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Insólito final en la NBA

Situaciones rocambolescas en la última jornada de la fase regular de la NBA: Mikal Bridges, los 65 de Jokic, Clint Capela, etc. Positivo y negativo, sobre todo lo segundo.

Insólito final en la NBA
Vincent Carchietta
Mike Maestre
Redactor Baloncesto en Diario AS
Nació en Madrid en 1992. Cursó estudios en Periodismo en la Complutense de Madrid. Entró a AS en 2017 y se zambulló en Baloncesto. Y ahí sigue, entre NBA, ACB, LEB, competiciones internacionales... Ha trabajado, además de aquí, en MARCA, NBAmaniacs, EuroSport, la revista Gigantes o las retransmisiones de Euroliga.
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La resolución de la última jornada de la NBA necesita una vuelta de tuerca. Para diez equipos, cinco por conferencia, es el último contacto con el baloncesto oficial hasta el mes de octubre. No lo parece. Para otros veinte el camino continúa porque van a luchar por el título. No lo parece. Un problema complejo con incontables aristas que está lejos de tener una resolución y que un día más, un año más, volvió a dejar estampas no recomendables en una liga profesional.

Decidir el destino o no en la jornada decisiva es algo que se ha hecho toda la vida en muchos deportes y con réditos exponencialmente positivos. Sí. El problema es cuando las reservas de jugadores son indiscriminadas en gran parte del tramo final de una temporada. En la 2025/26 lo hemos visto en los Memphis Grizzlies que entrena el finlandés Tuomas Iisalo. Partido 82 del curso y rotación de siete hombres, y qué siete, para medirse a los Rockets: Javon Small, Lucas Williamson, Toby Okani, Jahmai Mashack, Dariq Whitehead, Rayan Rupert y, como guinda, Taj Gibson, que sobrevive a ese nivel a los 40 años. Nombres que a cualquier aficionado no de nicho ni les raspan la oreja. 132-101 para Houston. El colmo es que -aunque es un detalle menor- Clint Capela encestara el único triple de su carrera tras once años, indicador de la intensidad con la que se jugaba. Imágenes que no se esperaban ver.

Era sólo un ejemplo para plasmar cómo se atraganta la jornada final de la NBA a propios y extraños. También se mantienen los estándares de competitividad y así debe ser reseñado. Los Magic erraron a lo grande en Boston, teniendo ellos la sartén por el mango, al perder y dejar que los Sixers, que iban a ser su rival en la repesca, ganen la ventaja de campo. Los Nuggets, con Jokic en la pista para cumplir el mínimo de partidos con los que optar a premios, no se dejaron superar por los Spurs en su duelo y por los Lakers en la clasificación. Que los hay que juegan a ganar aunque no sean todos.

Si queremos más, hay más. El paradigma equivocado lo encontramos en el Madison Square Garden. Duelo entre Knicks y Hornets. En él, por cierto, una pugna de hoy en día: Kon Knueppel, 273, ganó a LaMelo Ball, 272, el pique triplista de Charlotte; primera pareja de compañeros desde Stephen Curry y Klay Thompson en semejantes números. Pero vayamos a lo desastroso. Mikal Bridges salió como titular y disputó 23 segundos del choque para mantener viva su racha de Ironman: 638 partidos seguidos en cancha en la NBA, no falla desde que estudiaba en el instituto. Que es una forma sibilina de desvirtuar el deporte.

Con lo contado es para darle una vuelta a lo ocurrido. La trascendencia de la NBA está en juego en resquicios de la temporada como éste, del que se habla poco pero que despega a los fans más casuales del torneo y son pérdidas que después cuestan recuperar. Desde el parón del All-Star la atención en la Liga baja, un mes y medio de valle hasta que llegan las eliminatorias, en el que sólo una pelea por posición echa leña al fuego. Por no hablar de cómo se corta las alas a jugadores para que no ayuden a su equipo a vencer en sitios donde conviene perder, un revoltijo de emociones nada saludable.

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