NBA

¿Primera ronda a cinco partidos? Un retroceso mirando al futuro

La crisis del coronavirus va a obligar a la NBA a replantearse formato y calendario para acabar la temporada. Una opción es el regreso a una primera ronda más corta.

Dikembe Mutombo, durante el quinto partido de la primera ronda de la conferencia Oeste de los playoffs de 1994, en los que los Denver Nuggets de la NBA consumaron una remontada histórica y vencieron a los Seattle Supersonics tras remontar un 2-0 adverso
Andrew D. Bernstein DIARIO AS

Ahora mismo todo es especulación. En realidad, poco más podemos hacer. A muchos aficionados les falta tiempo para ver partidos y ahora no hay partidos cuando lo que les sobra es tiempo. La crisis del coronavirus provoca paradojas y un estado de excepción de cuya duración y eficacia dependerá qué y cómo habrá por delante. Para todo: también para la NBA.

Es imposible, por lo tanto, saber cuándo y cómo volverá la temporada 2019-20... si es que vuelve. Lo ideal sería que así fuera. Por la liga y sus aficionados y, sobre todo, porque significaría que todo vuelve a ir lo suficientemente bien. Pero lo que parece claro es que si la NBA regresa lo hará con fórmulas creativas para ajustar su calendario y su formato. Y eso incluye esa sugerencia cada vez en voz más alta de que puede haber una evolución hacia una NBA que comienza en Navidad y acaba en agosto. El asunto es claro: las televisiones ya no ven el verano con tan malos ojos como antes y la liga prefiere apartar de su camino todo rastro de football: NFL, NCAA...

Otro asunto que puede que veamos, con el objetivo de ganar tiempo y flexibilidad, es un regreso de la primera ronda a cinco partidos. Y puede que a la fuerza la NBA recupere algo que era francamente mejor que las series a siete partidos también en la primera eliminatoria, donde las diferencias entre los equipos son muchas veces muy grandes y el factor sorpresa se reduce lo suficiente para restar drama a las dos primeras semanas de playoffs. A cambio, más partidos implican más entradas vendidas y más dinero de las televisiones y la liga, al fin y al cabo, prefiere que avancen los mejores equipos y que estos, muchas veces de grandes mercados y casi siempre con grandes estrellas, se vean las caras en las rondas finales. En ese nivel, la primera ronda a siete funciona. Pero, en cambio, las eliminatorias a cinco partidos tienen más emoción, menos carga física para los jugadores y menos necesidad de fechas de calendario.

Hasta 1983 la primera serie fue al mejor de tres partidos. Al año siguiente se pasó a cinco hasta 2003, cuando se unificaron todas las eliminatorias al mejor de siete. Según un estudio de Harvard de la década anterior y la posterior al cambio, el equipo con peor ranking caía eliminado un 77% de las veces a cinco por un 81% a siete. Una diferencia no tan real como psicológica: aunque acaba pasando el mejor clasificado, un 1-1 o un 1-2 adquieren una dimensión mucho más intensa si el final está más cerca. A siete, a los aficionados les cuesta mucho más creer en una posible sorpresa.

Con la primera ronda a siete solo tres veces, por ejemplo, un octavo ha eliminado a un primero (desde 2003). La primera y más recordada, la de los Warriors del We Believe, que pudieron con los Mavericks (2-4) en 2007. En Oakland, los locos bajitos de Don Nelson atacaron como un enjambre de avispas a un acorazado que había jugado las Finales un año antes y que había ganado, con Dirk Nowitzki a los mandos, 67 partidos... que pudieron ser más porque los Mavs acabaron la temporada 6-4 mientras daban descanso a sus jugadores principales. Los Warriors, con 42 victorias (25 menos) se sublevaron en una serie de leyenda. Más de la que tuvo en 2011 el triunfo de los Grizzlies (2-4) ante unos Spurs que ya habían flojeado en el final de temporada y, un año después, el triunfo de los Sixers contra unos Bulls que perdieron en el primer partido a Derrick Rose (su trágica primera lesión de rodilla) y en el tercero a Joakim Noah.

A cinco partidos, la NBA escribió páginas históricas como el triunfo de unos divertidos e imperfectos Nets ante los tremendos Sixers de Moses Malone y Julius Erving (2-3: cinco victorias a domicilio en la serie) o el de los Rockets (esta vez Malone en el lado ganador) contra los Lakers en 1981, el año en el que colapsó en L.A. la relación entre Magic Johnson y Norm Nixon, su primer compañero de backcourt. Y dos triunfos del octavo ante el primero para el recuerdo. En 1999, año de lockout radical (con la inestabilidad que eso dio a la clasificación), los Knicks pudieron con los Heat en un duelo que por entonces era de una rivalidad feroz y con un quinto partido legendario de un Patrick Ewing que jugó lesionado. Los Knicks, después, eliminaron a los Hawks y los Pacers y jugaron las Finales, donde perdieron contra los Spurs, que ganaron su primer anillo.

Y, claro, la histórica serie Sonics-Nuggets de 1994, la primera vez que un octavo eliminaba a un primero y una eliminatoria en la que los de las Rocosas remontaron un 2-0 y ganaron el quinto fuera de su pista, en Seattle y con un Mutombo colosal (más de 6 tapones de media por partido) sujetando el balón con gesto incrédulo cuando se consumó la gesta. Una imagen que es historia de los playoffs y en la que los Nuggets superaron a un rival que había ganado 21 partidos más (63 por 42) con un triunfo final en una pista en la que los Sonics solo habían perdido cuatro partidos en toda la Regular Season.

Eso, esa emoción máxima desde la parrilla de salida, podría regresar con las eliminatorias de primera ronda a cinco partidos. ¿Lo veremos antes de verano? Ojalá, sería una excelente señal en todos los sentidos...