Álvaro Folgueiras: “Mi familia es mi motor de vida”
El español, una de las sensaciones del March Madness, atiende a AS desde Iowa y habla de su momento deportivo, su pasado en el Unicaja, la Selección y su posible futuro en la NBA.


Álvaro Folgueiras, que nació un 1 de abril de 2005, cumple hoy 21 años. Y lo hace con la temporada terminada tras la derrota de Iowa en los cuartos de final del March Madness ante Illinois, pero con la sensación de haber hecho los deberes. Al fin y al cabo, el ala-pívot español (2,08) se ha convertido en uno de los jugadores más carismáticos de la locura de marzo. Su triple ganador para apear en segunda ronda a Florida, en un partido en el que estuvo a punto de ser expulsado en la primera mitad, dio la vuelta al mundo. Y los 16 puntos anotados en octavos frente a Nebraska alargaron un momento dulce que tuvo un final abrupto al quedarse fuera de la Final Four. Eso sí, Folgueiras ha demostrado que ha venido para quedarse. Y su juego en pista e inteligentes declaraciones fuera de ella le han llevado a ser considerado una de las promesas del futuro del baloncesto español.
Nacido en Málaga y formado en la cantera del Unicaja, el jugador atendió a AS vía Zoom desde Iowa. Lo hizo en una piscina, en la que pasaba un agradable rato junto a su hermano, también jugador. Y no esquivó ningún tema: su pasado cajista, la Selección, un posible futuro en la NBA o su encuentro con Chus Mateo hace un mes fueron algunas de las revelaciones en las que se metió un joven afable y siempre sonriente, que habló sin tapujos de todo lo que se le propuso y mostró una madurez superlativa para su edad. Ya todo un hombre que llama con fuerza a las puertas del destino.
Ganasteis a Florida en segunda ronda y a Nebraska en octavos de final. ¿Cómo se sentían tras conseguir esas victorias? ¿Y usted en concreto?
Contra Florida fue una locura por cómo sucedió todo, con mi tiro final y con el partido que hicimos. Que nadie del país se lo esperase fue algo increíble de vivir en primera persona. Mi madre y gente muy querida estuvieron ahí y fue un momento muy especial para el equipo y para mí también.
Luego, contra Nebraska es la gran rivalidad de Iowa. Era un partido más personal para todos y se pusieron ellos por delante en el marcador pronto y fue un partido más de remar. Estuvimos acertadísimos en momentos clave y nos lo acabamos llevando para hacer historia. Llevábamos casi 40 años sin estar en los cuartos de final.
Se quedaron a un paso de la Final Four al caer frente a Illinois en cuartos. ¿Hubo un regusto amargo?
Estar entre los 8 mejores de la NCAA ya es un logro grande, más sabiendo nuestro presupuesto y nuestras limitaciones. Illinois era un rival bastante duro y nos pasó factura. Los dos primeros días estás algo más triste y enfadado, pero a lo largo de estos días te das cuenta de lo que has logrado y eres más optimista al respecto.
Ha sido un protagonista absoluto. ¿Ha sido consciente del revuelo que ha despertado aquí en España?
No he sido muy consciente. Cuando estoy compitiendo, no miro las redes sociales. Ahora es el momento en el que te das cuenta directamente de todo lo que te sigue la gente. A mí no me ha dado tiempo a responder a todos los mensajes, me ha sido imposible. Y eso es una señal de que la gente me ha ido siguiendo y yo agradezco mucho el apoyo.
¿Es el March Madness tan espectacular como todo el mundo dice?
Sí. Y yo creo que hasta más. Hasta que no estás allí para vivirlo no eres consciente de la repercusión y de lo importante que es para los norteamericanos una competición así. Es mi segundo año jugándola y puedo garantizar que es la competición más imprevisible y más competitiva del baloncesto mundial. Y no creo que esté exagerando.
Me gustaría repasar su etapa formativa. ¿Qué recuerdos tiene de su tiempo en el Unicaja?
Mi etapa en el Unicaja fue maravillosa. Tuve grandes entrenadores y grandes compañeros en mi etapa formativa. Es algo a lo que todo niño malagueño aspira cuando va creciendo en su club. Con 12 años entré en la cantera del Unicaja y me llevé recuerdos y aprendizajes inolvidables. Con 17 años, en mi etapa de júnior, me fui a Estados Unidos y cuatro años después sigo aquí. Pero mi etapa allí fue bastante buena.
