Camino a la perdición
Los Warriors sueñan con Giannis en verano mientras lo que queda de dinastía se diluye, Curry sigue cumpliendo años y la sensación de que su tiempo ha pasado es cada vez más acentuada.


En julio de 2002 se estrenó una película llamada Camino a la perdición. Un film sobrio, dirigido por Sam Mendes, en el que actuaban intérpretes de la talla de Tom Hanks, Jude Law, Daniel Craig o Stanley Tucci. También fue el último gran papel de una leyenda en su terreno como Paul Newman, en el que fue en realidad su último papel más allá de prestar su voz en los años sucesivos antes de fallecer en 2008. La obra se centra en la relación entre padres e hijos, las decepciones, los anhelos y los deseos, los sueños frustrados y la redención. Todo ello en un contexto mafioso de Rock Island (Illinois) en el que el personaje de Hanks huye junto a su hijo a un pueblo llamado Perdición, del mismo nombre que la metáfora principal de un metraje extraordinario y, en cierta forma, también crepuscular.
Los Warriors llevan, desde hace tiempo, la misma senda. Andan de puntillas por esa final línea que separa la oportunidad del oportunismo, añorando tiempos pasados que fueron mejores y manteniendo en pie (por nombres, que no por momento deportivo) lo que queda de una dinastía tan denostada como acabada. El techo del equipo es cada vez más tangible y palpable, bajo en lo referente a lo que en su día fue y en consonancia con el enorme atasco que tiene la Conferencia Oeste. Todo dentro de un contexto en el que todo está abierto, en una NBA que no espera a nadie y que además acumula siete campeones diferentes en las últimas siete temporadas. Todo después, claro, de que la franquicia de Golden State dominara con puño de hierro la mejor liga del mundo, escribiendo las páginas de una de las historias más grandes jamás contadas del deporte.
Sin comerlo ni beberlo, la entidad se ha convertido en los últimos años en una máquina de coleccionar viejas glorias entradas en años para no hacer otra cosa que perder en el momento de la verdad, ahí donde siempre ganaban. Más allá de los que ya tenían y se acabaron yendo (Klay Thompson), en los últimos tiempos han llegado el recientemente retirado Chris Paul y veteranos de la talla del lesionado Jimmy Butler (36 años) o Al Horford (que va camino de los 40). Una concatenación incesante de estrellas que en su momento habían sido algo y que ya han perdido toda su luz y una situación en la que siguen siendo protagonistas el eterno Stephen Curry (a unos días de cumplir 38 primaveras) y un Draymond Green (casi 36) que, al contratio que su compañero, está más acabado que otra cosa.
Los Warriors, desde el milagro del último anillo, han pisado playoffs en dos de las últimas tres temporadas, algo que no hicieron en 2020 ni en 2021, acechados por las lesiones y el parón que hicieron antes de, en 2022, poner el broche de oro en la dinastía. Probablemente todo acabó al año siguiente en semifinales de Conferencia, en el contexto del fin de una era, cuando cayeron ante los Lakers... de LeBron James. Ese ser de luz contra el que se enfrentaron en cuatro Finales consecutivas (tres victorias) y contra el que acabaron perdiendo cuando ya no se podía ganar. Ese año, igual que el pasado, superaron en siete partidos la primera ronda, a Kings y Rockets respectivamente. Y acabaron con la sensación de que llegaban fatigados, cansados, muy mal fuera de casa por los extenuantes desplazamientos y con una gasolina que se acaba muy pronto en un Oeste en el que las derrotas pesan mucho y las victorias no valen para tanto.
Giannis, el futuro y el final
En estos momentos, los Warriors están con un récord de 29-27, en el octavo puesto de un play in que ya han disputado en 2021, 2024 y 2025 y a cinco victorias de alcanzar la sexta posición que les quitaría de en medio esa especie de previa que la NBA se inventó con la pandemia del coronavirus y que llegó para quedarse. No parece que se vayan a mover de esas posiciones, lo que les aboca a perderse el descanso que siempre hay entre regular season y playoffs para jugar eso que nadie quiere jugar y llegar con más minutos a las espaldas. Y a las piernas, esas que tienen los Warriors y que están tan cansadas después de años de incesantes peleas para estar ahora en tierra de nadie, a años luz de lo que en su momento fueron y sin que nadie cuente con ellos para el anillo. Algo que ni ellos mismos se creen, claro.
Por eso emerge el nombre, de forma real o no, de Giannis Antetokounmpo. El griego sigue formando parte de los Bucks y no salió en el mercado invernal. Y parece que a eso se abocan los Warriors, a conseguir a una estrella que, con 31 años, les podría impulsar teóricamente al anillo. Algo que sólo está escrito sobre el papel de las hipótesis, con la duda de cómo encajaría el jugador en un ecosistema que se sigue basando en el triple y las anotaciones altas, pero sin la misma efectividad de antes si tenemos en cuenta que ya toda la NBA juega a lo mismo. Pero el anhelo en forma de nombre tiene muchos pretendientes y los propios Bucks ya han anunciado que lucharán por volver a construir en torno a un hombre que les dio el ansiado anillo en 2021, el primero de la franquicia en 50 años, cuando lo conquistaron con Oscar Robertson y Kareem-Abdul Jabbar, entonces Lew Alcindor.
Las cosas no pintan bien en Golden State, cuya franquicia tiene comprometidos más de 176 millones sólo en la 2026-27, más de 62 para Curry, 56 para Butler y casi 30 para un Draymond Green del que se quisieron deshacer sin suerte en el mercado. El ala-pívot fue un pilar fundamental para la dinastía de los cuatro anillos en seis Finales, pero su función se acrecentaba dentro de un ecosistema muy particular, uno que ahora no existe. En el primer partido disputado tras el All Star se quedó en 0 puntos, 2 rebotes, 3 asistencias, 0 de 7 en tiros de campo y 0 de 5 en triples, con un -28 con él en pista. Promedia 8,6 puntos, 5,7 rebotes y 5,2 asistencias esta temporada, pero un 41% en tiros de campo e igual de errático de siempre desde el exterior y con casi 3 pérdidas por noche. La personificación de la caída a los infiernos de un equipo que ha pasado del todo a la nada.
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Por ahí anda, si tenemos en cuenta que Butler se perderá lo que queda de temporada, un Stephen Curry que sigue a lo suyo: 27,2 puntos, 3,5 rebotes y 4,8 asistencias de media, líder de la NBA en porcentaje de tiros libres (por encima del 93%), en triples anotados (4,5) e intentados (11,5), para un 39,1% en porcentaje de acierto. Pero las piernas no son las que eran, ya se ha perdido los suficientes partidos para no llegar a la mágica cifra de los 65 que le permite optar a los premios individuales y, a pesar de que ha dicho que quiere seguir jugando y optar a ese quinto anillo que parece lejano, parece sólo ante el peligro, más aún después de que los Warriors se hayan quitado de encima a Jonathan Kuminga y su sainete particular. La estrella, eso sí, sigue a un gran nivel y siendo el mejor de su equipo. Pero en su última gran actuación, más que crepuscular, Paul Newman también fue el más destacado del elenco. Y, como el actor, Stephen Curry protagoniza una película muy similar. Que conduce al lugar que conduce. Camino a la perdición.
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