NBA

Keshad Johnson gana uno de los peores Concursos de Mates de la era moderna

La NBA corona a Keshad Johnson como nuevo rey de su Concurso de Mates, aunque el resultado fue decepcionante en Los Ángeles. Carter Bryant mereció más.

Keshad Johnson -
RONALD MARTINEZ
Mike Maestre
Redactor Baloncesto en Diario AS
Nació en Madrid en 1992. Cursó estudios en Periodismo en la Complutense de Madrid. Entró a AS en 2017 y se zambulló en Baloncesto. Y ahí sigue, entre NBA, ACB, LEB, competiciones internacionales... Ha trabajado, además de aquí, en MARCA, NBAmaniacs, EuroSport, la revista Gigantes o las retransmisiones de Euroliga.
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Una noche extraña de sábado en Los Ángeles acabó con la peor puesta en escena. El público que estuvo presente en el Inuit Dome, el poco que se acercó en una hora temprana para la ciudad en la que se realizaba el evento, se llevó a casa un chasco con el plato fuerte de la velada. El que se supone que debe serlo. El Concurso de Mates, revitalizado en la última década con las victorias de Zach LaVine y Mac McClung, desplegó uno de los peores espectáculos de la historia moderna para regocijo de los críticos de cómo han evolucionado este tipo de espectáculos.

Con el desenlace no se explica todo pero sí algo. El ganador fue Keshad Johnson, un jugador que apenas cuenta en Miami Heat, gracias a la mala gestión de su contrincante en la final, el novato Carter Bryant, que se entretuvo demasiado para asegurar una victoria que tenía en la palma de la mano. Los otros dos participantes, Jaxson Hayes por parte de los Lakers y Jase Richardson desde los Magic, no aportaron absolutamente nada; uno tenía la altura y no la utilizó, el otro es el hijo de un supermatador y para nada se acerca a las virtudes del padre.

La NBA venía de tres triunfos encadenados de Mac McClung, un chico dotado de la liga de desarrollo que no ha triunfado hasta el momento en los pírricos momentos que le han dado en la liga mayor. Un caso que puede sonarle a Johnson, nuevo vencedor, que aún debe definir su camino en el baloncesto. Tres es récord. Si se preguntan por qué una carta, el propio McClung ha respondido en los últimos días: le habían llegado rumores de que muchos otros posibles participantes no se apuntarían sí él continuaba haciéndolo. Se quitó del camino por lo menos un año. El resultado fue espantoso, pero si se demuestra que lo que le trasladaron era cierto directamente hay que subirle el grado al adjetivo.

Keshad Johnson, de 24 años, ganó sin brillo. 47,4 y 45,4 en la ronda inicial. En un nivel medio que le dio para clasificarse. Hayes hizo el ridículo en el primer intento, uno de los más flojos que se han visto en tiempo, saltando cerquísima por medir mal la carrera y acabando a una mano y sin truco alguno. Como si fuera un partido normal y no quisieras quemar ni un gramo de grasa. Richardson mostró falta de muelles y también quedó eliminado, aunque en su caso procede destacar que se pegó un costalazo bastante serio en uno los intentos y se levantó a terminar la faena como un profesional. Son esfuerzos diferentes y que merecen una valoración como tal.

La NBA tuvo en la ronda definitiva a Johnson, con ánimo de cara al público pero sin la chispa para enganchar con la propuesta, y a Bryant, que dejó entrever una interesante capacidad de salto y potencia a la hora de finalizar los intentos. Tampoco tenía pinta de ser todo tan trágico. Y lo fue. Lejos de hablar más de la expectación en la grada, escasa a la hora de la comida por hora local, ni siquiera vimos las clásicas imágenes de las superestrellas alucinando en primera fila con los mates de sus colegas. La atracción no acompañó, sí, pero es que tampoco había nada con lo que flipar, sacar la cámara, grabar y abrazarte al que tienes al lado. Que es un problema que se resuelve sólo con compromiso de los que son verdaderos especialistas de la disciplina.

Carter Bryant marcó con un sello su concurso. Dos mates, una en la primera ronda y otro en la segunda, que tienen un hilo conductor. Balón hacia delante, carrera de frente al aro y finalización con molinillo a una mano. En la fase previa lo hizo más simple aunque no exento de fuerza. En la fase final lo mejoró, que es de lo que va la historia: el esférico se lo pasó entre las piernas. Con este último se llevó el único pleno de dieces que hubo en el concurso de marras.

De los demás se puede decir poco. Hayes, lo antes explicado en el primer intento y un flojo segundo: toque al balón en carrera en vez de en vuelo con la palma de una mano para llevarla a la otra y tenerlo acomodado para pasarlo entre las piernas y matar. No bastó para enfriar el estupor que había con él, aunque demasiada puntuación -47,2- obtuvo del quinteto de jueces (Corey Maggette, Dwight Howard, Brent Barry, Dominique Wilkins y Julius Erving, que entregó el trofeo que se renombró en su honor). Richardson casi se deja la espalda en una carrera desde la zona izquierda; fue valeroso pero no lo suficientemente original. Y Johnson, baile tras baile para comunicarse con los aficionados, dejó un superestético primer mate en el que saltó por encima del rapero E-40 y aseguró para meterse en la final.

Los Ángeles quería más. Johnson firmó un aro pasado con la cabeza rozando el tablero que resultó visual. En el posterior tuvo el mismo error que Hayes, saltar cerquísima del aro, aunque él le metió un molinillo. Sin gracia. No debía haber ganado. Pero Bryant, que sólo necesitaba asegurar, falló tres intentos, se entretuvo con los consejos de Vince Carter y vivió cómo el reloj le atropellaba y le dejaba sin corona. Keshad, californiano de pro, es el nuevo rey.

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