Dillon Brooks: “Prefiero no decir cómo me llamaba Marc Gasol”
El actual jugador de los Suns recuerda su primera etapa en la NBA en los Grizzlies y la influencia que tuvieron en su carrera tanto el español como Mike Conley.


Dillon Brooks es uno de los enfant terrible de la NBA. Sus marcajes al hombre en defensa excesivos en algunos casos o su gusto por hablar de todo y de todos (y no siempre para bien precisamente) le han granjeado una fama controvertida y no estará, seguramente, entre los jugadores más queridos de la Liga. Un alero con virtudes, que algunos casos se han engrandecido, y con defectos que, cuando los consiguen explotar los rivales, le convierten en un jugador no tan importante. Pero con todo es un legítimo integrante de la NBA y en sus picos de juego puede llegar a ser, y lo ha sido, relevante para sus equipos.
Entre esos equipos estuvo Memphis Grizzlies, donde llegó a la NBA en 2017. En el draft de aquel año fue elegido en la posición 45 por los Houston Rockets, pero esa misma noche le traspasaron a la franquicia de Tennessee por una segunda ronda del año siguiente. Brooks llegaba a unos Grizzlies que habían creado una cultura y una identidad propias en la ciudad, a contracorriente de lo que se llevaba en la NBA. El famoso Grit & Grind. Pero también era una franquicia que empezaba a transformarse, porque ese mismo verano se habían marchado dos piezas fundamentales del proyecto: Tony Allen y Zach Randolph. La mitad del núcleo duro de un equipo que llegó a la final de la Conferencia Oeste en 2013.
Para Brooks llegar a un grupo con la experiencia de haber jugado playoffs los siete cursos anteriores de forma ininterrumpida, con una media de más de 47 partidos ganados en temporada regular, era un reto importante al que enfrentarse nada más aterrizar en el baloncesto profesional. Y hubo dos personas que le marcaron por encima de cualquier otra en esos primeros pasos. La otra mitad del corazón del Grit & Grind: Marc Gasol y Mike Conley. En una entrevista de Liam Willerup para Sports Illustrated, el jugador repasa toda su carrera y habla de su relación con el pívot español en aquella época en la que compartieron vestuario.
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“Marc me enseñó a ser fuerte... No dijo mi nombre en todo el primer año, hasta que fui a su partido benéfico. Nos sentamos y hablamos de verdad sobre la vida, el baloncesto, su experiencia en España y mi experiencia en Canadá. Al final, nos hicimos muy amigos. Desde entonces, ha sido uno de mis mejores amigos”, recuerda. Cuando Willerup le pregunta por cómo le llamaba al principio, Brooks no quiere desvelar el secreto: “Ni siquiera quiero decirlo aquí. Es un buen tipo, pero aquello fue lo que me hizo tener la piel dura. Por eso me desconcierta que estos jóvenes de ahora, estos chavales, no lo soporten”.
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