Yo digo Enrique Ojeda

El salto del cojo Perry salvó vidas

Enrique Ojeda
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Era infinito y como un junco. Parecía que se iba a romper, cojeando y con las rodillas vendadas de un blanco impoluto. Formaba con Earl Williams en el Maccabi una de las mejores parejas de pívots de los ochenta. Por supuesto, han entrado a la historia de este deporte en Europa por la puerta grande, aunque por separado se hayan visto asaltados por las miserias de la vida, y Aulcie Perry se pasase 10 años a la sombra, media condena, por tráfico de drogas.

Para los que asistimos en el añorado Pabellón de la Ciudad Deportiva al choque entre el Real Madrid y el cuadro macabeo, a Perry le hemos perdonado todo. Siempre será el héroe que evitó una verdadera catástrofe. Nadie se explica cómo pudo reaccionar como un leopardo para controlar en la grada a un desatado Williams, un gorila enfurecido y ciego metido entre el público para vengarse de un torpe que había lanzado un duro. Al malo sólo le dio tiempo a amagar un golpe que despejó media grada; el otro brazo no lo pudo sacar porque Aulcie, con todas sus fuerzas, intentaba reducirle y dar tiempo a la estampida. Gracias, Aulcie.

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