NBA

El sol vuelve a calentar en Phoenix

Los Suns son el equipo revelación de la temporada tras varios años siendo uno de los más decepcionantes. Las estrellas y los grandes tríos no lo son todo.

PHILADELPHIA, PENNSYLVANIA - JANUARY 20: Collin Gillespie #12 of the Phoenix Suns celebrates with teammates during a timeout during the second half against the Philadelphia 76ers at Xfinity Mobile Arena on January 20, 2026 in Philadelphia, Pennsylvania. NOTE TO USER: User expressly acknowledges and agrees that, by downloading and or using this photograph, User is consenting to the terms and conditions of the Getty Images License Agreement.   Emilee Chinn/Getty Images/AFP (Photo by Emilee Chinn / GETTY IMAGES NORTH AMERICA / Getty Images via AFP)
EMILEE CHINN
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El tiempo pone a cada uno en su sitio. Hace bastantes años que la NBA ha dejado de ser una liga cuya fórmula para ganar se basa en recolectar jugadores de gran nivel y juntarlos como si fuera una macedonia. La era del big three es historia desde hace mucho tiempo. Ahora triunfan mucho más los equipos construidos a largo plazo; las reconstrucciones tienen cada vez tienen más peso y éxito. Una superestrella como pilar, una estrella fiable como segunda espada y un ejército de gregarios con cierto talento para sumar en ataque y ser un infierno en defensa son el cóctel perfecto para formar un equipo campeón.

La historia reciente lo demuestra: Thunder, Celtics, Nuggets, Bucks, Warriors (en 2022) y Lakers: todos estos campeones comparten las características anteriores. El último equipo que ganó la NBA con un big three (sin contar la dinastía de los Warriors; que eran mucho más que eso) fueron los Cavaliers de LeBron James (con Kevin Love relegado en sus funciones habituales; al igual que Chris Bosh en Miami). Ya hace más de una década de eso, ha quedado en el pasado; hoy, la fórmula ha cambiado.

A pesar de ser prácticamente una evidencia, muchos equipos no se han dado cuenta y siguen estampándose contra un muro; aprenden a través de la prueba y error. Es exactamente lo que pasó con los Thunder. Tras ver cómo su trío: Carmelo Anthony, Paul George y Russell Westbrook se tornó en una completa ruina, llevaron a cabo el que probablemente haya sido uno de los traspasos de la historia. Seis años y medio después; los Thunder son los vigentes campeones de la NBA y tienen todos los ingredientes para ser una dinastía a largo plazo.

Por su parte, la franquicia de Phoenix consiguió algo muy difícil; construir algo bonito y exitoso desde el draft. Devin Booker, Mikal Bridges, Deandre Ayton y Cameron Johnson. Un equipo que en la temporada 2020-21 jugaba sin tapujos, con un baloncesto vertical y vistoso, que gracias a llegada de Chris Paul elevó aún más su calidad; la ilusión volvió a Phoenix tras muchos años de penurias. Tras una campaña casi perfecta, sólo Antetokounmpo se puso en medio de su camino hacia la gloria; el anillo estuvo más cerca que nunca. Al año siguiente, Luka Doncic cortó las alas de los Suns en semifinales de Conferencia, lo que marcó el comienzo de un calvario en las oficinas de Phoenix.

En la temporada 2022-23, después de deshacerse en febrero de Mikal Bridges, Cam Johnson y Jae Crowder en un traspaso para adquirir a Kevin Durant, los Suns y la ilusión comenzaron a desinflarse poco a poco. Después de caer en playoffs ante los Nuggets (que serían campeones) y con el dolor reciente de la derrota, tomaron la peor decisión posible ese mismo verano: sumar a sus filas a Bradley Beal. Se había completado un ciclo; un equipo joven, ilusionante y que estuvo a dos victorias de un anillo se transformó en un big three con tres exteriores; algo sin pies ni cabeza. Juntar a Durant y Booker no parecía un mal negocio, pero meter a Beal en ese mejunje fue un error que se pagó caro.

