (con el que ahora comparte equipo) había nacido aún. LeBron es mucho más que un veterano curtido en mil batallas y el jugador más mayor de la liga. Su figura ha trascendido el tiempo y la palabra longevidad ha visto sus acepciones modificadas de la mano del rey. Después de comenzar su temporada número veintitrés, aún como titular y siendo clave en uno de los mejores equipos de la liga; la pregunta es: ¿dónde está el límite? Aún en su temporada número veintidós, el monstruo promedió 24,4 puntos, 7,8 rebotes y 8,2 asistencias; números sin precedentes después de más de 20 años, y nada lejos de sus promedios de carrera.
La palabra regularidad suena banal y simple, pero no hay nada sencillo en mantener una línea recta durante más de dos décadas; nadie lo ha hecho, nadie ha estado ni cerca de ello. LeBron es único en este aspecto. Parece inverosímil que la máxima marca de promedio en una temporada del rey sea ‘solo’ 30,3 puntos; lo hizo en la 2021-22. Fue la segunda vez en su carrera que traspasó la barrera de los 30 puntos de media (la 2007-08 fue la primera). Pero es que nunca (salvando su temporada de rookie) ha bajado de los 24,4 puntos, mínimo que alcanzó el año pasado. Esta temporada, ya pasado su primer tercio, se está abriendo como un punto de inflexión en la imposible en la carrera del alero. Su marca anotadora ha bajado a los 20,3 puntos de media; la mejor pareja exterior de la liga en anotación (Luka Doncic y Austin Reaves) ha hecho hasta ahora gran parte del trabajo. Incluso el tiempo ha puesto fin a su récord imbatible de partidos seguidos anotando al menos 10 puntos (1297), uno que empezó en 2007 y terminó en el último partido ante los Raptors.
Desde hace unas temporadas, no se sabe si el año presente puede o no ser su último año como profesional; con casi 41 años ni siquiera un físico único en la historia como el suyo es inmortal. No es un mal momento para echar la vista atrás y recordar, la que para el propio James, es la mejor temporada de su carrera. “Si tuviera que elegir el momento en el que me sentí más completo como jugador de baloncesto, diría 2018” declaró en un podcast con Steve Nash. Una temporada 2017-18 que a simple vista y sin conocimiento de causa puede parecer ordinaria dentro de su inconmensurable carrera (27,5+8,6+9,1), pero tiene un truco mágico que la hace única. “Sentí que no podía hacer nada mal dentro de la pista. No creo que hubiera ningún defecto en mi juego”. Para él mismo, alcanzó la perfección baloncestística, si es que algo así existe. Aún así, ese año, ni en la mejor temporada de su carrera, pudo ganar el anillo; Los Vengadores fueron demasiado para Thanos. El fichaje de Kevin Durant por los Warriors en verano de 2016 rompió la liga por completo, y a pesar de que LeBron arrasó el este como pocas veces se ha hecho, los de Steve Kerr fueron demasiado rival. Pero ese es solo el final anticipado de una historia con mucho jugo para exprimir; a veces el camino es más importante que el desenlace.
Cleveland siempre fue y será la casa de LeBron. La tierra prometida, donde el alero completó su particular viaje del héroe; partida y regreso. La traición se consumó con el famoso mensaje de 2011: “Me llevo mi talento a South Beach, me uniré a los Miami Heat”. Después de 7 temporadas y unas finales en su primera etapa en los Cavaliers, LeBron decidió tomar la guerra por su cuenta; ni el apoyo del equipo ni el de la franquicia eran suficientes para que el joven rey pudiera ganar su primer anillo. Lo más cerca que estuvo, unas finales arrasadas por los Spurs de Popovich (4-0); nada pudo hacer un solo hombre contra todo un ejército. En Miami fue otro cantar: 4 finales, 2 anillos (seguidos). Después de un estreno decepcionante y una derrota sorprendente ante los Mavericks en las Finales de 2011, el trío LeBron-Wade-Bosh empezó a carburar, en los dos siguientes años el Trofeo Larry O’Brien se quedó en Miami.
Pero LeBron James era un hombre con una misión. El viaje del héroe no se entiende si el joven protagonista no regresa a su lugar inical; con cambios en ambas partes. “Tell the world I’m coming home”. Una promesa por cumplir, que inició en la temporada 2014-15, ahora con un nuevo plan. Kyrie Irving y Kevin Love fueron dos escuderos de oro para el ya coronado rey, y el camino de la última batalla se extendió con los años: llevaba desde 2011 jugando finales en años consecutivos, y lo hizo hasta 2019. Ocho años seguidos en los que llegó a las Finales de la NBA; 4 con Miami, 4 con Cleveland. El primer años, las lesiones jugaron una mala pasada y los Warriors sorprendieron al mundo con un juego que cambió la liga para siempre. Al año siguiente, la venganza se sirvió en un plato frío. El rey completó su promesa, y trajo el anillo a casa. Los Cavaliers fueron campeones en 2016 (4-3), en una de las victorias más difíciles y memorables de la historia (levantaron un 3-1 en contra por primera vez). Y sin embargo, el mejor estado de forma de la carrera de LeBron aún no había llegado.
