Aday Mara, más allá de los tópicos
Chus Mateo, Javier Zamora y su preparador físico personal, Carlos Martínez, analizan la explosión del pívot español en su tercer año en College: “Ni es lento ni tiene mal tiro”.


Para Chus Mateo, el seleccionador que se puso la sudadera amarilla de los Wolverines de Michigan en esa olla a presión gigantesca (70.000 aficionados) que fue el Lucas Oil Stadium de Indianápolis, un estadio de la NFL reconvertido en mastodóntico pabellón de baloncesto durante la Final Four 2026, ni siquiera se enfoca bien el debate sobre cómo maneja sus condiciones físicas Aday Mara (Zaragoza, 7 de abril de 2005), el primer jugador español -ya se sabe, uno que mide 2,21- que se proclama campeón universitario. Más que un título, pura liturgia en un deporte estadounidense que extrae de la NCAA muchas de sus leyendas más veneradas y duraderas. El que gana el March Madness, la locura de marzo que posee a todo el país durante las frenéticas semanas del torneo, lo gana para siempre.
Y Aday Mara lo ha ganado como pívot titular de Michigan, una universidad que había perdido las cuatro finales que había jugado, todas desde su único título en 1989. La última en 2018 pero las más célebres en 1992 y 1993, cuando patinó dos veces a las puertas de la gloria la revolución contracultural de los Fab Five (Chris Webber, Jalen Rose y compañía) que se había colado en las paredes de las habitaciones de muchísimos adolescentes. Sobre todo afroamericanos, identificados con unos jugadores orgullosos de ser como ellos y sin el más mínimo interés en parecer cualquier otra cosa: desafiantes. Por todas esas versiones de los Wolverines, y las demás que se quedaron por el camino, y por el prestigio de la orgullosa Big Ten, una Conferencia que no albergaba a la universidad ganadora desde 2000, embolsó el título con una Final Four impecable -paliza a Arizona, ejercicio de supervivencia contra UConn- esta Michigan que nadie olvidará ya en el industrioso Midwest, tierra de baloncesto.
Aday Mara cuenta con el apoyo de @MateoChus para la Final Four del March Madness 👊
— Baloncesto España (@BaloncestoESP) April 4, 2026
El Seleccionador de #LaFamilia ya está junto a nuestro pívot y animará a @umichbball este fin de semana 🔥#SomosEquipo pic.twitter.com/QjLMdk7DVw
La del base Elliot Cadeau y uno de los frontcourts (alero-ala-pívot-pívot) más imponentes del país en los últimos años: Yaxel Lendeborg, Morez Johnson Jr y un Mara que ha ejercido de ancla y muro en defensa y punto de apoyo en ataque, motor con la bola en el poste y válvula de escape con sus finalizaciones (muy) por encima del aro. En el Mejor Quinteto de la fase final, ha promediado esta temporada más de 12 puntos y 7 rebotes por partido. Ha sido titular indiscutible, para muchos el mejor pívot del nivel universitario, y ha jugado casi el doble (de 13 minutos por noche a casi 25) que en su segunda y última temporada en UCLA. Allí, junto al Pacífico, los aficionados que se dejaban la garganta coreando sus jugadas, sus tapones y sus mates, se estarán tirando de los pelos. Quizá también Mick Cronin, el entrenador que no supo o no quiso ver su potencial. Dusty May, en Michigan, sí. Tenía un plan para Mara, en muchas cosas el eje de un equipo con una defensa formidable.
Entre unos aficionados que mientras llovía confeti se frotaban los ojos tras más de tres décadas de espera, el seleccionador con la sudadera de los Wolverines fantaseaba, imposible no hacerlo, con las posibilidades que le dará a España, durante muchos años, tener un pívot con esas facultades que, le cuenta a AS, muchos seguramente ni entendemos: “Es un jugador de 2,21 y eso no es fácil. La percepción que tenemos los demás seguramente será muy diferente a la suya desde esa estatura”. La misma que le permitió aterrorizar a los rivales con sus, además, más de 230 centímetros de envergadura, pero que hizo que muchos analistas le colocarán antes de tiempo (acaba de cumplir 21 años…) el sambenito de que será lento, poco móvil y un mal tirador para la NBA. Peligro.