Hay muchos jugadores jóvenes que, como usted, han decidido dar el salto a Estados Unidos. ¿Se puede hacer algo desde el baloncesto europeo para retener a dichos jugadores?
Hace falta mucho liderazgo y gente que tome decisiones y arriesgue por jóvenes. Yo diría que eso ni existe ni tiene sentido que exista. No está la infraestructura ni la mentalidad para que eso ocurra de forma orgánica y es una realidad del baloncesto. Tampoco hay que echarle la culpa a nadie porque esto evoluciona y el desarrollo de los jóvenes evoluciona y pasa por aquí. ¿Si tiene solución? Pues no soy ni tan inteligente ni tan visionario como para decir una. Yo sabía que mi camino era este. Y mi cabeza no pensaba en nada más que en formarme como jugador, como persona y en compatibilizarlo con los estudios. Y alargar mi formación más allá de los 18 años. Y ese fue mi razonamiento, como es el de muchos otros niños.
¿Qué diferencias hay entre la cultura española y la estadounidense desde el punto de vista baloncestístico?
En Estados Unidos importa ganar también. Cada vez hay más competitividad en los presupuestos y la ambición de todo el mundo está más en ganar que en desarrollar jugadores. El entorno de estar con niños de 20 años con los que compartes tantísimo y con los que estás tantas horas... Las instalaciones son increíbles y están 24 horas para ti, te cubren absolutamente todo y no te ponen nada más que facilidades para desarrollarte. Y esa es la diferencia con España, donde con 18 años ya eres profesional y te tienes que buscar las papas donde sea.
Le tengo que preguntar por la NBA. ¿Cuándo va a dar el salto?
Yo esto me lo planteo año a año. Acabo de terminar una temporada muy larga y todo requiere su razonamiento y su reflexión en frío. Considero que este draft no es el mío y me queda un año en la universidad para demostrar de lo que soy capaz. Mi objetivo tiene que ser el de ser la mejor versión de mí mismo. Y el baloncesto me permitirá acabar donde merezca y creo que tengo que seguir mejorando y aprendiendo y el año que viene tomar una decisión. Al final, acabé hace dos días esta temporada.
¿Cuáles son sus referentes?
En Málaga han pasado muchos ala-pívots muy buenos y yo llevo yendo a ver al Unicaja desde los 5 años. Te podría decir a Mindaugas Kuzminskas, Carlos Suárez o incluso Nik Caner-Medley. Han influido en mí, en mi forma de jugar y en mi forma de aprender. Pero si me tengo que quedar con uno me quedo con Nikola Mirotic, que es espectacular. Pero al final tengo que ser Álvaro Folgueiras y, si puedo coger algo de los mejores para hacerlo un poco mío eso obviamente ayuda.
Usted ha ganado medallas en categorías con la Selección. Ahora, Chus Mateo ha llegado al puesto que antes ocupaba Sergio Scariolo. ¿Le veremos con la absoluta?
Llevo yendo a la Selección desde que tengo 12 años, no he faltado nunca a ninguna convocatoria y eso es algo que me enorgullece. Al final, el mayor orgullo de un deportista es representar a tu país y yo eso lo llevo a rajatabla. No sólo porque me haga ilusión, sino también porque si se lo cuento a la versión de mí de cuando tenía 7 años, no se lo cree. Esos son mis motores de vida, hacer orgulloso a esa versión que no se pensaba que iba a vivir lo que estoy viviendo y a mí familia y a las personas que quiero. Una de las cosas más importantes y que más valoro como deportista es representar a mi país cada verano y tener esa oportunidad, seguir trabajando para seguir teniéndola. Chus Mateo estuvo aquí hace un mes y tuve la oportunidad de hablar con él largo y tendido. Me dio muchísima confianza y me ilusiona el futuro de la Selección estando yo o no. En lo que pueda ayudar, estaré ahí.
¿Qué importancia tiene la familia en su carrera y en su vida?
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Tengo a mi familia presente cada día. Mi familia es mi motor de vida y tener aquí a mi madre en los dos primeros partidos del March Madness y a Nacho en los dos últimos ha sido muy especial. Al final, si vienen del otro lado del charco te da algo más de garra para que el viaje merezca la pena. Es una gran motivación, sin duda, y para mí la familia lo es todo. Me considero una persona muy familiar y que es muy de los suyos. Mi familia lo merece.
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