Después de perder en 2017; de nuevo ante los Warriors (ahora mejorados con Durant), LeBron llevó a cabo un plan durante ese verano. Se desconoce su invento, pero le convirtió en una máquina sin sentimientos. En la 2017-18 el rey disputó todos y cada uno de los 82 partidos de la temporada regular. No es qué hizo, sino cómo lo hizo. Día si, día también, ahí estaba el cyborg. La marcha de Irving a los Celtics dejó a LeBron sin su escudero personal, pero le impulsó a crecer aún más como jugador. “Cada vez que cogía el balón, podía hacer todo lo que quería hacer en mi cabeza, tanto en defensa como en ataque, era otro nivel”. En su última temporada en Cleveland, los Cavs registraron el cuarto puesto (50-32) en la conferencia este, el peor de la era LeBron. Sin embargo, después de 82 partidos jugados (única vez en su carrera que logró esta increíble hazaña), LeBron aún tenía mucha gasolina en su tanque; comenzó la revolución.
En la primera ronda de los playoffs, los Cavaliers se enfrentaron a unos jóvenes y temibles Pacers, comandados por un Victor Oladipo a un nivel de élite absoluta. Después de una derrota por casi 20 puntos en el primer partido (98-80), LeBron respondió con 46 en el segundo. La serie se fue igualando y alargando cada vez más, hasta llegar al séptimo; pero hubo un evento clave que precedió a ese momento: con 2-2 en la serie y el marcador empatado a 95 a falta de de tres segundos, el rey cogió el balón, dio dos botes y clavó un triplazo sobre la bocina; uno de los gamme winners más icónicos de su carrera que completó un histórico 44+10+8. En el séptimo y decisivo partido, 45 puntos, 8 rebotes y 7 asistencias para el rey con victoria incluida (105-101). Llegó a un punto completamente imparable, (34,4+10+7,7 de media en la primera ronda) pero este solo era el inicio de los que son, probablemente, los mejores playoffs a nivel individual de la historia.
Toronto Raptos había hecho una temporada regular histórica (primer puesto de conferencia con un 50-32 de récord), y sería el siguiente rival de los Cavs en las semifinales de conferencia. Los de Canadá descubrieron en esa seria un fenómeno: LeBronto. Las habilidades del rey alcanzaron su punto álgido como jugador; era un hombre jugando contra niños. Sus números de media, 34+8,3+11, reflejan la impasividad de su dominancia. En el tercer partido, con el partido empatado a 93 a falta de 8 segundos, LeBron recibió el balón en su campo, cruzó la pista entera botando y anotó una bomba ante dos defensores cayendo hacia atrás. Un nuevo gamme winner sobre la bocina para la historia. No hubo rival, el primer clasificado del este fue una broma para el mejor jugador del mundo; 4-0 y a otra cosa.
Llegaron las finales de conferencia; llegaron los Celtics, que habían quedado segundos en temporada regular. Fue un reto totalmente diferente; la defensa de los de Brad Stevens fue sofocante, algo que pasó factura en el primer partido. El rey se quedó en 15 puntos con una serie de tiro horrible (5-16) y un -32 en pista (83-108). En el segundo, una masterclass de LeBron (42+10+12) no fue suficiente para batir a unos Celtics que eran todo un equipo, aún con Irving ausente por lesión. Unos jovencísimos Jayson Tatum y Jaylen Brown lideraban acompañados de la veteranía de Marcus Morris y Al Horfod, complementados por el sustituo eléctrico de Kyrie: Terry Rozier. La tarea era prácticamente imposible; 2-0 en contra. Y lo más alarmante: históricamente, cuando los Cletics se ponían 2-0 por delante en una serie de playoffs, su récord hasta el momento era 37-0.
Los Cavs ganaron el tercero, y una barbaridad ofensiva de LeBron en el cuarto (44 puntos) igualaron la serie 2-2. Ambos habían ganado todos sus encuentros en casa; los Celtics siguieron la línea en el quinto, y los Cavs en el sexto (46+11+9 del rey). Habría séptimo partido. “Era el último partido de la serie. Miraba a Tatum y Brown, a Rozier, a mí mismo, estábamos destrozados físicamente. Miré al otro lado: llevaba todo el partido jugado, y su rostro era impasible. Me resultó inquietante”. Estas son las palabras de Al Horford sobre su vivencia personal de aquel séptimo partido. LeBron disputó los 48 minutos del encuentro, anotó 35 puntos, capturó 15 rebotes, repartió 9 asistencias, y silenció por completó el TD Garden (87-79). “Con todo lo que ha conseguido, no superará el logro de haber llevado en solitario este equipo a las finales”, declaró Jeff Van Gundy durante las últimas posesiones del partido. Solo Kevin Love superó los 10 puntos de media en la postemporada; prácticamente sin ningún tipo de ayuda, el monstruo barrió una conferencia entera.
La realidad finalmente pudo con una de las mayores gestas recientes del deporte, y los Warriors fueron demasiado rival. No obstante, en el primer partido, fuera de casa, LeBron firmó su obra magna: 51+8+8. A nivel situacional, uno de los mejores partidos de su carrera. Compitió ante el que probablemente es el mejor equipo de la historia de tú a tú hasta la última posesión. Con una marcador de 106-107 (los Warriors por delante a falta de 6 segundos), LeBron encontró un corte de Gorge Hill, que iba a la línea para empatar o ganar el partido. Hill metió el primero, pero falló el segundo, y el rebote cayó en las manos de J.R Smith. El escolta no se enteró del marcador, asumió que los Cavs estaban por delante y aguantó la posesión en vez de tirar. Un desastre que condujo a la prórroga e inevitablemente, a la derrota. Un 4-0 fue el resultado final, pero los de Steve Kerr habían roto la Matrix. Nadie en el planeta, ni siquiera uno de los mejores jugadores de la historia en su mejor temporada pudo con ellos. Así fue el final de ese año mágico para LeBron, uno que, para él mismo, fue el mejor de su carrera.
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