En ese debate no se encontrará nunca al seleccionador que más pronto que tarde dirigirá a Mara. Del amarillo de Michigan al rojo de España: “No creo ni que sea lento ni que le falte tiro. Hay que dejar tiempo para que su cuerpo evolucione. Hay que trabajarlo, él lo ha hecho y lo seguirá haciendo. Ya ha mejorado mucho su velocidad en línea recta, para recuperar en defensa o acabar contrataques en el otro aro, como hizo en la final. Y evolucionará en cuanto a movilidad lateral, a su forma de estar en la pista… Pero no me parece ahora, ya, lento para su estatura”. ¿Y ese tiro exterior sin el que parece que nadie puede vivir en la NBA actual? “Tiene una mano extraordinaria. Mucho tacto, acaba muy bien las jugadas cerca del aro incluso tras contacto. Creo que tendrá un tiro fiable, un buen recurso aunque no tenga que ser uno de sus principales argumentos. Porque esos ya los ha enseñado, y son de mucho peso: taponar, pasar y jugar al poste. Será un gran jugador. Ahora tiene que manejar las expectativas que se van a crear, aprender a ser fuerte mentalmente cuando rivales más pequeños jueguen muy duro contra él… pero ya ha demostrado también que tiene equilibrio mental para mantenerse en los partidos”.
La importancia de ser un jugador diferente
Para Mateo, es obvio, parece ridículo centrarse en los posibles problemas en el siguiente nivel (si no pasa nada raro la NBA, la próxima temporada o en 2027 si elige cerrar ciclo universitario) en lugar de imaginar las posibilidades de un jugador de su altura y su toque, los movimientos en la zona y la visión de juego de playmaker; de creador. Está claro que May pensaba lo mismo, y acertó al apostar por él tras sus días oscuros en UCLA. Y desde luego esa es también la opinión de Javier Zamora, el entrenador del Hestia Menorca y otra voz perfectamente autorizada para hablar de un Mara al que dirigió rumbo a dos platas, la Mundial de 2022, en Málaga, y la europea de 2023: “Más allá de sus obvias cualidades físicas, es especial por su carácter, su espíritu competitivo y su capacidad de superación; aparece en los momentos importantes y tiene madera de líder. Y una increíble capacidad como pasador, visión de juego, IQ (inteligencia en pista)… eso es lo que le va a ayudar a ser dominante también en el siguiente nivel. Entiende muy bien el juego, va a generar mucha atención y así va a crear para sus compañeros, que es algo que siempre le ha gustado porque es muy altruista”.
El Mara que ha visto Zamora en el March Madness es un jugador evolucionado, en crecida: “Su impacto va más allá de los números, de lo evidente. Es capaz de cambiar partidos, momentos, con su presencia, pero también con su talento. Mide muy bien los tiempos, tiene una inteligencia que le hace ser diferencial y ha sido capaz de convertir en motivación las adversidades que vivió en UCLA. Ha entendido los procesos con resiliencia y capacidad de superación”. Y que es, sobre todo, un jugador que no se explica sin recordar al que él dirigió cuando era todavía, básicamente, un crio: “Siempre destacó por su carisma, es entrañable y muy fácil de entrenar. Tiene una capacidad innata para liderar y aglutinar al grupo… también es muy divertido, con un gen competitivo que le hacía acabar cada entrenamiento con un reto o competición con un compañero. Es un tío de los que todos los entrenadores quieren tener, siempre suma en positivo”.

Y de ahí, de esa materia prima, a un trabajo que ha enseñado muchos frutos en Michigan, donde Mateo también ha visto con claridad que este es un nuevo Mara… en tránsito hacia su siguiente versión, una mejor: “Ha adquirido confianza por la que le ha dado el entrenador y por estar mucho en pista. Eso le ha hecho sentirse bien, seguro, útil para el equipo. También ha sido clave que ha tenido que pelear, se ha enfrentado a dos años de adversidades y se siente más fuerte. Eso a la larga le beneficiará para solucionar situaciones complicadas. Además, ha evolucionado ya mucho físicamente, a nivel de acondicionamiento y de poder estar en pista, recuperar hacia atrás… le he visto rápido y con desarrollo muy notorio en defensa, donde es referencial con los tapones que pone y los tiros que cambia”.
Con ojo de entrenador, ha regresado de Indianápolis convencido de que Mara ha dado zancadas como referente, cada vez más cómodo con un rol trascendental: “Lo que más me ha llamado la atención en la Final Four es lo necesario que era para su equipo, que necesitaba que él tocara el balón, que generara juego desde el poste. Hacía sentir a los demás que había otro base, uno más allá de la punta de la jugada, en el poste alto o el bajo, donde distribuye de maravilla. Su equipo le necesitaba como referente ofensivo: tiene un uno contra uno fantástico, pasa francamente bien e iba de maravilla al aire en las continuaciones del pick and roll. Y también es fundamental en defensa”.
