PLAYOFFS NBA | KNICKS 89 - HAWKS 103 (1-4)

Trae Young conquista el Madison

Con 36 puntos y 9 asistencias, el base liquida la serie ante los Knicks y conduce a los Hawks hasta las semifinales de Conferencia, donde esperan los Sixers.

Como si estuviera en el teatro más importante del mundo. O en Broadway, que le quedaba bien cerca. Trae Young conquistó el Madison, convertido en su escenario particular, y culminó su serie (o llámese película) con una reverencia ante el público que le había sufrido. Ante los miles de espectadores que habían visto todos y cada uno de sus 26 puntos, o sus 9 asistencias. O el triple que precedió el teatral gesto, desde ese rango tan suyo, tan cercano al logo, y que ponía un 86 a 101 que, ya en el último minuto, era culmen de la obra (89-103). Los de la Gran Manzana resistieron hasta el descanso, tiempo en el que pudieron llegar a liderar el marcador hasta en cuatro ocasiones; pero, después, no fueron capaces hacer nada contra unos Hawks que ya hace mucho que han empezado a volar a la altura esperada, a esa que, hasta la llegada de McMillan, parecía que se escapaba.

Había tantas cuentas pendientes que perder la cuenta era lo normal. Desde el primer partido, Young ya se se había convertido en una especie de enemigo público número uno de la metrópoli. El Madison - qué gusto nombrarlo a estas alturas de la temporada – fue cruel con él y él se rebeló, le mandó a callar y sentención con una bombita descarada. Desparpajo juvenil y la confianza del que sabe que es muy bueno. Más recientemente, aunque no haya pasado tanto de aquello (el tiempo vuela en playoffs), cuatro puntos de sutura para John Collins, un encontronazo entre Gallinari y Bullock o el intercambio de declaraciones entre Capela y Derrick Rose. "Vamos a ir a tu casa para ganar el partido y vamos a enviarte de vacaciones", decía el primero en la previa. "Soy demasiado viejo para estas porquerías", respondía el segundo. En la serie se ha visto un tiro ganador, un Rose de nivel exquisito, un intercambio bellísimo desde las pizarras... Se ha hecho de todo, menos amigos.

Y hoy, con el todo o nada en juego, no podía ser una excepción. Antes del descanso, tangana en el centro de la pista entre Nerlens Noel y Solomon Hill con la seguridad del Madrison como mediadora. Para entonces, nada hacía pensar que la tensión se pudiera rebajar, lo deportivo ataba, irremediable y afortunadamente, a la presión intrínseca de un partido definitivo de una serie de playoffs ajustadísima, pero que no lo fue tanto al final. 47 a 52 en el marcador, intercambio de propuestas trepidante, una constante a lo largo de la eliminatoria. Si Atlanta golpeaba desde el interior con una conexión Young - Capela que empieza a ser patrimonio de la competición (26 puntos en la pintura por 18), New York lo hacía con un mayor acierto desde el perímetro (con 17 intentos por ambas partes, 7 aciertos de los neoyorquinos y 3 de los visitantes). Y en forma de duelos. En los visitantes, el mencionado dúo acumulaba 27 de los puntos totales; en los Knicks, 30 eran para Randle (23+13 al final) y Bullock (12). Partido de equilibrismos, de tira y afloja, de batirse en duelo y de mancharse de barro. Y, finalmente, culminado de traje en el escenario. La magia de Young, que, fielmente acompañado de los constantes dobles-dobles de Clint Capela (14+15), encuentra quien también la sufra.

Serie mayúscula. Colisión entre el nuevo baloncesto y la vieja escuela. Cruce de épocas, de miradas, de golpes y de provocaciones. Es lo que tiene, se supone, volver a contar con New York Knicks de vuelta en los playoffs. Su glamour, sus focos, su opulencia, su historia. Paradójicamente, su semblante impoluto empapado de sudor, al más puro estilo Thibodeau. Sorprendentemente, la fórmula que los ha llevado a la fase final ocho años después. Sin los Carmelo Anthony, J.R. Smith y compañía, pero con unos Randle o R.J. Barrett (17+7) que han hecho que la NBA brille un poco más. Es lo que tiene el resplandor de la Gran Manzana, es lo que tiene la mejor liga del mundo y su sistema. Hasta aquí su aventura y desde aquí la de los Hawks, que vuelven a ganar una serie de playoffs desde 2016.