¿Crisis en los Lakers? “No voy a jugar otros 53 partidos así”
Tres derrotas consecutivas, una falta de identidad brutal, declaraciones cruzadas... La situación de los Lakers, cada vez más preocupante.


Las cosas en los Lakers van de mal en peor: tres derrotas consecutivas, cuatro en los últimos seis partidos y seis en los últimos 10. La Conferencia Oeste aprieta y también ahoga y los angelinos están empezando a perder coba a pesar de mantenerse en la zona noble. Pero lo peor de eso no son los últimos resultados, sino las cada vez más preocupantes sensaciones... y las palabras que dicen los protagonistas tras los partidos, especialmente tras la dura derrota ante los Rockets, el Día de Navidad y en el Crypto Arena, ante su público. La crisis de identidad y la falta de un estilo de juego definible es cada vez más notoria. Y todo lo conseguido, apilando varias victorias en las últimas semanas, ha sido más por los ramalazos de talento individual que por una sensación grupal y colectiva que ahora mismo es inexistente. Y así, ya lo sabemos, no se consiguen los anillos. Ni nada de nada.
“No voy a jugar otros 53 partidos así”, aseguró JJ Redick, hablando de la pobre imagen mostrada más que del resultado (dantesco: 96-119) ante los Rockets. “Los chicos dicen que quieren ganar. Para mí, el factor de preocupación es: ‘¿Me importa lo suficiente como para hacer lo que se supone que debo hacer y ser constante?’. Y eso es lo que realmente define los hábitos de los campeones. Y eso es lo que no tenemos ahora mismo”, añadía. “No sé qué tiene que cambiar, pero definitivamente algo tiene que cambiar...”, dijo Luka Doncic. Jake LaRavia habló de una “desconexión” en el seno del equipo, pero tampoco pudo determinar la causa. Caras de preocupación, rostros sombríos, declaraciones cruzadas... Así es como se fragua una crisis. Y en una se han metido los Lakers. Y de lleno.
Una cuestión de perspectiva
En teoría, los Lakers tienen una plantilla completa y compensada, perfectamente preparada para ganar el anillo... pero con taras. LeBron James tiene casi 41 años (está a pocos días de cumplirlos), Austin Reaves no termina de aparecer en los momentos importantes de verdad y Luka Doncic es una estrella generacional que opta al MVP pero que ahora mismo parece más interesado en ello y en llegar a los 65 partidos que suponen la barrera mágica para conseguir llegar a los premios individuales que de moverse en consonancia con el equipo y que sigue teniendo un estilo de juego muy particular y en ciertas partes similar al de sus homólogos: mucho tiempo de bote, generarlo todo, poco tiempo de juego sin balón y, una parte que siempre le ha acompañado de forma individual, escaso esfuerzo defensivo.
Ese lado de la pista es un problema que los angelinos tienen que solucionar lo antes posible: son la quinta peor defensa de la Conferencia Oeste y la décima más mala de la NBA. Los Lakers son el octavo equipo que menos balones roba y el cuarto que menos tapones pone, además de estar por debajo de la media en un net rating en el que se mantienen en positivo por muy poco (+0,3). Defienden peor que nunca históricamente, una cifra mala incluso teniendo en cuenta que se anotan más puntos que nunca, hay más posesiones que nunca y se usa el triple más que nunca. Eso no es excusa para un equipo en plena desconexión en ambos lados de la pista, que puede tirar de calidad para resolver situaciones complicadas en ataque, pero peca de una indolencia individual y grupal en el plano defensivo.
Y no sólo eso: hay un tema que es más claro que todos los demás, el de las lesiones. Jake LaRavia es el único jugador que ha disputado los 29 partidos que los Lakers han jugado este año. Tanto LeBron James, como Luka Doncic como Austin Reaves han tenido problemas con las lesiones, algo normal en el primero por la edad y preocupante en el segundo también por la edad. Mientras que DeAndre Ayton ha estado bien casi siempre pero sin ser la solución, Marcus Smart llegaba con un importante historial y Jarred Vanderbilt no parece que vaya a volver ya a ser el jugador que se forjó cierta reputación en los Timbwewolves. Esto puede ser mala suerte, pero también puede proceder de una falta importante de preparación física por parte de Redick y su cuerpo técnico. En pretemporada ya se filtró que no se había trabajado mucho y los jugadores parecen fatigados con todo lo que les queda por delante. Un problema que ya veremos si tiene o no solución.
¿Y ahora qué?
Los Lakers, que tienen un récord de 19-10 y son cuartos de la Conferencia Oeste, pueden mirar el vaso medio lleno y pensar que están muy por encima del 50%, se mantienen en la parte alta de la clasificación y pueden pensar que han tenido rachas de cinco victorias consecutiva (del 29 de octubre al 5 de noviembre) y de siete (del 14 al 30 de noviembre, justo antes de la situación en la que se encuentran). Pero también tienen que repensar la situación: Redick ha mencionado sin decir nombres la apatía de algunos jugadores, pero mantiene las rotaciones. Y aunque los Thunder estén ahora en un momento radicalmente distinto a hace un par de semanas, la sensación es que el anillo o incluso pisar unas hipotéticas finales de Conferencia es algo ahora mismo inalcanzable para los angelinos.
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Ahora, los Lakers tienen cuatro partidos consecutivos en casa (Kings, Pistons y Grizzlies por partida doble) mientras sigue faltando físico, velocidad y músculo, algún que otro especialista defensivo y, para rematar, que el ataque tuvieraalgo de anotación desde el banquillo (el menos productivo de la NBA) y un tiro de tres más fiable para aprovechar los espacios que generan Doncic y compañía. Eso les obliga a buscar en el mercado invernal, en el que tampoco hay demasiado de donde rascar. La opción de Giannis Antetokounmpo, por espacio salarial y por piezas con los que hacer el intercambio, es muy remota y forma más parte del futuro que del presente. Y los problemas se amontonan mientras que las soluciones parecen que tienen que salir de los propios jugadores. En esas están los Lakers, que en esta situación no pueden optar a nada. Y ellos son los primeros que lo saben. Demasiado bien.
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