Así que, sí, parece una obviedad que el seleccionador español se frota las manos después de ver a Mara cortar, en plena celebración, las redes de las canastas del Lucas Oil Stadium: “De él me gustan muchas cosas, todo. Es diferencial, distinto. Puede aportar cosas que otros no son capaces. Tiene un tamaño que no es fácil de encontrar, ha aprendido a jugar, ha superado una adversidad y va a seguir peleando. Es sensato, va a manejar bien esas expectativas que los que estamos a su alrededor también tendremos que cuidar, ser comedidos y dejar que crezca”. Zamora también se acuerda del Zaragoza, el club en el que se formó Mara y del que salió con destino UCLA en 2023, con 18 años: “Hicieron un trabajo espectacular con él, es muy versátil y siempre ha hecho muchas cosas con la bola en las manos. El salto a College, más allá del cambio de estilo de juego, le ha servido para convertir la ansiedad por la falta de espacio en motivación.”.
Mirada a largo plazo para un cuerpo único
Ese crecimiento en lo físico, una obvia evolución que detectan tanto Zamora, el técnico que le entrenó en las Sub, como Mateo, el que le entrenará en la Absoluta, es imposible de entender sin sus horas y horas de esfuerzo al lado Carlos Martínez, preparador físico que trabaja en su centro de entrenamiento, SC Performance, con jugadores de fútbol, pádel… y sobre todo baloncesto: Sandra Ygueravide, Shavon Shields, Jayson Granger, Vincent Poirier… y Santi Aldama y Mara, una obvia pareja interior de futuro para la Selección y dos jugadores todavía muy jóvenes que entrenaros juntos en Madrid, este verano, con Martínez, doctor cum laude en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte.
“Lo bueno es que empezamos con él cuando tenía 17 años, era todavía un chaval muy joven y pudimos ir educándole en una forma de trabajar” cuenta Martínez sobre su contribución, entre bastidores, a ese éxito histórico para el baloncesto español que acaba de protagonizar Mara. “Todavía no había madurado físicamente, así que los resultados no se iban a ver en el corto plazo. Nuestro trabajo era para el largo: ir creando estructuras y hábitos para que la base esté ahí cuando madure su cuerpo y poder construir a partir de eso. Con sus peculiaridades, claro. Es un chico muy alto y cuando empezó con nosotros todavía estaba en período de crecimiento, pero siempre ha querido trabajar duro para alcanzar su mejor rendimiento”.
Antes de esta temporada, Mara entrenó en SC Performance con Aldama, un NBA ya con galones (casi 28 minutos por partido esta temporada) y también con jugadores que no escatimaron dureza, grandes como Poirier y más pequeños y móviles como Jayson Granger o el Pato Garino. Martínez enlaza con el aviso de Mateo sobre ese extra de dureza que se permitirán los defensores, casi siempre más pequeños, para intentar sacarlo de su zona de confort en pista: “Le apretamos más este verano con jugadores de durezas diferentes. Ha dado un gran paso en madurez, no tiene nada que ver el jugador que es ahora con el chico de los primeros años en Zaragoza o el del estreno en UCLA. Entonces era mucho más fácil sacarlo de los partidos. Ahora ya no, aunque se frustra en algunos momentos de los partidos como todos los jugadores. En la final hay un tramo en el que le aprietan bastante y no le pitan faltas, hace un gesto pero sigue concentrado en el partido. Antes seguramente ahí habría perdido más la concentración”.

Es, por lo tanto, un Mara más maduro a nivel emocional y ya también físico. Que ha evolucionado muchísimo a lo largo de estos primeros años en Estados Unidos y que deja una puerta muy obvia abierta a un progreso mayor a medida que se acerque al momento de plenitud de su carrera, que algunos con demasiada prisa quisieron atisbar demasiado pronto y que desde luego no es ahora, con esos 21 años recién cumplidos: “Los dos años en UCLA fueron duros, a nivel deportivo y personal, pero le ayudaron a madurar. Estaba solo, acababa de salir de su casa… no fue fácil gestionarlo, aunque su entorno estuvo ahí para echar una mano. Fue él el que eligió coger esos momentos y dedicarlos a trabajar, mejorar, demostrar que su sitio estaba en la NCAA; y que puede ir a la NBA. También fue un gran acierto de su agente elegir Michigan de entre todas las universidades que estaban interesadas. Cuadraba por el tipo de entrenador, el estilo… La clave ha sido su voluntad para moverse y coger esa oportunidad en un sitio en el que de verdad querían construir algo con él”.