Un baño de realidad tan duro como merecido llegó al final del primer año de este nuevo proyecto: los Timberwolves pasaron la escoba por Phoenix; 4-0 en primera ronda y a otra cosa. Parecía una situación de relevo generacional; el concepto del big three había quedado obsoleto, pero los Suns no lo conseguían ver. La franquicia tuvo que tocar fondo para darse cuenta de que el cielo es azul; en la temporada 2024-25 no sólo se quedaron fuera de los playoffs; no llegaron ni al play in. Un desastre colosal para el que fue uno de los equipos más caros y decepcionantes de la historia.

Sin embargo, al igual que existe calma antes de la tormenta, lo mismo ocurre en viceversa. Después de saborear cómo sabe el subsuelo, los Suns (al fin) decidieron tomarse las vacaciones de verano como una profunda reflexión para analizar las cosas con otra perspectiva y reconstruir; un paso natural que les costó lo inhumano. El primer movimiento fue traspasar a Kevin Durant a los Rockets en una operación con siete equipos involucrados; en su lugar llegaron Dillon Brooks y Jalen Green. Quién hubiera pensado que el primero sería uno de los grandes pilares del gran cambio de la franquicia y el segundo estaría aplaudiendo desde el banquillo; la vida está llena de acontecimientos impredecibles.

El circo del horror clausuró definitivamente cuando los Suns lograron deshacerse de Beal, prácticamente un mes después de que saliera Durant. Aún le quedaban dos largos años de contrato, pero la franquicia dijo basta. Una cláusula antitraspaso le permitía vetar toda operación en la que estuviera involucrado, así que los Suns simplemente cortaron el problema de raíz; todo se quedó en una deuda de 96,8 millones a lo largo de cinco años con el escolta. Después de quitarse dos enormes granos llenos de pus, los Suns consiguieron, después de muchos años, vía libre para crear un nuevo proyecto. Y vaya sí está funcionado; la vuelta a la tortilla es descomunal.

Con nada que perder y una situación de reconstrucción que prácticamente les condenaba a vagar por los inframundos de la competición, comenzaron la temporada de una forma esperada: 1-4. Era un equipo que simplemente pasaría desapercibido, del que no se iba a hablar este año, pero que seguiría el curso natural propio de su situación. Sin embargo, la realidad resultó ser más increíble que el imaginario colectivo; apareció una tecla mágica, que llegó antes de que los Suns se deshicieran de Durant y Beal. El 4 de junio de 2025, Jordan Ott, quien fue asistente de Kenny Atkinson en los Cavaliers, aterrizó en Phoenix para comandar el banquillo de los Suns.

Mientras que entrenadores de renombre como Frank Vogel y Mike Budenholzer son recordados como un cero a la izquierda en la historia de la franquicia, Ott llegó sin etiquetas y con ideas renovadas; un cambio como promotor de un cambio más grande. Después de un atascado, los Suns han ganado 26 de los últimos 40 partidos; una proyección de nada más y nada menos que 53 victorias; quién te ha visto y quién te ve. Esta apunta a ser la mejor temporada de la franquicia desde la 2021-22; un giro de acontecimientos que nadie pudo anticipar.

“La defensa gana campeonatos”; Una frase que se ha alabado y criticado a partes iguales, pero que nunca ha dejado de ser un tópico de debate. Su veracidad es discutible, pero lo que no se puede argumentar son los hechos; aquel big three exterior de los Suns destacaba por todo menos por su defensa. El propio Booker lo comentó cuando aquella extraña malformación se unió por primera vez: “Con todo el respeto, no se cómo van a poder defendernos”. La solución no estaba en meter más puntos que el rival, si no en conceder menos. Los números lo reflejan: los Suns son la cuarta mejor defensa de la NBA; conceden 111,9 puntos por cada 100 poesesiones. Sólo los Thunder, Pistons y Spurs les superan en esta categoría; casi nada.

