Klay Thompson y la caída de un mito
El legendario tirador queda relegado al banquillo en los Mavericks. Un descenso a los infiernos del que fue un jugador único.


Los Mavericks están mal, pero Klay Thompson está peor. El equipo texano sigue recogiendo las migajas del histórico traspaso de Luka Doncic rumbo a Los Angeles Lakers el pasado mes de febrero y la afición sigue gritando y maldiciendo a Nico Harrison: 2-6 de salida, incluso con derrota incluida ante los Pelicans, un drama absoluto y un equipo a la deriva. Kyrie Irving no está por lesión, Anthony Davis arrastra problemas físicos de forma prácticamente eterna y el mayor atractivo consiste en ver a un Cooper Flag que ni pincha ni corta en toda esta historia, pero que ha sido número 1 del draft y está haciendo su labor para llevarse el Rookie del Año, aunque todavía tiene mucho margen de mejora. Por el resto, la situación es dramática. Y no parece que vaya a cambiar.
Pero dentro de una historia horrenda emerge una todavía peor: la de Klay Thompson. Un jugador legendario, de los que mejor currículum tiene en activo y con un pasado diametralmente opuesto a su presente. Es más, ante los Pelicans disputó su primer partido como suplente desde el 11 de marzo de 2012. En su 13ª temporada como profesional (pasó dos enteras lesionado entre medias) y camino de los 36 años, el escolta afronta un triste final mientras arrastra la maldición de esas roturas del tendón de Aquiles y del ligamento cruzado anterior (las dos lesiones más graves para un baloncestista) que le mantuvieron fuera de juego demasiado tiempo. Tras ello, nunca llegó a ser el mismo, pero su nivel fue decreciendo paulatinamente... hasta ahora. Es más, en su segundo partido de suplente hemos visto otro desastre: 0 puntos, 0 de 6 en tiros de campo y 0 de 5 en triples. Vivir para ver.
Jason Kidd, superado por las circunstancias, no ha tenido más remedio que empezar a utilizarle como suplente para dar cabida a D’Angelo Russell (vivir para ver) en el quinteto titular. Algo prácticamente insólito para un jugador que ha disputado 874 partidos en la NBA, 821 desde el inicio y que no era suplente desde su año rookie. Pero las cosas no iban bien y eso era una obviedad: el tirador, el quinto que más triples ha anotado en la historia de la NBA, superó el 40% desde el exterior en sus ocho primeras temporadas, pero bajó de la cifra en tres de las cuatro años siguientes... hasta que se ha desplomado definitivamente en el actual. Sus movimientos laterales defensivos, una de sus virtudes antaño, se han quedado en nada. Y no consigue ser resolutivo ni en los tiros liberados ni con el balón en las manos. Una sombra de lo que en su día fue.
Los promedios de Klay esta temporada han bajado a los 7,4 puntos, 2,8 rebotes y 2 asistencias, con un horrible 31,4% en tiros de campo... y 26,7% en triples. Eso que más le definía y que ya no es el arma asombrosamente letal que en su día fue. Y la caída de un mito, por mucho que Kidd haya dicho que la decisión es de mutuo acuerdo y el jugador asegure que no le importa salir de suplente, que se encuentra mejor y que se avecinan “grandes cosas”, aunque algunas filtraciones indican que le podrían estar buscando un traspaso. Al final, la otrora estrella que ganó cuatro anillos y disputó seis Finales con los Warriors, la última gran dinastía que ha tenido la NBA en su larga historia. Ahí fue el sostén de la franquicia entrenada por Steve Kerr, liderada por Stephen Curry y que formó un equipo para los anales. Y eso le queda a Klay Thompson, el recuerdo de algo insólito, increíble. Mágico. Algo que es para siempre. Por mucho que las cosas ahora estén como están.
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