En lo que tiene que ver más puramente con su perfil físico, Aday es obviamente un privilegiado pero también un caso particular, un jugador distinto en lo bueno y también en lo que requiere un trabajo más individualizado: “Todo con él gira en torno a su tamaño. Ser tan grande y tener el centro de gravedad tan alto le condiciona contra rivales más pequeños y fuertes. No es tan estable por su altura, así que buscábamos bajar un poco ese centro de gravedad y ganar un poco de peso para reducir ese déficit que de todas formas él compensa con la cantidad de tiros de los rivales que puede cambiar solo con ese tamaño. Queríamos que creciera muscularmente y reducir el riesgo de lesiones que hay para un jugador tan grande. Él por constitución no va a ser muscularmente muy grande, no es así. Queremos que gane fuerza sin cargarle demasiado, somos precavidos porque no queremos que sus articulaciones tengan que soportar mucho peso adicional. Hay chavales que maduran antes, que con su edad están ya más musculados, pero él no es así y tiene el condicionante de su tamaño”.
Otra vez, esos inacabables 221 centímetros. El factor que salta a la vista de forma inevitable hasta para el ojo menos interesado: “Al final, es un chico que mide eso, y mover ese cuerpo no es fácil, y menos en edad de crecimiento porque ahí falta todavía ajustar mucho a nivel coordinativo, y lo que vas aplicando se va perdiendo rápido a medida que va creciendo más y su cuerpo sigue cambiando. Pero él siempre ha sido, dentro de eso, bastante coordinado y ágil de movimientos para su altura. Este año, además, ha empezado a coger más cuerpo y se ve que corre mejor la pista, ya como un alero o un ala-pívot. Ha dado un salto muy importante en su evolución”.

Así que Martínez, uno de los que mejor conoce le conoce, tampoco está especialmente preocupado por, otra vez, esas inevitables referencias a su lentitud o sus posibles problemas con el tiro exterior: “Es que además el tiro no va a tener que ser su gran fuerte, lo tendrá como una herramienta más porque puede lanzar desde muy lejos y será capaz de anotar así de manera consistente. Pero lo que le da más es su capacidad para moverse debajo de la canasta, donde la precisión no es tan importante porque estás cerca del aro. Él no es un escolta o un alero, pero trabaja en ello y es capaz de tirar bien. Con eso abrirá mucho la pista y tendrá unas posibilidades en su juego que no mucha gente de su tamaño tiene. Ni siquiera jugadores mucho más pequeños. Contra esos podrá compensar esa posible lentitud que tiene, entre comillas. Tampoco tendrá que estar defendiéndolos de manera continua, será algo más puntual. Tiene que ir aprendiendo a jugar con las distancias, a estar más lejos del jugador con balón para compensar esa lentitud, sobre todo en lo que más le cuesta, los movimientos laterales. También corre ya mejor la pista, ahora le ves taponar, correr, meter y volver a bajar. Hace un año y medio no era capaz de hacer eso, ni por velocidad ni por los esfuerzos que hay que enlazar. En cuanto empiece a conocer su cuerpo todavía mejor, no será un hándicap en la NBA. Allí hay muchos jugadores lentos, o que no pueden defender a los pequeños, que son capaces de solventarlo”.
Así que el recado para los agoreros está claro: “Con todos esos tópicos, que si no puede jugar en la NBA y que si es un jugador muy lento para el baloncesto actual, es campeón de la NCAA, el primer español que lo consigue”. Aunque Carlos Martínez ha disfrutado demasiado del juego y el éxito de Mara, sobre todo estas últimas semanas, como para que eso le amargue un momento tan feliz: “Se dicen muchas cosas y todo el mundo tiene su opinión, es normal con la repercusión que está teniendo. Pero no se puede juzgar solo por momentos puntuales, y menos a un jugador como él, cuya trayectoria hasta ahora no ha sido fácil. Es un lujo ver cómo va consiguiendo sus metas y sus sueños, hemos vivido con él momentos malos así que ha sido muy emocionante verle este año; que era otra vez el Aday que conocíamos, que jugaba y curraba feliz. Esto es un gran reconocimiento al trabajo que ha hecho y las decisiones que ha tomado en momentos complicados”. Así que el mensaje (Mateo, Zamora, Martínez) es claro: conviene disfrutar con el jugador que es y soñar con el que puede llegar a ser sin dar muchas vueltas a sus posibles limitaciones. Y, desde luego, mejor no apostar contra él y su capacidad para acabar consiguiendo todo lo que se proponga.
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