En este preciso momento, recién pasado el ecuador de la temporada, los Suns son sextos (27-19) en la imposible Conferencia Oeste, a tan solo cuatro victorias del tercer puesto, compartido por Nuggets y Spurs. Muy cerca en la clasificación se sitúan los Rockets de Kevin Durant, actualmente con las mismas victorias (27) pero tres partidos menos. Lo que parecía un traspaso que llevaría a un equipo a la cima y al otro al pozo se ha convertido en una pelea de una igualdad absurda; mucho más ajustada de lo que se podía predecir.

Revolución en el Valle

La Navidad es una época de festividad, de celebración. La ciudad que mejor ha entendido este concepto es, paradójicamente, la más desértica y calurosa de todo el país; la historia se escribe con casualidades llenas de intención. En los últimos 21 partidos, los Suns han logrado un récord de 14-7. En esta racha, son el único equipo junto a los Thunder que permite menos de 106 puntos por partido, y el segundo equipo que más rebotea en ataque. Toda una combinación de ímpetu, solidez y poderío físico.

Pero lo que realmente confirma la realidad de este equipo, más que su récord (que también) son sus hazañas. Se han convertido en todo un matagigantes; ya han ganado no una, sino dos veces a varios de los mejores equipos de la conferencia: Lakers, Wolves y Spurs. Además son uno de los pocos equipos que ha batido a unos Thunder cada vez más terrenales, en un partidazo con un game winner espectacular de Booker. Y es que el escolta, en su undécima campaña, está volviendo a ser el líder de un equipo que sigue una línea cada vez más ascendente, con 25,5 consistentes puntos por partido. En el último partido ante los Hawks, tras 31 puntos en tres cuartos, llegó la consternación, pero lo que parecía una lesión grave del escolta se ha quedado en un pequeño esguince de tobillo; nada grave.

Pero si de alguien se pueden esperar grandes números, es precisamente de la superestrella. La transformación real del equipo proviene del conjunto, no solo en su excelente hacer defensivo, impulsado por un entrenador que ya es serio candidato a llevarse el premio al mejor del año, si no en un ataque colectivo y perfectamente repartido. Con Jalen Green fuera desde el segundo partido de la temporada por lesión, la sorpresa mayúscula de la temporada tiene un nombre propio: Dillon Brooks. El canadiense, que en los últimos años ha adquirido una condición de villano ganada a pulso propio, brilla dentro de la pista, en lo deportivo; 20,5 puntos por encuentro con muy buenos porcentajes; en el otro lado nunca ha dejado de ser una pesadilla constante para los exteriores rivales.

Los Suns son todo un equipo, liderado por Booker y complementado de forma perfecta por una jauría de lobos hambrientos, que no escatiman a la hora de dar un pase más y buscar el mejor tiro posible. Hasta siete jugadores superan los 10 puntos de media, lo que habla muy bien de su hacer colectivo. Collin Gillespie se ha revelado esta temporada como un exterior ultrafiable (13,5 puntos por partido y un 40% en triples), Grayson Allen y Royce O’Neal funcionan como un reloj suizo, son dos three and D perfectos; y Mark Williams ha demostrado al mundo que su salud sí le permite jugar, y además a un nivel altísimo (12+8 y un tapón por noche).

Todas las virtudes de este equipo se potencian cuando juegan en casa; han ganado 14 de de sus 20 encuentros en en el Footprint Center. Las camisetas icónicas de los playoffs en los que alcanzaron sus últimas finales están de vuelta, y la grada se ha convertido en un show constante; en cada encuentro se desprende un ambiente eléctrico propio de la postemporada. Los Suns lo han hecho; han conseguido darle la vuelta a una situación que parecía insostenible. Se estaban ahogando en un pozo que parecía no tener fin, pero por fin han visto la luz. El Valle del Sol calienta más que nunca.

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