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LIGA ENDESA | MADRID 81 - BARÇA 80 (2-0)

Milagro de Carroll

El Madrid pone el 2-0 tras un desenlace de película. Llegó a perder por 12 y aún lo hacía por 9 a menos de dos minutos. Carroll, autor de 25 puntos, fintó y ejecutó el triple ganador. Antológico.

Son ya ocho temporadas de Lasismo en vena, en este tiempo se ha vivido de todo en el Palacio, decenas de éxitos y miles de emociones, pero me atrevo a decir que nada como lo de anoche. Nada. Sin parangón, directo al libro ilustrado de la antología de la canasta madridista. Una proeza por cómo discurrió todo, una hazaña por el desenlace, por una remontada épica de verdad, protagonizada por Jaycee Carroll. Es a sus 36 años uno de los tres magníficos que ha recorrido el camino completo junto a su técnico (Llull y Reyes son los otros dos).

El escolta rubricó la gesta con un triple que exudaba sangre fría, que llevaba su sello a un segundo y 9 décimas de la bocina. Recibió de Llull desde la esquina contraria, a quien Rudy había pasado tras atrapar un rechace decisivo bajo la canasta azulgrana después de que el propio Llull errara su segundo tiro libre. Iban 78-80 y el tiempo se le terminaba… Cuando ya armaba el tiro vio como Claver se le echaba encima y fintó, pasito a la izquierda para que su perro de presa pasara de largo burlado. Volvió a realizar el movimiento. Arriba, colocado a 45 grados respecto a la línea de fondo, mecánica perfecta y triplazo limpio. Era su quinta diana de siete intentos, 25 puntos para la leyenda y 2-0 en el marcador de la final, un resultado que no se ha remontado nunca y acerca al Madrid al título.

El WiZink Center explotaba de la emoción, y luego una segunda vez, la definitiva, al ver que Hanga no embocaba el intento a la desesperada. La grada entró en ebullición y nadie se movió de sus asientos durante diez minutos. El Madrid había llegado a perder por 12 (41-53) en el minuto 26 y aún lo hacía por 9 (65-74) a menos de dos y por 5 (72-77) a falta de 27 segundos, con tiempo muerto del Barça, al que el Instant Replay daba una posesión clave.

Pangos se comió el balón, cinco segundos sin sacar. Llull acertaba casi sin tregua desde la personal, Heurtel respondía (30 puntos en 20:25 en pista), Randolph clavaba otro triple (dos en el último minuto) y Claver fallaba un tiro libre, todo de manera consecutiva. Con 77-80 y solo 9 segundos, Llull volvía a la línea. Anotó el primero y marró el segundo, pero Rudy apareció providencial, rebote de pillo con el que se gestó un triple que ejecutó Jaycee.

Más de medio título si al final cae del lado blanco, una de aquellas noches que recordaremos dentro de veinte años. Seguro. Un desenlace de película a una batalla durísima que el Barça supo llevar a su terreno, como hacía el Limoges de Maljkovic. Lo tuvo ganado, pero lo perdió. Se lo arrebató un Carroll imperial. Historia para siempre de nuestra Liga.

Una batalla durísima

“Tenemos que salir más duro”, exigía Hanga a sus compañeros en la previa. Le siguieron en bloque y el duelo se convirtió en un cuerpo a cuerpo constante por ambos bandos, que el criterio arbitral facilitaba, al no señalar apenas faltas (al descanso, 9 a 8). Espeso y carente de acierto, a 30 segundos del final del primer cuarto, el Madrid sumaba 7 agónicos puntos (7-17). Si entendiéramos el ritmo de juego que le va a los blancos como un mar en movimiento, el partido era una balsa de aceite.

Los dos técnicos calcaban los quintetos del sábado y también los primeros cambios. La diferencia con entonces es que el Real estaba varado y la entrada de Heurtel fue más explosiva esta vez. Laso había vuelto a reservar a Taylor para sujetar al francés, y lo hizo en muchas acciones, pero en otras le desbordó (en ataque, además, marró dos canastas cuando tenia ventaja) y el base se fue hasta los 10 tantos en solo 8:33 en pista: 17-25.

El Madrid había vivido de Tavares, de su intimidación y de dos rebotitos ofensivos, pero hacía tiempo que andaba en pista Ayón. Con él perdió rebote, demasiado incluso (nueve menos en el segundo acto), y ganó juego. El mexicano tiró del equipo, primero al poste bajo en acciones directas frente a Oriola y luego asistiendo desde la cabecera de la zona al exterior que cortaba.

La primera aparición de Carroll

La entrada de Carroll revitalizó a los suyos: dos triples, ocho puntos y 10-0 de parcial para el 29-27. El Madrid fluía, apenas un rato, de hecho sería su única ventaja del partido… hasta el bombazo final. Porque con Claver el Barça recuperó el mando y pronto Heurtel lo dinamitaría todo en el tercer periodo. Sublime el base, leía el bloqueo y arrancaba por un lado, por el otro, hasta llegar debajo de la canasta, donde tiene un toque mágico para soltar el balón. Imparable, y más con la tercera falta de Taylor. Otros 12 tantos del francés en apenas 6 minutos (llevaba 22 en 14:45 y, ya saben, 30 al final).

Campazzo cometía la cuarta. Había regalado una al principio en un pique con Pangos que le perjudicó mucho. Desquiciar al bueno es una estrategia de primero de escuela yugoslava. Salía el Facu y entraba Carroll, el Real rejuvenecía un lustro. Boom Boom daba vida al Palacio, banderas al viento y 62-62 tras 14 puntos en 6 minutos del cañonero. Luego todo volvió a torcerse para los locales hasta el milagro final, solo posible por la fe de un equipo que nunca deja de creer. Esta vez Heurtel ni se imaginaba que alguien le superara con la carga explosiva, lo hizo un Carroll para la eternidad. De película todo.